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Crónica, Fotos y Resultados Mitja de Granollers 2017

Fotos de granollers

El cartel que colgaba de la farola lo decía claro: “Campeonato de España de Media Maratón“. Y no, no engañaba. Pero si el cartel hubiera puesto “Campeonato de España de Media Maratón, Categoría Veteranos,” tampoco engañaría. Porque hoy, principalmente, la plaza estaba abarrotada de veteranos con nombres y apellidos propios: Carles Castillejo, Jesús España, o Antonio Núñez. Gente buena y querida, que, cuando habla de este deporte hay que callar, porque son un libro abierto de sabiduría.

Otra cosa distinta es el fragor de los jóvenes Kenianos que han desafiado la ley empírica que dice que, a mayor edad, mayor también es la suma de kilómetros. Ellos vienen demostrando que el empuje y la musculatura cuanto más fresca mejor casa con la resistencia pura y dura. Incluso hay escritos científicos que lo avalan. Pero más allá de lo científico, aparecen las cornadas que da la vida, y en Kenia ya se manifiestan a una temprana edad. Razón por la que hoy, en la línea de salida, estaban muchachos de Kenia como Kisorio de 26 años, por los 38 “añazos” de Carles Castillejo o Jesús España.

Sea como sea, hoy la Mitja de Granollers parecía una cajita de muñecas Rusas, donde había dos campeonatos en uno, el que disputaban el campeonato de España y el que medía a los Africanos entre ellos. Otro mundo que también está en este.

Así pues, en la disputa de casa, la almendrita de la prueba, el kit de la cuestión, el meollo, y el cha-cha-cha, estaba en comprobar cómo y hasta donde “los viejos rockeros que nunca mueren,”  podían batirse con el Segoviano Javier Guerra (7 años menos que ellos). Hoy por hoy,  pasa por ser el hombre reflectante en el asfalto, y el mirlo blanco del fondo puro nacional. Y la cosa se dio con emoción. Vaya si se dio.

Y si se dio con emoción fue, en gran parte, por el de siempre: El caníbal Carles Castillejo. Él dice que corre 120 kilómetros semanales por los 160 que lleva de ventaja Javi Guerra. Él dice que sólo disputa carreras como amateur, y que está a medio camino entre el atleta profesional y el corredor que sale a trotar para oír disfrutar el canto de los pajaritos. Él dice todo eso. Vale. De acuerdo. Pero puede decir misa, con todos mis respetos. Lo único cierto es que cuando se pone el mono de trabajo, y sale a por faena, corre con la alegría y el desparpajo de un chaval. Y da gusto verle así, feliz. Desde hace un tiempo viene marcando un estilo desenvuelto, alegre, despreocupado, que lo sitúa en una extraña segunda juventud y que nadie de su generación puede acercarse ni de lejos a sus prestaciones como se pudo ver hoy.

En carrera todo transcurría en buena marcha hasta que en el minuto 24, (Kilómetro 8), sonó en el megáfono una canción que decía: “Que no pare la música”. Justamente, en ese instante, los chicos de África, subieron las notas a sus instrumentos, “Ese que no pare la música.” Y las piernas de Castillejo, no pudieron seguir el compás. Sus zancas empezaron a oírse en una dolorosa lejanía para el aficionado de casa que es tan “procastillejo”, y que veía, en cambio, que las piernas de Guerra, más frescas, sí podía subir un puntito más el ritmo abrasivo de los tantanes Africanos. Ahí, en el kilometro 9, Javier Guerra quedó campeón de España.

Todo el jaleó lo lió Kisorio. Él fue el artífice de que el grupo saltara por los aires. El Africano no quiso dejar para el viento lo que podía resolver en el asfalto. Y ya en el kilómetro 10, dijo: “Campana y se acabó.” Y se fue iluminado: 10 segundos por delante del grupo. Apenas seguido por Kiprono Menjo, un feriante en zapatillas, que corre alegre por los pueblos de España. El pobre Menjo, ejerció mas de kamikaze japonés que de atleta Keniano, y se inmoló al tratar de seguir a Kisorio, que hoy iba como un tiro, confiado en su arte, sin ratonear esfuerzo. A tope desde el principio, como corresponde a alguien que tiene la tercera mejor marca mundial de todos los tiempos, 58:46″.

Sin embargo, hoy no estaba el día ni para 59. Por mucho que Kisorio corriera con las palmas de las manos abiertas igual que superman. El viento racheaba desde todos los ángulos, menos el que empuja por detrás y que tanto agradecen los atletas y cualquier hijo de vecino. Hoy don viento se portó mal con los corredores. Fue malo e injusto con el gran esfuerzo que se hizo en Granollers. Pero nadie nos dijo que este deporte fuera justo. Y hay que saber correr en todas las circunstancias. Hoy era una de ellas. Incluso el propio Kisorio iba desesperado. Durante el tramo en que racheaba más fuerte, de derecha a izquierda, para joder mas la marrana, el propio Kisorio, miraba el crono una y otra vez de una manera mecánica y compulsiva como si fuera un autómata del tibidado. Corrió muy bien, el Keniano. Pero desesperado. Y hoy estaba para hacer un tiempazo, pero la climatología lo hizo imposible, y su bonus por bajar de la hora se lo llevó el viento mas que su bolsillo. El fue el primer perjudicado. Al final, 1h01:30. Y saludando al público.

Javier Guerra, sin embargo, más acostumbrado al viento de Segovia, llegó en cuarta posición 1h02:13 segundos. Marca personal y título revalidado. Y Castillejo, contra viento y marea, entró en una alucinante sexta posición, 1h03:07. El público lo jaleó como si fuera un superviviente del Vietnam, alguien que viene de hacer un milagro de reafirmar que, gracias a él, este puede ser un país para viejos. Sorprendió la tercera plaza de un ¡Joven! llamado Ricardo Rosado, que viene en clara progresión y que tiene, precisamente, en Javier Guerra, una buena referencia para mirarse.

En chicas hubo sorpresa de la gorda. Ganó la Cántabra Irene Pelayo del Piélagos que se apunta su primer título nacional con una mejor marca personal, 1h12:09. Una marca de campanillas. Por delante, incluso, de toda una campeona de Europa de Cross, Steel, lo que no deja ser aún más meritorio. Elena Loyo y Marta Galimany completaron el podium del estatal en la distancia.

No obstante hay que señalar una moda muy preocupante que sucede hoy en las carreras de ruta: Inversión a full con los chicos y una menor atención en chicas. Fomentar el deporte de género no es traer a un batallón de chicos Africanos y traer sólo a una Africana para disimular. Y encima a la única que trajeron, poco brío y escaso duende. Muy raro para ser una keniana.

Granollers se despidió con 10 mil almas y todos tuvieron una cosa en común:  salieron muy guapos en la foto. Eso sí, pero despeinados por el viento. 

Mario Torrecillas


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