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Messi celebra su segundo gol al Liverpool

Pues sí, el triple es posible

OPINIÓN

E. Pérez de Rozas

Se han ido cayendo, descolgando, conquistas, algunas, no todas. Lo que iba a ser una locura, es decir, un megabingo, la conquista de las conquistas, se ha ido reduciendo, cierto, pero no hay duda que lo que está haciendo esta temporada el Fútbol Club Barcelona es tremendo, inmenso, casi único y parece, sí, que está haciendo daño, mucho daño, demasiado daño, daño innecesario hasta el extremo de que hay quien, en pleno programa de televisión (cierto, de madrugada, bien entrada la madrugada, y ustedes ya me entienden y con mucho ruido, poco creíble) sale y dice que el gol de falta de Leo Messi, que ha provocado un auténtico tsunami de admiración en el mundo entero (no solo en el fútbol), es un engaño, una falta, una estafa, un robo al Liverpool porque estuvo precedido de una agresión de Messi, un puñetazo y, por tanto, la estrella argentina debió ser expulsada con anterioridad.

Eso, amigos, queridos lectores, seguidores, aficionados o no del Barça, se ha dicho en la tele y hasta se ha escrito en las redes sociales. Y, claro, uno, que lleva meses escuchando y oyendo que el Barça de Ernesto Valverde no juega a nada, es un traidor al ADN azulgrana, se lo regalan todo, tiene una inmensa flor (todo un jardín) en el culo, está ya habituado a todo, absolutamente a todo, pero que el 3-0 y la exhibición culé en la semifinal de ida de la Champions ante los ‘reds’ provoque tantos celos, tanta envidia, tanta rabia, tanta sinrazón, resulta poco menos que incomprensible, injusto y, sí, enfermizo.

Es de eso de lo que les quiero hablar. Del mucho daño que Valverde, Messi, Ter Stegen, Semedo, Piqué, Lenglet, Alba, Rakitic, Sergi Roberto, Busquets, Vidal, Arthur, Coutinho (sí, sí, incluso Coutinho), Suárez, Dembélé… están produciendo en las mentes de mucha gente a la que, en serio, parece saberles mal que un equipo esté cambiando el rumbo del fútbol y, probablemente, de golpe, de sopetón, ¡zas!, en un ¡plis plas!, consiga hacer olvidar, en días, en semanas, en menos de un mes que el Real Madrid, jugando muchíííííííííííííííííííííííííííííímo peor, ganó tres Champions consecutivas.

Entiendo, comprendo y habrá quien lo justifique que, en medio de una de las temporadas (sino ‘la temporada’) más desastrosa de la historia del Real Madrid (desde luego su final está siendo lamentable y lacrimógeno), a mucha gente de la capital del Reino le duela que el Barça sea el equipo que más está brillando a nivel mundial y, por supuesto, el único y primer club que tenga la maravillosa, gloriosa, moderna, retadora y triunfante posibilidad (ahí el Real Madrid se queda corto y Florentino Pérez no parece estar dispuesto a aceptar ese reto) de convertirse en la primera entidad que disputa las dos finales de Champions, masculina y femenina, el mismo año.

Respecto al reto, ya imposible, de conquistar las otras Copas de Europa (la ausencia en la Final Four de basket duele, y mucho), solamente me gustaría reproducir una de las respuestas del gran, del inmenso, Perico Delgado en una entrevista en el diario ‘El Mundo’: “Estamos enseñando a ganar, cuando deberíamos enseñar a perder. Porque, sencillamente, ocurre más veces. Yo corrí 11 Tours y solo gané uno. El deportista a lo que está acostumbrado es a convivir con la derrota.

Pero estamos creando una sociedad de iconos victoriosos y nos olvidamos de la cantidad de trabajo y derrotas que son necesarias para lograr una sola victoria. La de veces que antes de ser primero, has sido segundo, tercero, último o has abandonado. Ganar es el objetivo, pero no es lo que define al deportista. Lo que le define es todo el trabajo que hace para intentar ganar. Lo logre o no. Cuando yo era segundo o tercero en el Tour de Francia, se vivía como un auténtico éxito. Ahora eres segundo y te dicen que sí, que bien, pero que has perdido. Me da pena que estemos creando una sociedad donde solo sirve ser el nº 1”.

Respecto al Barça de Valverde, Messi, Ter Stegen, Piqué… ya saben, todos, seguimos a las puertas de otra gran temporada, logren o no el triplete. Nunca olvidaré que no hace tanto conquistaron un doblete único y aún hay gente que les recuerda Roma. Yo, desde luego, no pienso felicitarles más. Su temporada ya es de sobresaliente. Siempre he sospechado de los ‘cum laude’, que significa “con alabanza”. Yo no los puedo alabar más, lo siento.

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