Xavi se cabreó en El Sadar

El fichaje de Haaland y ‘el efecto Ronaldinho’

OPINIÓN

Albert Masnou

Xavi Hernández se ha encontrado un equipo peor de lo que se imaginaba desde Catar. Hay una plantilla derrotada anímicamente y muchos efectivos en la enfermería, pero sobre todo arrastra las consecuencias de una nefasta planificación deportiva. No me vale la cantinela de la herencia porque esta directiva y esta dirección deportiva tuvo seis meses y medio desde ganar las elecciones al cierre del mercado.

Es lo que tiene no llegar preparado porque entonces el tiempo se te echa encima, careces de soluciones económicas y el único recurso fue dejar escapar al mejor jugador del mundo que te garantizaba 40 goles y regalar otro (Griezmann) que te podía aportar una veintena. Sin 60 goles, el club se acabó reforzando con Luuk de Jong pensando que era Haaland, junto a los fichajes que ya estaban planificados desde hacía un año (Memphis, Kun y Eric). Así pues, empiezas la Liga medio desnudo que, unido a la mala racha de lesiones, te quedas desnudo del todo.

Resultado: no se ha cerrado el 2021 y el Barça ya puede anunciar, sin reparo, que no ganará la presente Liga y que su competición se reduce a intentar entrar en la Champions League de la próxima temporada.

Ante esta realidad... ¿Qué soluciones tiene el club? En nueve meses no ha llegado ningún sponsor, no se ha efectuado ni una gran operación para ingresar dinero. Solo se ha pedido un crédito para sufragar gastos. Normal. La salida de Messi y de Griezmann dejó descapitalizado al Barça a nivel de marketing, sin posibilidad de vender una imagen para asociarse a empresas. ¿Quién es hoy la estrella del Barça? ¿Memphis?

Ante este escenario, el Barça tiene la necesidad de rearmarse para intentar salir del pozo en el que se encuentra. Primero, hacer lo imposible para no dejar escapar el tren de la Champions y, luego, en verano si no puede ser en invierno, fichar a un jugador que se convierta en el buque insignia del club, que sea atractivo para los sponsors, capaz de reactivar tanto al resto del vestuario como a la afición y con jerarquía en el área para llenar este vacío que han dejado Messi y Griezmann.

El Barça necesita a alguien que provoque el mismo efecto que causó Ronaldinho al llegar al Camp Nou en 2003. Los números del actual Barça son incluso peores que entonces y las palabras de aliento de Xavi están cayendo en un saco roto, con lo que la desilusión se multiplica a pasos agigantados. Ronaldinho transformó al Barça y le encaminó a un nivel del que luego, años después, pudo ser el mejor club del mundo. Hoy, el Barça necesita algo así.

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