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Luka Zinade, el último invento de Zidane

Los hijos de papá en el fútbol

OPINIÓN

Joan Mª Batlle

Papá Zidane alineó a su hijo Luca en la portería del Madrid en el partido contra el Huesca y ha reabierto un debate que es casi tan viejo como el fútbol y que en el noventa y nueve por ciento de los casos termina mal para los hijos e incluso para los padres. No es justo que los prejuicios dicten sentencia, pero en un asunto tan apasionado como el fútbol es imposible frenar los impulsos de miles y miles de aficionados.

En el caso de Luca Zidane, además, el momento no es el más adecuado. Con el lío que tiene el Madrid con los porteros, la decisión de papá Zinedine invita a los desconfiados a pensar que tiene prisa por dar visibilidad a su hijo. Papá se ha complicado la vida y, sobre todo, se la ha complicado a su hijo. La historia es cruel con los jóvenes que llevan un apellido glorioso y más si son susceptibles de gozar de un trato de favor paterno. Jordi Cruyff, por ejemplo, lo sabe muy bien. Tampoco a Angoy, yerno del propio Johan Cruyff, le favoreció coincidir con su suegro en el vestuario del Barça.

Y un caso antiguo, pero muy significativo, puede ser el más ilustrativo: Kubala y su hijo Branko, que debutó con dieciséis años en el Espanyol con su padre en el banquillo y fue tal la presión que tuvo que soportar que su futuro se frustró para siempre. Insisto, no es justo, pero la condición humana aplicada al fútbol es más cercana a la envidia y a la destrucción que a la comprensión. Luca Zidane tendrá que luchar mucho contra su apellido y ojalá supere el estigma, pero probablemente lo que le iría mejor es crecer por sí solo, lejos del amparo paterno. Una cesión para evitar la sospecha del enchufe. La historia así parece aconsejarlo

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