Messi, no te mereces esto

Joaquim Piera (Brasil)

Leo Messi es una víctima propiciatoria del desgobierno que se ha apoderado de la Asociación de Fútbol Argentina (AFA) y, por extensión, de la albiceleste. Brasil, con un fútbol ordenado rocoso y la magia del tridente ofensivo, aplicó una zurra a Argentina. 

Brasil ganó a Argentina por 3 - 0 pero, marcador al margen, en fases del segundo tiempo bailó a un rival entregado, sin alma, ni concepto de juego, que corrió como pollo sin cabeza.

Edgardo Bauza, el mismo que osó a decir que en Barcelona no cuidaban a Leo, aplicó al mejor del planeta a una humillación innecesaria. Leo está solo. Argentina no tiene esquema de juego, ni corazón, ni piernas. La autoestima está por los suelos, y la albiceleste, respetada históricamente en todo el continente por su pundonor, se derrite a las primeras de cambio. 

El papel de Brasil

La victoria incontestable de los brasileños es la reafirmación que, con Tite, la canarinha vuelve a ser un equipo a tener en cuenta. Desde que llegó el ex técnico del Corinthians como salvador de la patria, Brasil ha ganado los cinco partidos disputados. El concepto solidario que impera da seguridad atrás y permite sacar todo la magia que atesora un tridente ofensivo de primer orden mundial formado por Neymar, Philippe Coutinho – el deseado del Barça para la próxima temporada -y el menino Gabriel Jesus.

Messi sufrió en silencio y estuvo desdibujado mientras Neymar estuvo excelso. En un superclásico de la máxima, el delantero brasileño del Barça tuvo la virtud de divertirse y sacar todo su repertorio. Con metros por delante, castigó constantemente a Zabaleta y a toda la zaga argentina.  

El superclásico había empezado con cuentas pendientes entre Fernandinho y Messi, provenientes de los enfrentamientos entre el Barça y el City en la Champions. De inicio, Leo lo ridiculizó con un sombrero a medida y el volante se vengó a continuación con un tremendo codazo. Se ganó la amarilla, y poco después tendría que haber sido expulsado por otra falta de libro sobre Leo en un contragolpe.

Brasileños y argentinos se tantearon. Se mascaba la presión, por la trascendencia del encuentro, principalmente por la obligatoriedad de puntuar de Argentina fuera de las plazas de acceso a Rusia 2018. Hubo abuso de centrocampismo y falta de precisión en el pase. Solo Leo y Ney eran capaces de regalar clarividencia.

Desenlace

El cinturón se desabrochó de golpe. En el minuto 21, Renato Augusto inauguró los remates, desde fuera del área, con un chute con el calibre desviado. A continuación, Biglia se sacó un trallazo, que buscaba la escuadra y que obligó a Arisson a realizar una intervención fotográfica. 

Con las hostilidades abiertas. Philippe Coutinho se fue a la izquierda a buscar la asociación con Ney. El centrocampista del Liverpool fue paseándose en el borde del área. Toda la zaga lo flotó y tuvo tiempo para sacarse un obús imparable. El gol de autor de Coutinho dejó a Argentina grogui. 

Messi la tuvo en una falta que se fabricó en la frontal del área. Las graderías del Mineirao se inundaron de móviles esperando captar la instantánea del empate. Esta vez, sin embargo, su lanzamiento murió en una barrera que no estaba en la distancia reglamentaria.

Argentina se hunde

Brasil se sintió fuerte. El manual de Tite no obliga ni a tener la posesión, ni a lanzarse locamente al ataque. La apuesta está en la compactación, en la presión colectiva y en un fútbol de desgaste…y claro en la improvisación de los de arriba.

Neymar, muy suelto, se inventó una jugada estratosférica en que fue superando a todo el mundo que le salió. Al final, se quedó sin ángulo y su lanzamiento salió por la lateral de la portería de Romero. Era un aviso de lo que se avecinaba.

A la siguiente no falló. En el minuto 45, Gabriel Jesus, ausente en la finalización pero dedicado en cuerpo y alma al trabajo de presión le robó la cartera a Otamendi, su futuro compañero en el City. El balón le llegó a Ney y está vez no perdonó. 2-0. El mismo Mineirao que lloró con el 1-7 a Alemania enloquecía ahora. Leo Messi, en el centro del campo, intentaba procesar lo que había ocurrido.

Argentina se arrodilló en dos jugadas. Mostró una falta de capacidad de reacción alarmante. No pisó área y su estadística rematadora fue paupérrima. Leo fue un incomprendido en campo. Tiró del carro, pero nadie tocó la misma partitura. 

Edgardo Bauza, al que le quedan dos telediarios, no le quedó otra que jugársela tras el descanso dando entrada al Kun en lugar de Enzo Pérez. Sin embargo, fue Brasil el que estuvo a punto de dar la estocada. Neymar interpretó bien que todo podía definirse de golpe y porrazo. Apostó en una cabalgada por la izquierda y el remate de un agrandado Gabriel Jesus no entró por poco. 

El partido estaba ideal para la pizarra de Tite. Sin necesidad de llevar la iniciativa, los brasileños jugaron en el error de los argentinos. Y estos llegaron a caudales. Zabaleta sacó de la línea de gol un lanzamiento de Paulinho. A la siguiente, el centrocampista que estuvo a punto de ir al Barça en 2013 no perdonó. 3-0. Y aún faltaba media hora de juego, que fue interminable para Leo y los argentinos. Olés del público, samba de los brasileños y Leo allí. El mejor de todos, del mundo, de la historia, no se merece esto.

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