Natalia Vía-Dufresne: "La medalla de Barcelona fue como un tsunami"

Natalia Vía-Dufresne: "La medalla de Barcelona fue como un tsunami"

Consiguió una de las cinco medallas de la vela española en Barcelona’92 aunque el suyo, con 19 años, fue el éxito más inesperado | SPORT

Natalia Vía-Dufresne consiguió una de las cinco medallas de la vela española en Barcelona’92 aunque el suyo, con 19 años, fue el éxito más inesperado

"Debuté en los Juegos siendo muy jóven y una desconocida. Al subir al podio me quedé paralizada" recuerda la regatista catalana 30 años después de su éxito

Natalia Vía-Dufresne (Barcelona 1973) era una preciosa adolescente que se paseaba tranquilamente en bicicleta por la Villa Olímpica sin que nadie reparase en ella a los pocos días de comenzar unos Juegos que le cambiarían la vida. Hoy, a sus 49 años, reconoce que durante ese verano “mágico” en su ciudad no llegó a ser “consciente” del éxito que la catapultó a la fama. Su medalla de plata figura entre las 22 que arrojó el mayor botín olímpico español de la historia.

“En un Europeo o un Mundial hay más nivel, pero los Juegos te dan más notoriedad”, considera. “Los Juegos de Barcelona fueron muy especiales para mí y con el tiempo me he dado cuenta de que todo aquello fue muy gordo. Primero porque eran aquí, en casa. Y también porque fueron mis primeros Juegos y mi primera experiencia en un gran evento. Yo era la más joven del equipo olímpico y fui la más joven en conseguir una medalla. Todo resultó tan inesperado que no me dí cuenta de lo que estaba pasando...”, admite. “En el podio vi tanta gente que me quedé paralizada. Pensé: ¿Todo esto por mí?. Fue muy bonito pero en aquellos días me superó la situación, como un tsunami”.

Y es que Natalia, que forjó su carrera en aguas del Masnou, empezó a navegar “por pura diversión”, sin ninguna pretensión: “De niña no soñaba con ganar medallas olímpicas ni nada por el estilo. Me gustaba navegar y lo hacía en clase Europa que justo comenzó a formar parte del programa olímpico con vistas a los Juegos de Barcelona. Como soy muy competitiva y perfeccionista, decidí prepararme de manera intensiva con la idea de hacerlo bien. Siguendo los consejos de mi entrenador, me prepararé para Barcelona 92 como si fuese una regata más. “Natalia, calma. Conoces a la perfección el campo de regatas, las condiciones meteorológicas, has navegado mil veces aquí…”, me repetía. Tampoco tenía la presión mediática. Nadie me conocía. Además el actual rey de España, el entonces Príncipe Felipe, era el que acaparaba toda la atención en el equipo olímpico. Y estaban candidatos a medalla claros como Theresa Zabell, Jordi Calafat o Doreste, así que yo pasaba totalmente desapercibida. A nivel internacional estaba entre las primeras del ranking, pero no ganaba, así que nadie pensó en mí”, relata

“Cada mañana cuando empezaban las regatas me impresionaba ver tantas cámaras, tanta prensa… nunca había dado entrevistas, pero a partir del tercer día, en cuanto comenzaron a verme con opciones de medalla empezaron a interesarse también por mí. En cuanto entraba en el agua conseguía abducirme de toda aquella situación, pero al volver a puerto y ver la rampa llena de fotógrafos y tanta gente no quería ni acercarme”, explica la navegante catalana.

Recuerdo perfectamente la ceremonia de apertura de Barcelona 92. Como yo era de las más altas del equipo desfilé cerca de los chicos y del basket. Antes de salir algunos hacían mucho follón y bromeaban entre ellos, pero una vez en la pista vimos a la gente saludándonos en las gradas y nos quedamos todos en silencio. Fue un momento excepcional, inolvidable y absolutamente mágico”, confiesa con nostalgia.

“El rey Felipe era uno más del equipo, se comportaba como uno más. Yo ya le conocía después de muchas regatas anteriores de preparación, obviamente el trato no podía ser como con otros compañeros, según que bromas quizá no eran oportunas, pero nunca tuvo un trato distinto. Con el resto de los regatistas del equipo de Barcelona mantenemos el contacto, incluso tenemos un grupo de WhatsApp que creamos por el 25º aniversario de los Juegos”, revela Natalia.

“En el camino hacia Barcelona 92 contamos con el máximo apoyo de instituciones y patrocinadores. El director del equipo, Jesús Turró fue un ‘diez’ como persona y se implicó muchísimo. Tuvimos a nuestra disposición el material más innovador y regatas de preparación, viajes por todo el mundo… con el tiempo todo eso fue decayendo y volvió a costar mucho encontrar soporte. Y en un deporte como vela olímpica, con tantos gastos, es fundamental”, reclama la deportista barcelonesa, que nunca se ha desvinculado de la vela. “En el preolímpico para Atlanta 96 el nuevo sistema de clasificación de la Federación me perjudicó por una penalización y me quedé fuera del equipo a pesar de ganar la competición previa a los Juegos. Aquello fue un golpe muy duro del que me costó recuperarme. En el 470 encontré una nueva motivación y participé en Sydney 2000 junto a Sandra Azón. Terminamos sextas y pensamos “podemos hacerlo mejor”, así que continuamos trabajando de cara a Atenas 2004, donde llegó mi segunda plata olímpica. A diferencia de Barcelona, aquí las expectativas eran muy altas y yo tenía mucha presión. Conseguimos la medalla pero el desgaste fue tan alto que lo dejamos”, apunta Natalia, que aparcó definitivamente la vela olímpica tras Pekin 2008 para competir en crucero. “Llegué a tener mi propio barco y equipo de regatas. Al fin y al cabo, el mar es mi pasión”. .