Xavi Hernández, durante el partido del Barça en Mendizorroza

A vueltas con la intensidad del equipo

OPINIÓN

Joan Mª Batlle

Xavi lo manifestó claramente tras la eliminación de Copa ante el Athletic. Lejos de buscar excusas o tirar de maquillajes dialécticos baratos, el entrenador barcelonista expresó claramente la causa de la derrota en San Mamés: "Nos han superado en intensidad". Corto y raso. Pues bien, tres días después, en el campo del Alavés no vimos precisamente al equipo jugar con mayor intensidad que en partidos anteriores, lo que obliga a ciertas reflexiones.

En primer lugar, la intensidad no es un valor que se tenga o no se tenga. La calidad, sí, pero la intensidad se pone o no se pone. La intensidad la tienen todos pero luego, en el campo, unos la ponen más que otros.

Históricamente, han sido los equipos más modestos los que más han apretado al contrario y más esfuerzo y sacrificio han puesto en sus acciones, precisamente para tratar de igualar la mayor calidad de los equipos grandes. Pero el fútbol ha evolucionado hacia el punto actual, donde la calidad media ya es alta y lo que empieza a marcar diferencias es la fortaleza de los jugadores. Solo con calidad ya no se gana.

MINI-PRETEMPORADA

El Barça se encuentra en esta tesitura. Prefiero pensar que no es un problema de actitud, o solo de actitud, porque entonces estaríamos hablando de algo muy grave que debería resolverse con mano dura. Es más posible que sea un problema de condición física. Por convicción y estilo, el Barça ha optado por futbolistas técnicos.

Los genios bajitos, ya saben, una declaración de intenciones y la realidad más incuestionable de que con esa idea y esos jugadores ha dominado una época de la historia del fútbol. Pero todo cambia y hay que adaptarse. La intensidad requiere mucha preparación física y hay indicios que invitan a preguntarse si la del Barça de hoy es la adecuada. Lesiones, goles encajados en los últimos minutos... La intensidad también se trabaja.

En este sentido, tal vez habría sido buena idea aprovechar estas dos semanas sin fútbol para realizar una especie de mini-pretemporada, un stage para hacer acopio de fuerzas y, a la vez, adaptarse a lo que quiere un entrenador nuevo que casi no ha tenido tiempo de trabajar cuatro días seguidos con su equipo.

La clave: solo con la calidad ya no se gana; el Barça necesita trabajar más el aspecto físico

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