Maradona en Nápoles: siete años de pasión

Recorrido por la etapa napolitana de Maradona, la voz de los 'terrori', los denostados habitantes del sur frente al poder de la Italia del norte

"Cuando llegué, me recibieron 85.000 personas; cuando me fui, estaba completamente solo"

 Nápoles ya se prepara para el duelo ante el FC Barcelona en el que el sucesor de Maradona, Leo Messi, arrancará ovaciones | Iván San Antonio / Javi Ferrándiz

No hay en la historia del fútbol una relación tan intensa entre un futbolista y su ciudad de acogida. En 1984, Diego Armando Maradona llegó a Nápoles para aliviar las deudas que había contraído como jugador del Barça.

Pronto reconoció en el sur de Italia los gestos, las actitudes y la vida que había vivido en Villa Fiorito, su humilde barrio de Buenos Aires. Fútbol, mafia, droga, hijos ilegítimos y éxtasis colectivos son los ingredientes de la historia del ‘Pelusa’ en Nápoles.

Entradas agotadas en su presentación

“’En qué quilombo nos metimos, ¡esto es peor que Buenos Aires!”, le dijo Fernando Signorini a su esposa el 5 de julio de 1984: el preparador físico de Maradona fue el primer sorprendido de la reacción de la ciudad de Nápoles al fichaje del jugador. 85.000 personas se reunieron en el estadio San Paolo para ver su presentación, y eso que la entrada costaba 3.000 liras (unos 2,5 euros).

Hubo más de 30 cadenas de televisión acreditadas aquel día. La rueda de prensa tuvo que hacerse en el gimnasio porque la sala habitual se había quedado minúscula. Un periodista francés, Allain Chaillou, preguntó a Maradona si era consciente de que una parte del pago de su fichaje (7,5 millones de dólares) lo había abonado la Camorra. El presidente del Nápoles, Corrado Ferlaino, expulsó inmediatamente al periodista. 

‘Sois la vergüenza de toda Italia’

El jugador más caro del mundo se adaptó como un guante  a la ciudad más pobre de Italia: en Nápoles, todo le recordaba a Buenos Aires y Maradona no tardó en convertirse en el símbolo de una rebelión que fue más allá de lo futbolístico.

En sus primeros partidos, Maradona comprobó cómo el Nápoles era recibido en los estadios del norte del país con pancartas como ‘Lavatevi’ (Lavaos) o ‘Sei la vergogna de la Italia entera’ (Sois la vergüenza de toda Italia), cánticos despectivos o directamente racistas.

Frente al poder económico de Milán o Turín, Nápoles era la cloaca de Italia para muchos habitantes del norte. Pero los ‘terroni’, el término con el que los del norte despreciaban a los del sur, empezaron a rebelarse de la mano de Maradona, que había crecido en un humilde barrio de Buenos Aires y que sería el encargado de liderar la revolución del sur contra el norte. 

Un arranque de curso decepcionante

Maradona debutó en Verona, ante el equipo que venía de ser campeón la temporada anterior. Fue el 16 de septiembre de 1984 y el Nápoles perdió 3-1.

El comienzo del curso fue preocupante y antes de Navidad, el presidente pidió al entrenador que se llevase al equipo a Vietro, 50 kilómetros al sur de Nápoles, para concentrarse durante unos días.

Siempre rebelde, Maradona se fue a su país para pasar las vacaciones navideñas. Pero a su regreso, el equipo despegó: el Nápoles acabaría octavo. Los grandes éxitos aún estaban por llegar. 

“Aquello parecía ‘los intocables”

“Cualquier problema que tengas será mi problema”. Las palabras de Carmine Giuliani, el jefe del clan de la Nueva Familia de la Camorra, impresionaron a Diego Maradona.

Era su primer contacto con la mafia napolitana: lo llevaron en moto a Forcella, un barrio de la ciudad, para invitarlo a cenar. “Lo primero que vi fue un tipo con un fusil. Aquello parecía una película, ‘Los Intocables’ o algo así”.

La leyenda cuenta que años después, el cuñado de Maradona, Gabriel ‘La Morsa’ Espósito, tenía tantos contactos en la Camorra que era capaz de recuperar los objetos que le habían robado a los turistas argentinos en los peores barrios de Nápoles.

Un hijo napolitano... pero no reconocido

En 1986 fue el protagonista de un escándalo que inundó las páginas de la prensa, y no solo la del corazón. En aquel entonces, Diego ya había abandonado el Hotel Royal, donde vivió en los primeros meses, para instalarse en una villa del barrio de Posillipo junto a Claudia Villafañe, su novia.

Pero sus excursiones nocturnas eran conocidas en la ciudad. También sus romances: con la bailarina americana Heather Parisi supo cortar a tiempo, pero con Cristiana Sinagra, no. Sinagra se quedó embarazada y en  septiembre de 1986 dio a luz a un niño al que llamó Diego Armando

“Yo estaba embarazada de dos meses y un día enciendo la televisión. Sale una mujer diciendo que el hijo que acaba de tener es de Diego. Él vino a casa llorando y diciendo que era mentira. Yo le dije, ‘no te lo voy a preguntar nunca más, decime la verdad ahora’. Y me dijo, ‘es mentira”. Villafañe lo explica  en ‘Diego Maradona’, el documental de Asif Kapadia. En 1992, una jueza confirmó la paternidad de Maradona y le obligó a pagar una pensión.  En 2016, Maradona reconoció a su hijo. 

Con su masajista de confianza a méxico 86

Cuando Maradona se fue con Argentina al Mundial de 1986, todavía no había ganado un título con el Nápoles: pero tras conquistar brillantemente el Mundial, regresó más fuerte que nunca.

Quizá la clave estuvo en las manos de Salvatore Carmando, el masajista del Nápoles, que acompañó a Maradona durante todo el campeonato mundial en México. “La relación entre Diego y yo fue siempre muy pura y clara. Nunca le pedí un céntimo aunque él quisiera pagarme; a mí me valía con su amistad”.  

‘No sabéis lo que os habéis perdido’ 

Pese a su agitada vida sentimental, Maradona llevó al Nápoles a otra dimensión: el equipo pobre del sur de Italia, que nunca había ganado un ‘scudetto’, tocó la gloria el 10 de mayo de 1987.

Era la penúltima jornada de Liga y un punto era suficiente para proclamarse campeón de la Serie A por primera vez en sesenta años de historia. El Nápoles ganó el ‘scudetto’ con 42 puntos, tres más que la Juventus de Michel Platini.

Las celebraciones se prolongaron durante varios días. Alguien se tomó incluso la molestia de acercarse al cementerio de Poggioreale y escribir con pintura azul ‘E non sanno che se sò perso’ (‘No sabéis lo que os habéis perdido’). Al día siguiente, otra pintada respondía: ‘¿Quién ha dicho que nos lo hemos perdido?’.

Maradona conquistaría también el scudetto de la temporada 1989-90, la Copa de 1987, la Supercopa de 1991 y la UEFA de 1989

La semifinal de 1990, el principio del fin

El destino quiso que Italia y Argentina jugasen la semifinal del Mundial de Italia’90 precisamente en el San Paolo de Nápoles.

En los días previos, la ciudad se dividió entre partidarios de la selección italiana y de Maradona. “Si me quieren ver contento, que apoyen a Argentina: cuando Nápoles me necesitó, yo siempre estuve ahí”, dijo Diego días antes.

El partido lo ganó Argentina en la tanda de penaltis. En la final, Maradona insultó ante la cámara al público que pitaba el himno argentino. Ahí empezó a romperse el idilio: Maradona se convirtió en el personaje más odiado de Italia.

En enero de 1991, fue investigado por posesión de drogas y prostitución. En marzo de 1991, tras un partido en Bari, se encontró cocaína en su orina. Fue sancionado sin jugar un año y medio. Preparó la mudanza y se fue para siempre. “Cuando llegué, me recibieron 85.000 personas. Cuando me fui, estaba completamente solo”. 

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