La sangre de hielo de los genios incomprendidos

Ousmane Dembélé es tan frío sobre el terreno de juego como fuera de él; sus recortes dentro del área solo son propios de los genios

Sus eventuales faltas de profesionalidad y sus 'pequeñas' desconexiones en los partidos marcan su forma de vivir el fútbol

El golazo de Dembélé sí llegó pronto | MEDIAPRO

Los rumores de una posible venta cogieron forma el pasado verano. Tras una primera temporada bastante discreta, aderezada eso sí por unos problemas físicos que ejercieron de barrera para cualquier atisbo de evolución en su juego, Ousmane Dembélé afrontaba su segundo curso en el FC Barcelona como una reválida casi definitiva para convencer a todos los estamentos del club que la enorme apuesta realizada por él un año antes no había sido en vano.

No pudo comenzar mejor la temporada oficial el francés, que decidía con un soberbio gol el primer título en juego, la Supercopa de España. Magnífica forma de empezar esa 'reconquista' personal. Tras anotar cuatro tantos en los cinco primeros encuentros oficiales del conjunto azulgrana llegó el primer bache del curso. Valverde lo 'sacrificó' al descanso en el Barça-Girona tras la expulsión de Lenglet y después de jugar una primera mitad bastante exasperante.

A partir de ese momento, un mes de octubre para olvidar alternando titularidades y suplencias (la más dolorosa la de la exhibición del Barça en Wembley en la que no disputó un solo minuto). Un gol decisivo en Vallecas parecía que le volvía a hacer remontar el vuelo, pero entonces llegó la famosa no presentación en el entrenamiento matinal del jueves 8 de noviembre. El jugador no dio señales de vida hasta pasada hora y media del arranque del entrenamiento. Una falta disciplinaria que le acarreó una no convocatoria frente al Betis para luego vivir dos encuentros casi inédito con su selección en la UEFA Nations League.

Un don prácticamente imparable

Suplente en el Wanda ante el Atlético, volvió a tener un destello de brillantez con el 1-1 que le devolvió la confianza del técnico de golpe. El mejor ante PSV Eindhoven y Villarreal, en el derbi frente al Espanyol del pasado fin de semana dejó de nuevo su sello en forma de golazo. En un domingo en el que la prensa volvía a encumbrarlo, el genio incomprendido se durmió y de nuevo apareció la oscuridad. Pero el club decidió en esta ocasión no aplicarle un castigo deportivo. Y él lo ‘agradeció’ con otra obra de arte sobre el césped de un Camp Nou que hace ya semanas que lo ha apadrinado.

El francés tiene un don al alcance de muy pocos jugadores. Maneja las dos piernas con igual destreza y eso, unido a su electricidad y a su agilidad, lo hacen imprevisible y prácticamente imparable para los defensas. Varios son los defensas en lo que llevamos de curso que han sufrido sus temidos recortes en seco y su sangre fría. Porque si de algo va sobrado es de eso, de hielo, de una capacidad brutal para en los momentos en los que cualquier jugador está caliente y alto de pulsaciones, él parece tener horchata en las venas. Casi hasta despreocupación. Una despreocupación que, como ayer ante el Tottenham, también puede generar disgustos, desconexiones inexplicables y peligrosos contraataques. Todo dentro de ese abanico de cosas que te ofrece un genio incomprendido.

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