Koeman se fue triste y decepcionado

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Dolido por todo lo que le ha rodeado en los últimos meses, ahora quiere ‘desconectar’

Ronald fue despedido a medianoche en el avión

Koeman, en una imagen de archivo con el Barça | Marta Fernández

El adiós de Koeman se produjo a más de 10.000 metros de altura. No fue la despedida que le hubiera gustado tener al héroe de Wembley, porque no le ha podido decir adiós a muchos jugadores y a empleados del club. A Ronald Koeman le costó conciliar el sueño cuando se fue a dormir la madrugada del jueves. Siempre le cuesta dormirse después de un partido, porque repasa mentalmente muchas acciones del partido y se imagina qué hubiera pasado si ese balón hubiera entrado o si esa jugada no se hubiera producido.

Pero el jueves se fue a la cama muy triste, dolido y decepcionado, porque horas antes, a más de diez kilómetros de altura, el presidente Joan Laporta le había comunicado que, después de la derrota ante el Rayo Vallecano (1-0) se veía obligado a destituirle.

Se lo vio venir Koeman, porque tanto en el aeropuerto como en la aeronave observó al presidente muy serio y hablando con sus directivos, especialmente Rafa Yuste, su brazo derecho en temas deportivos.

Sentados en la primera fila del avión, uno a la derecha y otro a la izquierda, el avión parecía un funeral. Todos se esperaban lo que estaba a punto de suceder. El frío ambiente podía cortarse con un cuchillo.

Tiempo habrá para que el héroe de Wembley explique con pelos y señales las interioridades, dificultades y alegrías, que de todo hubo, de estos meses al frente del Barça. Se va con tristeza y dolido porque le hubiera gustado despedirse de otra forma de los suyos, no de madrugada y en un vestuario donde faltaban muchos futbolistas: Pedri, Fati, Araujo, Frenkie de Jong. No hubiera costado nada dejarle que lo hiciera la mañana del jueves, para decirle adiós también a los empleados de la Ciutat Esportiva.

Laporta, afable

Y que conste que Laporta estuvo muy cariñoso y amable en sus explicaciones, asegurándole a Koeman que no le gustaba lo que le estaba diciendo, pero que no tenía más remedio que cambiar el rumbo del equipo.

Sometido a una enorme presión en los últimos meses, viviendo en un clima irrespirable, Koeman, aún contra su voluntad, se ha liberado de una gran carga. 

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