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Paolo Giordano: "En el fútbol italiano siempre hubo racismo, pero ahora es mucho más grave"

El autor de la multipremiada 'La soledad de los números primos' regresa con su cuarta novela, 'Conquistar el cielo' (Salamandra)

"Mi mayor contacto con el fútbol fue trabajar durante unos años en uno de los bares del antiguo estadio de la Juventus", confiesa

Giordano acaba de publicar Conquistar el cielo
Giordano acaba de publicar Conquistar el cielo | Rodrigo Ruiz Ciancia (Salamandra)

Hace diez años, un joven italiano, licenciado ‘cum laude’ en Física,  revolucionó el mundo editorial con una tierna historia titulada ‘La soledad de los números primos’.

A sus 26 años, Paolo Giordano se convirtió en el ganador más joven del Premio Strega -el máximo galardón de las letras italianas- y ahora regresa con su cuarta novela, ‘Conquistar el cielo’, editada por Salamandra: la historia de cuatro jóvenes soñadores empeñados en defender su modo de vida –apasionado y rural, apegado a la tierra y pulcramente respetuoso con el medio ambiente- frente a todo y frente a todos.  


-¿Los jóvenes funcionan mejor que los adultos como personajes literarios?
Prefiero mirar hacia los jóvenes porque me gusta buscar esa energía que tiene la juventud. Uno de los puntos de partida de la novela fue intentar descubrir hata dónde llega la pureza de los jóvenes: los protagonistas están en esa edad en la que la pureza empieza a diluirse. 


-Es una historia sobre idealismo pero una de las conclusiones es que a veces conviene ser más práctico y menos idealista.
Es el otro lado de la pureza: si llevas al extremo la idea de la pureza te puedes ir a a cosas horribles. La historia está llena de casos: lo peor que le ha sucedido a la humanidad venía de una idea equivocada de la pureza. Vivimos en un tiempo de extremos y de radicalidad. Cada uno tiene sus propias y pequeñas radicalidades: lo que come, lo que lee, lo que ve, el trabajo que hace. Me interesaba ver cómo una idea, en este caso el ecologismo, puede llegar a extremos peligrosos. 


-El ecologismo y el respeto por la naturaleza están muy presentes.
Si soy radical en algo, es en esto, en el cuidado del medio ambiente y el ecologismo, aunque luego soy contradictorio porque cojo aviones y mi vida tiene demasiado impacto ambiental. También me interesa esa contradicción: es difícil tener ideales y ser consecuente con ellos.


-La novela transcurre en el sur de Italia. ¿Hubiera sido imposible escenificarla en el norte?
Elegí la Puglia porque me enamoré de esa zona por su naturaleza. Menciono a Italo Calvino con ‘El barón rampante’ porque cuando escribió ese libro, se obligó a aprender todos los nombres de los árboles. Yo hice lo mismo: no sabía nada de árboles ni de las frutas de cada temporada, pero estudié. También tengo un amigo agricultor al que le iba enviando preguntas muy tontas. En la Puglia es donde he intentado hacer un poco de vida rural, pero también en el norte de Italia hay luchas muy intensas por el medio ambiente y el respeto a la naturaleza. 


-En ‘La soledad de los números primos’ dio voz a Alicia y ahora, a Teresa. 
Es bueno explorar nuestra parte femenina. En la literatura contemporánea existe la tendencia a creer que no se puede escribir de algo que no hayas vivido. Lo respeto, pero para mí la escritura es casi lo contrario: una manera de salir de mí mismo y buscar otras naturalezas. Vivir en la cabeza y en la voz de una mujer es una buena manera de sacar cosas de uno mismo que normalmente no sacaría.


-‘La soledad de los números primos’ fue un éxito mundial. Fue el ganador más joven del Premio Strega. ¿Paolo Giordano sigue siendo el mismo?
Espero que no… y espero que sí. Es como cuando pasas mucho tiempo sin ver a alguien y cuando lo ves, le dices, ‘estás igual’. En teoría es un cumplido, pero yo lo dudo. En mi caso, lo bueno es que no me volví loco.


-Dejó su trabajo como físico.
Ya no ejerzo, pero leo mucho sobre ciencia, cada vez más. Creo que es el territorio desde donde llegan las cosas más interesantes para un escritor.


-Parece contradictorio que un físico, aparentemente gente muy racional, haya escrito novelas tan emocionales.
No sé si los físicos son tan racionales como dicen. A mí me gusta la gente, el misterio que encierra cada persona y las relaciones humanas. Por eso me pasé de la física a la escritura. 


-¿En qué escritores se fijó para escribir ‘Conquistar el cielo’?
Cada día tengo más referentes. En este libro fue muy importante Faulkner, lo leí casi todo. Y Pavese, que también era de Turín. Y muchos otros, como Julio Verne y viaje al centro de la tierra.


-Hizo un curso de escritura en la Holden, la escuela de Alessandro Baricco.
Es algo que siempre me preguntan en España y no sé muy bien por qué. Sí, hice un curso básico y en horario nocturno, pero nunca vi a Baricco. 


-Nacido en Turín, la pregunta es obligada: ¿Juventus o Torino?
No soy muy futbolero, pero soy más del ‘Toro’ que de la ‘Juve’. Trabajé durante tres o cuatro años en el antiguo campo de la Juventus, Delle Alpi, en el bar de la curva. Es un lugar interesante, pero es lo más cerca del fútbol que he estado en mi vida. El fútbol es una forma de fe: si no empieza en la familia o cuando eres un niño, después es complicado. Italia es un país muy pasional con el fútbol, así que me temo que en ese sentido soy un bicho raro.


-El fútbol italiano está intentando resucitar, pero parece que existe un problema de racismo en los estadios.
El racismo en Italia es preocupantemente impresionante en los últimos años. Hemos vivido años de un gobierno que ha alimentado el racismo, quizá no directamente, pero sí generando ese clima. Si alimentas ese clima día tras día, algo va a pasar en la vida real. En el fútbol italiano siempre hubo racismo, pero ahora es más grave porque está más extendido. En mi país, todo el debate en torno a los emigrantes se ha gestionado de una manera lamentable. En este asunto, han sido los peores años que recuerdo en Italia.


-¿La culpa es solo de los políticos? ¿O la ciudadanía también debería asumir sus responsabilidades?
Los políticos siempre son un síntoma de lo que ocurre. Normalmente, para mal. Los políticos italianos se han aprovechado de estas tensiones sociales con una absoluta irresponsabilidad 

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