El Barça, entre la SAD y la condescendencia

El Barça, entre la SAD y la condescendencia

Ivan San Antonio
Joan Laporta, junto a Pep Guardiola
Joan Laporta, junto a Pep Guardiola | JAVI FERRÁNDIZ

Espero que todo les vaya bien, pero con la situación que tienen no pueden hacer grandes cosas. Hay momentos en la historia, todo el mundo debe aceptarlo, en que la situación es la que es y a veces ir con perfil bajo ayudará a subir muy rápido. Las expectativas, por la situación que es, no por falta de calidad de los técnicos, los jugadores o la junta directiva… La percepción que tengo es buena, pero hay que ir con tranquilidad. Todos saben que si la situación no es buena no puedes hacer grandes fichajes. Hay que pensar en ganar el siguiente partido, no en grandes citas”.

Quien pronunció esta larga argumentación no fue Koeman, fue Guardiola. Lo hizo a principios de junio, cuando las palancas eran solo un sustantivo con el que hacer memes. Ahora los memes van en otra dirección y todos apestan a mal perdedor. El Barça estaba (y lo sigue estando) arruinado, pero es tan grande, tan inmensamente grande, que todos han quedado retratados. En Alemania, en Madrid, en Italia y en Inglaterra, donde incluso un culé como Pep Guardiola cayó en la condescendencia que permite a los ricos mirar por encima del hombro a quienes no lo están pasando bien. Guardiola cometió el error de menospreciar a quien conoce a la perfección, Joan Laporta. Y ahora es el primero que le abre la puerta a Bernardo Silva para que siga el camino de Lewandowski y Koundé

Es muy probable que el Barça acabe convertido en SAD y solo evitará que el club se aleje de su propiedad el hacer las cosas muy bien durante los próximos años. Cualquier resbalón, cualquier contratiempo, cualquier obstáculo insalvable significará dejar de ser el Barça. El salto al vacío sin saber si hay agua es consecuencia del pasado y apuesta del presente, así que todos deberán repartirse las culpas si algún día sucede, que es lo más probable cuando has vendido medio club y debes tanto dinero. Los milagros, en este mundo capitalista, no existen. Lo que está pasando en el Barça es salir a tomar una copa y perderse hasta las siete de la mañana sin saber dónde estás, llegando a casa subido a un taxi que alguien ha pedido e intentar acertar con la llave en la cerradura. Sí, es la ilusión que da tener una tarjeta de crédito con 3.000 euros de límite y petártela en una noche. “Ya se pagará”, como si esta conjugación verbal no supusiera responsabilidad alguna en uno mismo. El Barça ha recuperado la ilusión a golpe de talonario, algo que solo es posible en un gigante como el Barça: muerto hace unos meses y hoy gran animador del mercado de fichajes. Ni siquiera Pep Guardiola lo vio venir.