El duelo entre el 'bon vivant' y el mourinhista que vale ser bicampeón

HISTORIA SPORT

Renato Portaluppi, ahora en el Flamengo, y Abel Ferreira, en el Palmeiras, buscan su segundo título de la Libertadores

Portaluppi tiene fama de mujeriego mientras que Ferreira es un técnico metódico de la nueva escuela portuguesa

Renato Portaluppi y Abel Ferreira se verán las caras en Montevideo
Renato Portaluppi y Abel Ferreira se verán las caras en Montevideo | SPORT

El Palmeiras-Flamengo, de la final de la Libertadores, es una batalla de pizarras entre el portugués Abel Ferreira y el gaucho Renato Portaluppi, que buscarán entrar en el club de los técnicos con dos títulos continentales. Es un enfrentamiento polarizado no solo entre dos estilos futbolísticos sino dos formas de entender la vida y la profesión antagónicas y difícilmente complementarias.

Portaluppi, que fue campeón con el Gremio en 2017, es un técnico intuitivo, amante del fútbol ofensivo y que tiene opciones para substituir a Tite al frente de la Seleçao tras el Mundial de Catar. A sus 59 años, sigue manteniendo reminiscencias de su figura folklórica como jugador que cultivó durante las décadas de 80 y 90 en Rïo de Janeiro, en un ecosistema donde rivalizaba con Edmundo y Romario. Su principal hobby aún sigue siendo frecuentar la playa de Ipanema y jugar a futvolei con los colegas. Le acompaña la fama de no gustarle demasiado trabajar, lo que le ha valido alguna crítica en su actual etapa en el Mengao. Habla la lengua de los futbolistas y es a partir de la complicidad que crea sus equipos, muy atractivos de ver.

Renato Gaucho, como siempre le llamaron en Río donde ya lo coronaron como rey de la ciudad, era el prototipo de chulo de playa, fanfarrón, charlatán, provocador, fiestero, indisciplinado, hedonista y mujeriego. Ya llegó a afirmar que “llevé a la cama a más de cinco mil mujeres”, en una frase que actualmente, por su trasfondo machista, provoca repulsa.  Votante del ultraderechista Jair Bolsonaro, aún incentiva a sus jugadores “a pasar el tractor” en sus días libres. Representa la actualización de un Brasil futbolístico de otras épocas.

EL DOMINIO PORTUGUÉS EN LA LIBERTADORES

Abel Ferreira, en cambio, es método y trabajo. A sus 42 años puede ganar su segunda Libertadores seguidas, el último que lo consiguió fue Bianchi con el Boca Juniors en el bienio 2000-2001.  Sería el tercer título seguido para entrenadores portugués, tras el triunfo de Jorge Jesus en 2019 con el Flamengo.

En su segundo año en el Verdao, Ferreira ha mostrado con hechos, por qué abraza el mourinhismo. Se ha pelado con árbitros, con la prensa paulista y, cuando los resultados no han llegado, ha cerrado filas con el vestuario en un ‘nosotros contra el mundo’. Y sus planteamientos tácticos los hubiera firmado con los ojos cerrados el actual míster de la Roma, a quien le recomendó el fichaje de su lateral izquierdo Matías Viña.

En las semifinales contra el At. Mineiro, metió dos catenaccio de libro: eliminó el juego de ida en Sao Paulo (0-0) y se clasificó gracias a un tanto de Dudu en el Mineiro (1-1). Su juego, demasiadas veces, aburre a las ovejas. Cuenta con una de las mejores plantillas del continente, pero cede el balón y sobrevive a base de contras. Racanería pura. Este es el planteamiento que tendrá este sábado en Montevideo. Los palmeirenses se lo perdonan todo con la coartada del resultadismo.

Ferreira, en su etapa de jugador, fue un lateral que hizo toda su carrera en el Portugal y tuvo sus mejores momentos en el Sporting de Lisboa. Casado, y con dos hijas, dejó su familia en Portugal y, en sus primeros meses, decidió instalarse en el Centro de Entrenamiento del Palmeiras. Es un adicto al trabajo. Vive para y por el fútbol. Nunca desconecta ni en su faceta de lector empedernido o apreciador de música (le encanta la Bossa Nova), de donde asegura que ha sacado ideas para entrenar y motivar a los suyos.

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