Dembélé, ni trampa ni cartón

Dembélé, ni trampa ni cartón

Rubén Uría

Colaborador de SPORT

Dembélé
Dembélé se lamenta en una acción ante el Celta | Valentí Enrich

La historia interminable llega a su fin. Restablecidas las relaciones - Marrakech sirvió para ‘resetear’ el pasado y buscar soluciones de futuro-, Ousmane Dembélé, que estuvo cerca de irse, ahora está más cerca de quedarse. Está jugando con asiduidad, no se lesiona, tiene el visto bueno del vestuario y cuenta con el apoyo incondicional del entrenador. La pregunta del millón es ¿por qué Xavi Hernández reclama su renovación con insistencia?

Sencillo. Hay quien dice que renovarle es perder tiempo y dinero, que Ousmane no es un jugador determinante, que no se echa a la espalda al equipo y que, pagando lo que se pagó por él, hay que exigirle algo más que un gol ante el Linares. Problema: dato mata relato. Dembélé, jugando tres ratos, es el mejor asistente del campeonato, con 13 pases de gol, con un índice de 0.6 por encuentro. Mejor que Benzema, Alba o Muniain. Hay más. En las cinco grandes ligas de Europa, nadie tiene mejor porcentaje de asistencias por partido que Ousmane. Ni Pogba, ni Salah, ni Reus. Ni siquiera Messi, ni tampoco Mbappé. Xavi sabe lo que tiene y no quiere perderlo. ¿Quién quiere desprenderse de ese talento en un equipo al que no le sobra? ¿Cómo no intentar renovar a la baja a un jugador así cuando no tienes dinero para fichar a otros? ¿Qué jugador importante vendría al Barça por menos dinero de lo que cuesta renovar a Dembélé? El amor es ciego, pero los vecinos no. Sin dinero en el banco, Xavi sabe que no puede permitirse descapitalizar el talento que tiene en la plantilla. Puede ser que Ousmane no sea el mejor jugador del equipo, pero sí es diferente a todos. Es imprevisible. Es capaz de dinamitar cualquier defensa con un giro de cadera y también de tomar malas decisiones cuando está en pleno vuelo, pero lo que nadie discute es que tiene la mejor cualidad de los grandes: la verdad de los últimos metros.

Con Ousmane no hay ni trampa, ni cartón. Cuando el mercado estaba abierto, la hoja de ruta era clara: renovar, irse a otro club o quedarse en la grada. Mano dura. Bien jugado. Cuando el mercado cerró y el contexto cambió, el cuento también: había que sacarle partido para cumplir objetivos. Mano izquierda. Bien jugado. Hoy, después del encuentro en Marrakech, renovar a Dembélé parece un acto de responsabilidad. Xavi le quiere, el vestuario también, el chico quiere quedarse, su rendimiento ha crecido, el club no puede pagar sustitutos de su nivel y se negocia para que el cuento tenga final feliz. Si renueva y triunfa, todos felices. Si renueva y luego le traspasan, dinero que se saca. Que haya debate sobre Dembélé es normal. Que haya posturas encontradas, también. Lo surrealista sería permitir que se vaya gratis. Todos saldrían perdiendo.

COUTINHO, ADIÓS HIPOTECA

Bartomeu fichó a Coutinho por 120 millones más 40 en variables y le firmó un salario de 14 “kilos” netos. En el campo, ruina. En las cuentas, hipoteca. El ‘marrón’, para Mateu. Solución, amputar: se depreció su valor, se le cedió para ahorrar salario y se le traspasó por 20, más un 50% de una futura venta. Todo beneficio contable. Adiós hipoteca.

HAALAND Y VIVIR EN NARNIA

Haaland jugará en el City de Pep. Nunca estuvo cerca del Barça. Era casi imposible. Ni el optimismo de Laporta ni el deseo de los medios hizo posible lo que siempre fue imposible. Ni iba a venir, ni podían pagarlo. Pensarlo era vivir en Narnia. Va al City por 60 millones más 30 en comisiones. ¿Caro? Más barato que Coutinho, Dembélé y Griezmann.

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