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Alavés

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0 - 2

Liga 2017 - 2018 · 2ª Jornada 26 de agosto Hora: 18:15h

FC Barcelona

FC Barcelona

Messi se enfada y liquida el partido con el Alavés (0-2)

La estrella, que había fallado un penalti en la primera parte, firmó los dos goles del plácido triunfo azulgrana en la tarde en que debutó Paulinho

Marcos López / Vitoria

A la espera de que el nuevo Barça llegue algún día, Messi siempre está. Mientras Dembélé se enfunda la zamarra número 11 y Suárez se recupera de su lesión y cruzando los dedos para que Coutinho aparezca, si es que aparece, queda Leo. Con él le bastó al equipo de Valverde para completar un práctico inicio de Liga: dos partidos, dos triunfos, seis puntos de seis (0-2). No fue un partido primoroso de los azulgranas, pero suficiente para derribar a un voluntarioso Alavés, aguardando que le lleguen al técnico azulgrana las piezas necesarias para iniciar su obra. Hasta debutó Paulinho en la Liga sustituyendo a Iniesta, el capitán, ovacionado por todo Mendizorroza, puesto en pie.

Presión, pero sin contundencia. Dominio del Barça, pero sin puntería, al menos al inicio. Ni siquiera de penalti porque Messi, que cambió totalmente su forma de lanzarlo, se topó con Pacheco, el héroe de la tarde. El Barça gobernó el partido con un dibujo más reconocible en el que Valverde apostó por el clásico 4-3-3, aunque con varios mensajes en su once inicial. Ve el técnico a Aleix Vidal más como extremo que como lateral porque confió a Sergi Roberto de nuevo a esa posición defensiva.

Tenía el dibujo de siempre, pero sin la contundencia necesaria. Messi, colocado otra vez como falso nueve, tenía a Deulofeu como extremo izquierdo, mientras Aleix cabalgaba por su derecha, quedando el centro del campo de Berlín-2015 al mando de las operaciones: Busquets-Rakitic-Iniesta.

Presión intensa

El Alavés, refundado de inicio a fin en su alineación (solo sobrevivieron cuatro titulares, Pacheco, Ely, Manu García e Ibai Gómez, de la final de Copa) dio un paso atrás. Encerrado por el empuje del Barça. Con y sin balón. Tenía la pelota y, sobre todo, presionaba con tanta energía como si no existiera un mañana. Pero faltaba luz. Mucho trabajo, mucho desgaste, poco brillo.

Aun así, agazapado como andaba el Alavés bajos esas salvadoras manos de Pacheco, capaces de adivinar un penalti distinto lanzado por Leo, tuvo su momento en la primera mitad. Fue cuando Piqué cometió un doble error. Primero en el pase, después en una lenta carrera. Sobrino galopó por la recién estrenada de Mendizorroza mientras Ter Stegen daba un par de pasos al frente.

A medida que Sobrino avanzaba ante un impotente Piqué se agigantaba la figura del meta alemán. Cuando los dos protagonistas, tal si fuera un duelo del viejo Oeste, se encontraron en el área azulgrana la ecuación fue de sencilla resolución. Al delantero, cedido por el City y ahora comprado por el Alavés, le faltaba portería. A Ter Stegen, en cambio, le sobró cuerpo.

Tarde de porteros 

Pero el Alavés ya había lanzado su primer mensaje. A ese tan aplastante como estéril dominio del Barça tenía respuestas peligrosas. Fue entonces cuando el equipo de Valverde en una acción a balón parado, falta lateral sacada por Messi, halló el premio de un penalti a Piqué muy discutido por toda Vitoria.

Resultó extraño, eso sí, el estilo de lanzarlo. Habitualmente, el 10, que sigue siendo un 'falso nueve' con Valverde, tira a la izquierda del portero. En Mendizorroza, en cambio, tiró a la derecha de Pacheco. Tomó poca carrera y empleó un ángulo distinto para colocar su cuerpo. Leo disparó con violencia, pero telegrafiando tanto sus intenciones que el meta del Alavés, con una felina estirada, se disfrazó de súperportero.

La furia de Leo

Deprimido por ese error, el Barça acabó sin energía la primera mitad. Pero Messi, herido por ese fallo que él no tolera consigo mismo, entendió que le tocaba liderar al equipo. Una vez más. O sea, como casi siempre. Se asomó Jordi Alba por vez primera hasta la línea de fondo después de combinar con Iniesta y el 10, que olió la sangre en el área de Pacheco, buscó el balón con fiereza. Se adelantó a la defensa del Alavés y su disparo, que rebotó en Alexis, despistó al héroe de la tarde.

Festejó con rabia ese gol Messi, consciente de que reparaba así ese extraño penalti lanzado antes. Pero seguía sin estar contento. No tenía bastante con un gol. Se despistó un segundo el Alavés y cuando miró el marcador ya iba perdiendo 0-2 porque la estrella no entiende de plácidas tardes veraniegas. Firmó dos goles y se marchó de Vitoria aliviado porque resolvió el partido con autoridad. 

La ficha técnica

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