La directiva del Barcelona afronta un momento complicado

La teoría del caos aplicada al fútbol (y al Barça)

OPINIÓN

Toni Frieros

@tfrieros

De todas las frases motivacionales y comentarios que estos días inundan las redes sociales, me quedo con una que, quizá, sea la más sencilla de todas: si después de superar esta pandemia no aprendemos nada, habremos fracasado como sociedad.

Tendremos que cambiar multitud de comportamientos y acciones que hace dos semanas nos parecían impensables y, sobre todo, deberemos mirar al futuro con otros ojos. Sí, porque nada volverá a ser lo mismo.

Curiosamente se está confirmando aquel famoso proverbio chino: “El aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”. Es, en esencia, lo que nos explica la teoría del caos: cómo un microscópico agente infeccioso (un virus), nacido en un remoto lugar de China, está siendo capaz de provocar un efecto devastador en todo el planeta, en la salud de las personas y en la economía mundial. A todos, absolutamente a todos, nos ha sorprendido y nos ha pillado desprevenidos. Creíamos que lo teníamos todo y ha resultado que no tenemos nada. Y esta vez, ni las banderas, ni los himnos, ni las religiones nos van a salvar. Nada ni nadie está por encima de la salud.

El mundo del deporte y la industria del fútbol, como hemos visto, no son ajenos a los embates de la pandemia. Y es aquí donde debo volver al comienzo del artículo. ¿Aprenderemos algo? Parece ser que sí, según se desprende de las palabras de Gianni Infantino, presidente de la FIFA: “Fijémonos en las oportunidades que nos da esta situación. Quizás podamos reformar el fútbol mundial dando un paso atrás. Con formatos distintos. Menos torneos, pero más interesantes”.

Menos torneos significaría menos partidos. Y menos partidos, menos dinero por derechos de televisión y patrocinio. Y automáticamente, también menos efectivo para comprar jugadores y pagarles sus fichas. En definitiva, una oportunidad de oro para moderar la inflación del fútbol. Lo dice el mandamás del fútbol mundial: hay que dar un paso atrás.

Todo eso caerá en saco roto si la FIFA y la UEFA no imponen una línea dura en el límite salarial, como en Estados Unidos, Japón o en Australia. Y reducir la cantidad de dinero que los clubs puedan realizar cada temporada en fichajes. Ya fue un éxito la creación del ‘fair play’ financiero, pero es insuficiente porque no ha detenido la escalada descontrolada de precios, siendo la mejor demostración los 222 millones de euros que pagó el PSG por Neymar. 

Y de esta crisis galopante también deberá aprender, y mucho, el FC Barcelona. Nada que objetar a su enorme capacidad de generar ingresos, algo en lo que está de acuerdo todo el barcelonismo, hasta la oposición, pero sí a la poca o nula capacidad de generar beneficios. Es verdad que el dinero debe estar en el campo y no en el banco, pero esa filosofía, llevada a su extremo, está poniendo en riesgo el modelo de club. El FC Barcelona debe saber ahorrar, debe tener dinero en la caja, porque al menor contratiempo, como ha quedado demostrado con esta crisis, no tiene ni para pagar un café. 

En casi diez años, los gestores del club (la junta de Rosell y la continuista de Bartomeu) han generado 200 millones de beneficios. El porcentaje con el total de  ingresos es irrisorio. Dar un paso atrás, a veces, está justificado.

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