¿Queréis a Mbappé? ¡Aquí tenéis a Mbappé!

¿Queréis a Mbappé? ¡Aquí tenéis a Mbappé!

Mbappé fue una pesadilla para el Real Madrid: todas las acciones de peligro del francés | TELEFÓNICA

Kylian, al que los voceros blancos situaron en el Bernabéu este año, celebró el gol sin pensar en mañana

El Real Madrid, líder en España, mostró en París el verdadero nivel de LaLiga, hoy un torneo menor

Muy lejos quedan las carreras de Ronaldo, el olfato de Raúl o los controles inverosímiles de Zidane, jugadores que jugaron en color y que se les recuerda (ya) en blanco y negro. Europa ya no es territorio blanco. Puede pasar de todo porque esto es fútbol y sí, los blancos se visten de gala cuando salen de España, pero ya es imposible disimular cuando la etiqueta del traje asoma por la manga. Les va grande y van de prestado.

El PSG fue un espejo que mostró a Ancelotti su cruda realidad. Los voceros madridistas siguen engañando al pueblo usando a LaLiga, una competición menor, para disimular una realidad incontestable: el torneo que lidera muy sobrado el club de Florentino Pérez es una especie de caricatura de lo que un día fue y el nivel de quienes pelean el título con ellos (incluido el Barça), es incomparable con el ritmo que se estila en el continente.

Una caricatura de Liga

El PSG domina la Ligue 1 porque juega a otra velocidad, lo mismo que el Bayern en Alemania o el City en la Premier. Quienes juegan por debajo de los Pirineos están hoy un par de peldaños de lo que se dirime más allá de las montañas blancas. Tebas está obligado a tomar nota: si sigue imponiendo sus restrictivas normas, la diferencia será cada día mayor y el nivel de esos equipos a los que no permite alejarse ni un milímetro de las “leyes que nos dimos entre todos” acabará siendo de risa. Como ayer.

Un equipo pequeño

Ancelotti salió tras el partido a decir que “no hemos jugado como queríamos”, una afirmación difícil de creer cuando el cuerpo lo que le pide es aparcar el autobús frente a Courtois y salir a la contra. Como así hizo ante el PSG. Y como así lo ha demostrado frente al Barça y frente a cualquier equipo que pudiera hacerle cosquillas. Pero lo visto ayer en el Parque de los Príncipes no tiene nada que ver con una manera de entender el fútbol o un temor razonable ante un ataque como el de los parisinos. Lo de ayer fue gritar a los cuatro vientos que el Real Madrid es hoy un equipo pequeño. Al que le llega para ganar LaLiga, pero que no tiene nada que hacer con quien juega como se juega el fútbol moderno, con las venas del cuello marcadas y el corazón bombeando sangre como si no hubiera mañana.

La venganza de Nasser

Florentino envió un mensaje en verano a todos sus escribientes en el que pedía engañar al madridismo asegurando que Mbappé estaba hecho. El presidente blanco, al que nadie le cuestiona nada en su reino apacible e inmaculado, comprobó que, más allá de sus fronteras, mandan otros. “¿Querían a Mbappé? Aquí tienen a Mbappé”, respondió Al-Khelaïfi desde su palco dorado, ajeno al poder de la meseta, cuando Kylian agarró en la banda el balón y, tras dejar atrás a quienes ejercieron de conos, superó por debajo de las piernas a Courtois. Es posible que la temporada que viene juegue en el Bernabéu, pero ayer lo hizo junto a Messi y Neymar, junto a Verratti y Paredes, y entrenado por Pochettino.

Fracaso Vinicius

El niño mimado del madridismo, Vinicius Junior, asistió a una lección de fútbol en mayúsculas. Mientras en la Castellana le ríen las gracias con cualquier bicicleta que no acaba en nada, Europa le demostró que, si algún día quiere acercarse a quienes podrían llegar a ser en un momento dado aspirantes al Balón de Oro, todo lo que le aplauden en LaLiga no sirve de nada en la Champions. Es otro nivel, es la verdadera medida de todo, es donde el fútbol adquiere su verdadera dimensión.