Opinión
El Barça emocional golea al Barça racional

El gol in extremis de Araujo desató la euforia absoluta entre el barcelonismo / Dani Barbeito / SPO
Nada explica mejor el momento deportivo y social en que se encuentra el Barça que el enloquecido gol de Araujo sobre la bocina, marcado desde las tripas más que desde ningún orden táctico. Cuando parecía que el Barça iba a morir en la orilla por tercer partido consecutivo, el equipo se salvó por la decisión irracional pero genial de poner de delantero al central suplente del equipo.
Devastado por las lesiones, atenazado por un estado físico lamentable de los futbolistas y víctima de su propia línea defensiva que ya han descodificado todos los rivales, Flick tuvo sin embargo un brillante ataque de entrenador cuando el partido agonizaba y decidió tirar del carácter indomable de Araujo. Puede que el central uruguayo no sea precisamente el más fino estilista, pero se demostró que cuando se llega al filo del abismo, no hay nada como tener la personalidad de un ganador.
De manera muy parecida encaró y resolvió Laporta, sin despeinarse, la asamblea de compromisarios. Tenía que defender unas dudosas cuentas con 17 millones de pérdidas, explicar el agujero de Barça Vision y dar cuentas de los múltiples retrasos de Limak con el retorno al Camp Nou. El presidente, como Araujo, se saltó las respuestas canónicas y se fue directo a la portería de sus rivales, reivindicando la gestión de la junta "contra todo y contra todos" y proclamándose el "único" que puede evitar que el club se convierta un día en una SA. Si el Barça fuera una empresa normal, ayer los consejeros llamados aquí socios le hubieran tumbado las cuentas sin piedad. Pero el Barça, como sabe muy bien Laporta, no es un caso de un máster de ESADE sino un complejo artefacto sentimental en el que lo que importa no son los presupuestos, aunque no se cumplan, sino las expectativas.
Pues sí, el Barça, ahora más que nunca, es un club eminentemente emocional, donde el presidente es el máximo exponente del 'pit i collons' y hasta el entrenador presuntamente germánico se ha hecho mediterráneo de golpe propinando no una ni dos, sino tres 'butifarras' a este ente vago que Laporta bautizó tan bien como "madridismo sociológico".
Estamos en un momento crítico, en el que es perentorio consolidar el buen trabajo que Flick hizo en su primer año, en el que se termina por fin el agónico exilio fuera del Camp Nou y en el que, para rematarlo, se celebran elecciones. De ahí que, como hemos visto este fin de semana en el césped o en el palco, no es de extrañar que el club emocional gane por goleada al club racional. Pero es que resulta que el fútbol, y también el Barça, no son nada más que eso.
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