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Arbitraje de '10' en una final de '10'

La tripleta arbitral formada por Sthepanie Frappart, Manuela Nicosi y Michell O'Neill rindió a la altura del encuentro y se llevó todos los elogios

Dejaron el listón muy alto y demostraron estar sobradamente preparadas

Sthepanie Frappart estuvo muy acertada en todas sus decisiones.
Sthepanie Frappart estuvo muy acertada en todas sus decisiones. | EFE

Nunca olvidará el día de ayer Stephanie Frappart. Tampoco sus asistentes, Manuela Nicolosi y Michelle O’Neill. Y no solo por arbitrar una Supercopa de Europa, sino por hacerlo a un nivel excelso. En ningún momento les pudo la presión de tratarse de una final ni por el hecho de tener que repartir justicia entre dos de los mejores equipos de Europa y de la pasada campaña. Al contrario.

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A la colegiada principal del encuentro, Frappart, no le tembló el pulso en ningún momento. Estuvo segura en sus decisiones y ejemplo de ello fue el momento en el que señaló una pena máxima a favor del Chelsea. Una salida de Adrián Sanmiguel acabó con Abraham por los suelos; la árbitro no tuvo ningún tipo de duda y señaló el punto fatídico que supuso el 2-2.

DECISIONES CLAVE

Tan solo tuvo que mostrar tres cartulinas amarillas la trencilla, pero lo hizo a partir del minuto 75 en un largo encuentro que se decidió desde la tanda de penaltis. Antes de ello, Frappart y sus asistentes ya se ganaron el respeto de los 22 jugadores que estaban sobre el verde con sus decisiones serias y acertadas.

No quiso ni oír hablar del VAR en unas manos de Christensen en el área, en una jugada en la que acertó porque el central no tenía tiempo para reaccionar. Esa fue su carta de presentación en una jugada polémica y salió airosa. Como debe hacerlo un o una árbitra. Da igual el sexo y ayer se demostró que en el mundo del fútbol así es. Un paso más e importantísimo en la lucha por la igualdad de género, una pelea que nunca habría tenido que existir.

La tripleta arbitral, más adelante, anuló un gol de manera correcta a Giroud por fuera de juego y, ya en la recta final hizo lo propio con una diana de Mount, de nuevo de manera acertada. Demostraron gran sobriedad.

Las tres fueron merecedoras, sin duda, del pasillo de honor que les realizaron los jugadores del Liverpool una vez finalizado el partido y subieron al estrado a recoger su medalla. Una que guardarán con cariño y honor. Porque han hecho historia. Ellas serán las primeras, pero no las últimas.

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