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Messi cabizbajo con una Argentina decepcionante

Van Gaal y una verdad incómoda

OPINIÓN

Jordi Costa

@jordicosta1

Abierto el debate -espero que sólo mediático- sobre si Messi, Suárez, Griezmann y Neymar caben en un once, vale la pena escuchar voces que nos advierten sobre la necesidad que el colectivo no sea esclavo de la individualidad. Aunque no lo parezca, los títulos los gana un equipo.

Leyendo la interesantísima -por muy futbolera- entrevista que Van Gaal concedió a El País, podría llegarse a la conclusión que Messi perjudica al Barça. Y es obvio que sólo se puede llegar a ella desde una mirada rígida del juego como la que siempre ha defendido el holandés, pero conviene escucharle porque detecta algunos de los males barcelonistas.

Es obligado decir que a Messi no se le puede recriminar individualismo o que juegue para su propio interés. Sus mejores registros goleadores coincidieron con la época en que el Barça tuvo un centro del campo dominante y se podía permitir vivir en el final de la cadena; en cambio, desde la salida de Xavi e Iniesta, visita mucho más la zona de elaboración.

Lo mismo sucede en la selección argentina: el domingo frente a Qatar, a la vista que le acompañaban dos delanteros en el once -Agüero y Lautaro-, Messi no pisó el área en ninguna de sus intervenciones, un dato insólito que explica hasta qué punto el 10 sabe dónde le necesita su equipo.

Pero sostiene Van Gaal que Messi no es sólo víctima sinó también corresponsable de que el Barça se estrelle cuando el nivel competitivo se eleva. Llegó vivo a Liverpool gracias a Messi pero cayó porque es peor colectivamente que el campeón de Europa. Tener al mejor de la historia te rescata en infinidad de ocasiones durante el año, pero también te obliga a jugar en función suya en la fase defensiva.

Como denuncia el holandés, el Barça abandonó su tradicional 4-3-3 para defender en 4-4-2 porque no puede contar con que todo el equipo presione a la misma intensidad.

Y también recuerda Van Gaal que uno de los logros de Guardiola fue que Messi pusiera su talento al servicio del colectivo. Hoy, once años después, siendo el número uno indiscutible, no es fácil para el entrenador de turno negarse al messisistema. Ahí está el reto: encontrar al técnico que sepa qué es lo mejor para el equipo y que convenza al 10 de que también es lo mejor para él.

Dicho todo esto, es tan cierto que Van Gaal afina en muchos de sus diagnósticos, formulados desde la libertad que le conceden su experiencia y su condición de retirado, como que nunca le encajaron, ni supo encajar en su dibujo, los espíritus libres como Rivaldo o Riquelme.

Aceptar su análisis no quiere decir que no se valore la autoridad de Messi, ni menospreciar el regalo que supone tenerle en las filas barcelonistas. Pero pretender quitarle toda la razón es negarse a ver las propias debilidades. O sea, un peligro.

DANI ALVES Y LA NOSTALGIA

Que la desvinculación de Dani Alves del PSG le haya puesto temporalmente en la órbita del Barça, sea porque el brasileño se ofreció o porque alguien en el Camp Nou llegó a plantearse las bondades de un fichaje a coste cero, dice mucho -o muy poco, en este caso- de la planificación deportiva de la entidad.

Es probable que al aficionado culé le asalte, una vez más, la nostalgia del mejor equipo de su historia y, seamos sinceros, es obvio que ni Sergi Roberto, ni -todavía menos- Semedo han hecho olvidar al lateral brasileño. Durante ocho temporadas, el Barça disfrutó en sus filas del mejor lateral del mundo, con sus lagunas defensivas pero con un inagotable cabal ofensivo, mientras que los actuales inquilinos de la demarcación son la pieza más discutible del once tipo.

Hace años costaba encontrar centrales de primer nivel y ahora no hay manera de descubrir un lateral derecho top.

A pesar de sus excentricidades fuera del campo, Alves es un profesional intachable y un competidor como ha habido pocos, lo cual explica que siga siendo titular en Brasil. Pero eso no quita que plantearse el regreso de un futbolista de 36 años sea un disparate.

Es cierto que el mercado no ofrece piezas indiscutibles en esta demarcación pero, como sucede con Neymar, es un error, y delata falta de imaginación, pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor.

OPORTUNO: SERGIO LOZANO

El ala del Barça de fútbol sala tiró de su instinto goleador innato para sentenciar el partido definitivo de la final de la Liga, que regresa al Palau seis años después. Tras varias temporadas muy castigado por las lesiones, el capitán volvió a ser ejecutor.

OPORTUNISTA: FLORENTINO PÉREZ

Que el Real Madrid se sume, aunque sea a golpe de talonario, a la Liga femenina de fútbol sólo puede tener efectos positivos a nivel de seguimiento mediático. Lo que sorprende es que, no hace tanto, argumentaran falta de demanda social para explicar la demora.

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