El Tourmalet: no son pedruscos, son gigantes

El Tourmalet: no son pedruscos, son gigantes

Imagen de archivo de una subida al Tourmalet
Imagen de archivo de una subida al Tourmalet | sport

Merece la pena visitar los tramos de adoquines que rodean la ciudad de Lille y por donde cada año pasan los corredores que disputan la París-Roubaix

Este miércoles, nada menos que 11 sectores de piedras, se incluyen en el menú de la quinta etapa del Tour 2022

¡No son pedruscos, son gigantes! Si me permiten les daré un consejo, guste o no el ciclismo y aunque ni siquiera sepan montar en bicicleta.

Si este verano piensan ir en coche al norte de Francia (por una vez la gasolina no está mucho más cara) o acercarse a la costa de Bélgica a tomar unas ‘moules-frites’ pasen y visiten alguno de los tramos de adoquines que hay cerca de la ciudad de Lille.

Merece la pena y piensen que por ahí pedalean unos chavales, que no son chalados, pero que se ganan la vida por ello.

Este miércoles el espectáculo del Tour entrará en una especie de circo formado por sectores de adoquines, nada menos que 11, donde increíblemente y viéndolos sobre el terreno, lo primero que al profano se le viene a la cabeza es la pregunta: “¿pero es posible pedalear sobre terreno tan y tan áspero?”. Pues sí.

A este periodista una vez, no hace muchos años, se le ocurrió cruzar en bici el Carrefour de l’Arbre, tal vez el más famoso de los sectores que se incluyen en la París-Roubaix, que no se atraviesa ahora en el Tour, aunque se pasa cerca. ¿Sensaciones? No solo rebota la bici de una manera tan exagerada que parece que vaya a romperse, sino que uno enseguida piensa si va a perder por el camino un riñón, o las tripas se le moverán de sitio, o el cerebro saldrá por una oreja.

De ese día, en compañía del exprofesional Pedro Horrillo, un buen especialista sobre los adoquines, solo se recuerdan los chillidos que daba: “¡más rápido, más rápido!”. Y es verdad, porque yendo lento uno se desequilibra y si se coge cierta velocidad, una vez se ha superado el canguelo, es mucho más fácil circular sobre estos pedruscos.

Pero, ¿cómo son realmente? No es obligado pasar por estos parajes al mando de una bici, aunque al hacerlo en coche uno se arriesga a tener que buscar un servicio oficial por los alrededores para una reparación de urgencia de los bajos del vehículo o un taller para que le cambien alguna rueda. Se puede ir a pie, sin problema, y con la cámara del móvil encendida para contárselo de inmediato a los amigos o presumir del paseo a través de Instagram.

Pasan los dedos y hasta una mano pequeña

Enseguida se verá que el espacio entre los adoquines permite poner los dedos e incluso toda la mano si no es muy grande. La separación entre las piedras es exagerado hasta el punto de que crece la hierba y una invitación a un esguince si alguien se despista y no ve dónde coloca el pie. Es sencillamente brutal. No hay nada más que añadir.

Pues sí, por este paisaje, transitarán este miércoles los corredores del Tour al igual que lo hacen cada segundo domingo de abril si no hay elecciones en Francia, como la primavera pasada, o una pandemia, como ocurrió por desgracia en 2020, que se suspendió la carrera, o 2021, que se trasladó al mes de octubre.

Y desde hace dos años también lo hacen las mujeres en una de las pruebas del calendario femenino con mayor audiencia televisiva.

Además, hay un ejército de voluntarios, denominados ‘Les amis de Paris-Roubaix’ que se pasan todo el año mimando los tramos de adoquines. Cambian o reparan las piedras dañadas, limpian el barro.

Vamos, solo les falta pasar el plumero. Son antiguos caminos, levantados en el siglo XIX para que circulasen los carros con bueyes y que si hoy se conservan es solo para la competición ciclista.

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