La plantilla recibió la visita de Yuste y Laporta en el entrenamiento previo al duelo contra el Bayern

El Rosario de la aurora

OPINIÓN

Carme Barceló

@CarmeBarcelo

Mientras los de la cofradía del Clavo Ardiendo ya tienen a un Vinicius Jr al que agarrarse de nuevo, el barcelonismo asiste con preocupación al momento tenso, por decirlo fino, que viven presidente y entrenador del primer equipo. El asunto tiene toda la pinta de acabar como el Rosario de la aurora. Ya saben, mal o muy mal. Cuentan que aquella cofradía gaditana salía en procesión de madrugada y rezaba el rosario a la luz de un farol. Hasta aquí, todo bien.

Pero un día, los devotos se cruzaron con un grupo de camorristas que los provocó de tal manera que la cosa acabó a golpes. Líbreme Dios de pensar que la relación entre Laporta y Koeman terminen de este modo pero el técnico holandés tiene todas las de perder. Todas. De hecho, lo único que puede mantenerlo en el cargo son los resultados, porque si espera que el vestuario se parta el alma por él, lo tiene crudo.

El respeto que merece lo tiene, por supuesto. Los jugadores le ven como uno de los suyos pero sudando la camiseta. Con la pizarra y la libreta en la mano, ya es otro tema. Ni sí, ni no. Un ‘sí es, no es’. Bastante tienen, consideran ellos, con acometer una durísima etapa de transición que hoy les ha regalado un capítulo que hubieran preferido leer o escribir en otro momento.

Joan Laporta es más transparente en el lenguaje no verbal que con las palabras, aunque sea un comunicador impresionante. No puede decirse lo mismo de Enric Masip, asesor a la presidencia, que se descolgó el lunes con un tuit claro como el agua y entregado a la causa. Fue directo a la línea de flotación de un Koeman que a duras penas tiene aire para hinchar el salvavidas.

Al ex jugador de balonmano se sumó el que fuera el director de campaña del presidente, Lluís Carrasco. Aunque éste dijera que “eso son opiniones personales”, la coincidencia en tiempo y hora de ambas reflexiones en las redes sociales parecen recoger lo que oyen puertas adentro. Las de fuera, con los cortinajes del restaurante Vía Venetto como testigo y donde ya compartió mesa y mantel el mandatario azulgrana con Florentino Pérez, nos mostraron a un Laporta que capeó el tema holandés con pocas o nulas ganas.

“Compartimos modelo”, aseguró. Y él sabe como nadie que es tan buena respuesta como mal ejemplo. Ni creé en su entrenador ni Koeman en él. Sólo le aguantan los hilos de los resultados en un palco donde se tejen presentes y futuros paralelos a Ronald. Esto es así.

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