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¡Récord del mundo de verdad!

1) Sí, sí, sí, récord del mundo, ¡y este SÍ es un récord de verdad! 29:17.45

2) Con la victoria de la etíope Almaz Ayana Eba en la prueba del 10 mil, con récord del mundo, habemus la posibilidad del doblete de oro también en el 5 mil. Esta pequeña y dulce chiquilla de 24 años,  se reivindicó en el tartán carioca y sus piernas lo dijeron claro: “¡Eh, chicos! ¡A ver que pasa aquí! No todo va a ser doblete de Farah y Bolt.”

3) Para poder ganar ese doblete, Ayana, tuvo que sortear algo más que un primer escollo. Tuvo que superar nada menos que el mismísimo Himalaya del fondo mundial, personificado en la doble campeona olímpica en Pekín y Londres, la también etíope Tirunesh Dibaba. Ahí es nada. Pero este Himalaya se demostró hace dos meses que no era tan imposible franquearlo, y en los duros Trials etíopes de Hengelo, la intratable Ayana, se debió emocionar mucho al ganarla y descubrir que Tirunesh era un Himalaya de carne y hueso. Mortal y batible.

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EFE

Entonces Ayana, pasó por encima de la leyenda, y le sacó la friolera de 21 segundos. Por tanto, tras los pasos de Hengelo era previsible hoy una segunda derrota de la hermana mayor de las Dibaba a manos de Ayana que venía de hacer la mejor marca mundial del año, 30:07. En cambio, Tirunesh lleva muy poco tiempo entrenando a buen nivel, tras su reciente maternidad y ciertas derivas en los afectos de su vida personal, con lo que tiene verdadero mérito el bronce de hoy.

4) Ayana (nacida en 1991) contra Tirunesh Dibba (nacida en 1985) se batían en un duelo que se disputaba según principios básicos de edad y leyenda: La veterana, 7 años mayor, se resistía, sustentada por su talento y la más privilegiada genética familiar de la historia del fondo mundial. Tirunesh, a ritmo, sin fisuras y segura como una caja de cuadales Suiza, salió en un primer grupo de 8 corredoras, y se puso a rebufo del trío de cabeza, formado por la propia Ayana, la turca nacionalizada, la niña Keniana, Nawowona (campeona de campo a través de su país), a la que mandaron a la hoguera en una estrategia que si bien le sirvió a Ayana para batir el récord del mundo, a ella, en cambio, solo le sirvió para agarrar un sofocón con la medalla de chocolate.

Ayana, segunda, deslizaba su cuerpo de pluma y mostraba al mundo que sus piernas eran pan bendito circulando por el tartán carioca. La pequeña de las etíope tenía claro que la hermana mayor de las Dibaba no iba a dejarse ese oro en Río tan fácil como el que se olvida unas bragas en el tendero de la villa Olímpica, y no quiso dejar la faena para el final.

Se corría a menos de 3 minutos el kilómetro y todo olía a gloria celestial. A épica.

Se corría el Kilometro 4 a menos de 3 minutos y Ayana, una mujer que enamora corriendo, comenzó a alargar sus elegantísimas piernas como un chiclet que se estira hasta el infinito, y parecía una chiquilla feliz que celebraba una fiesta de cumpleaños y el resto eran las amigas del cole. A los 10 minutos de carrera empezó a doblar atletas y la etíope tuvo que verse obligada a salir afuera de su carril, y hacer zig zag como si estuviera haciendo una carrera con conos, lo que tiene mucho más merito ese récord del mundo.

Todo olía a gloria celestial. A épica. Y Ayana, tan tranquila, cuando corría no respiraba, hacía BUF, porque estaba ensayando como iba a soplar las velas de la tarta de cumple que le esperaba en la línea de meta con su nombre y con la marca del récord del mundo escrito debajo. Era su fiesta de cumple y los flashes de la grada el confetti. La torre Keniana, Vivian Jepkemoi Cheruiyot, la actual campeona del mundo, trató de ponerse detrás de la Etíope, pero seguir a Ayana hoy era ciencia ficción. En el kilometro 8, cuando ya se cantaba el récord del mundo, Ayana aceleró su paso y le dijo a Cheriuyot que no se equivocara que la de hoy era su fiesta y que, en todo caso, si se portaba bien le dejaría jugar con sus regalos. Y ese regalo fue su referencia para alzarse con la plata y la tercera mejor marca mundial de todos los tiempos. Al final, Tirunesh, tiró de casta, hizo marca personal y se llevó un bronce de ley.

5) El mejor diez mil de la historia, una espectáculo precioso y con récord del mundo y sin sangre de tortuga, que, por cierto, debe haberse extinguido en China porque hoy no compareció ningún representante de ese país de las 34 atletas. Pero que bien que todo eso ya sea historia, y hoy, por fin se hizo justicia.

6) Ayana es tan diminuta que, cuando se echó encima la inmensa bandera verde y roja de su país, parecía que estaba dentro de una tienda de campaña celebrando su récord del mundo. El público la jaleaba y ella asomaba su sonrisa como si lo hiciera en la puerta de cremallera. Esta genial atleta nacida en el sur de Etiopía, en la bellísima y devastada zona agrícola de Benishangul-Gumuz, llena de tantas malas noticias, hoy era la buena Noticia.

Ilustración: Mark Pons

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