¡¡El Espanyol asciende a Primera!!

El cuadro blanquiazul sumó el punto necesario en Zaragoza para regresar a la élite

El quinto ascenso de la historia llega 304 días después de perder la categoría

Jonathan Moreno

Se acabaron las cuentas. Las sumas, las restas, las ecuaciones de segundo grado y las derivadas. El Espanyol sumó un punto -¡qué puntazo!- en Zaragoza y ya es de Primera. Sí, han leído bien. El Espanyol es de Primera. Diez meses justos después de consumar su descenso a los abismos, los blanquiazules cogen el ascensor y recuperan la categoría que por historia y tradición les corresponde. Menos de un año, 304 días, ha durado una travesía amarga que nunca debió haberse producido. Afortunadamente para la pericada, la pesadilla ha llegado a su fin.

FICHA TÉCNICA

Liga Smartbank

ZAR

0-0

ESP

Zaragoza

Álvarez; Vigaray, Peybernes, Jair, Nieto; Bermejo, Eguaras (Sanabria, 85'), Zapater (Serrano, 66'), Adrián (James, 66'); Iván Azón (Vuckic, 87'), Narváez (Chavarría, 85').

Espanyol

Diego López; Óscar Gil, David López, Cabrera, Pedrosa; Embarba (Vargas, 87'), Bare (Lozano, 87'), Darder, Melendo (Melamed, 66'); Puado (Mérida, 79'), Dimata (Wu Lei, 66').

Árbitro

Pulido Santana (grancanario). TA: Bermejo, Zapater / Dimata.

Campo

La Romareda. A puerta cerrada.

Embarba toma el mando

Inventos, los justos. Ymenos si te estás jugando algo tan preciado como el ascenso. Vicente Moreno apostó por Melendo como acompañante de Dimata, por la ausencia de Raúl de Tomás, en una posición nada extraña para el canterano. Javi Puado partía desde la banda izquierda, como habitualmente. Precisamente el ‘9’ tuvo la primera ocasión en sus botas, pero no impactó un buen servicio desde la esquina ejecutado al segundo palo por Embarba.

El Espanyol empezó, no obstante, más bien hipotenso. Entre a verlas venir y la pachorra del que se sabe ganador con el empate. A Vicente Moreno no le gustó un pelo la actitud de sus futbolistas. Fuera de sí el de Massanassa en la banda, dando instrucciones a todo quisqui con el cierzo soplando con fuerza en la capital aragonesa. 

Al Zaragoza parecía valerle también el empate en su huida del descenso. Dos latigazos de Adrián desde fuera del área fueron el único bagaje ofensivo de los maños. Ambos disparos se toparon con la oposición firme de un bien ubicado Diego López. Por momentos se intuía un pacto de no agresión de ambas escuadras, hasta que Pulido Santana decretó la pausa de hidratación a la media hora. El agua en el gaznate revitalizó a los catalanes, que ya habían advertido con una vertical de Sergi Darder. El de Artà encontró pasillo en la zaga blanquilla y golpeó con el exterior de su bota derecha ligeramente desviado. 

Los últimos minutos antes del intermedio fueron pericos. El equipo recuperó la presión alta y la disposición sobre el terreno que tan buenos frutos ha dado este curso. Unas manos de Peybernes se fueron al limbo, con el trencilla encima de la jugada. Y en el añadido fue Embarba el que obligó a Cristian Álvarez a meter la punta del guante para rechazar una falta lateral ejecutada con picardía por el madrileño. Fue el epílogo de un comedido primer tiempo.

Más de lo mismo

Se jugaba el partido al ritmo que marcaban Bare y Darder. Pausado, ponzoñoso, como un ‘walkman’ reproduciendo música con las baterías a punto de agotarse. El Zaragoza y Juan Ignacio Martínez se avinieron a ello. 

El cronómetro avanzaba y la alegría del espanyolismo con él. No quedaban uñas que morder, aunque sobre el césped no sucedía absolutamente nada que indujera taquicardia. Los pericos tenían el duelo controladísimo y pudieron matar las mariposas del estómago en una ocasión de Javi Puado. Pase en profundidad de David López a la espalda de la defensa, el delantero que pincha el globo y golpea de derechas para la intervención de Cristian Álvarez. 

La horizontalidad se apoderó del partido. Y las sonrisas empezaban a esbozarse entre los suplentes que ocupaban la grada de La Romareda. Los casi seis minutos de añadido fueron ya una fiesta que acabó estallando con el pitido final. Júbilo, euforia, alegría y lágrimas en una mezcla de sentimientos indescriptible. El Espanyol está de vuelta.

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