A pesar de ser superior, el Barcelona no pudo conseguir la victoria ante el Alavés en su último enfrentamiento

No se la pases

OPINIÓN

Xavi Torres

@xavitorresll

Creía el aficionado que lo que él vivió en el patio del colegio solo sucedía ahí. Él, que acostumbraba a tropezar con las baldosas, jugaba al fútbol con sus compañeros de clase en la posición de medio-estorbo, ya saben, aquella por la que jamás pasa el balón. Ganaba y perdía sintiéndose uno más pero con la curiosa circunstancia de que nunca tocaba la pelota, ni para sacar de banda. La semana pasada, en el descanso del partido Borussia M’gladbach-Real Madrid de Champions, Benzema le dijo a su compañero Mendy que no le pasara el balón a Vinicius porque “juega contra nosotros”. Fuera de contexto, suena mal. En la lógica del fútbol profesional, sin embargo, no hay nada por lo que llevarse las manos a la cabeza.

En esta tribuna ya nos hemos referido a esta cuestión en alguna que otra ocasión. En el lenguaje del fútbol profesional la única palabra que sirve es ‘ganar’. Por ego, por reconocimiento y por dinero. Este es el objetivo individual de todos los deportistas que, en el caso del fútbol, se convierte en colectivo por necesidad. Si alguien no tiene la calidad o no es lo suficientemente responsable para aportar algo al grupo éste se encargará, con naturalidad, de hacerlo invisible. Y esto ha sucedido ahora y siempre, y en algunos casos la pena es pasajera y en otros, definitiva. A Benzema lo cazaron las cámaras por hablar cuando y donde no debía pero hay otros indicadores que nos llevan a la misma conclusión. También en el Barça.

Hablamos de Dembélé, lo más parecido a Vinicius que hay en el Barça. Ante el Getafe, antes de ser sustituido a la hora de partido, había perdido 13 balones. El equipo fue incapaz de jugar de manera continuada y acabó perdiendo por 1 a 0. Ronald Koeman estaba furioso con su actuación. Fue suplente ante el Ferencvaros y el Real Madrid pero volvió al equipo en Turín donde en 66 minutos apenas perdió 3 balones. Jugó bien, anotando incluso. Messi, a quien no se le escapa ningún detalle, le dio 12 balones para explotar su fútbol. El técnico, respiró. El sábado, ante el Alavés, Dembélé volvió a las andadas: perdió siete balones en la primera parte y fue relevado en el descanso. ¿Saben cuántos balones le pasó Messi en esos 45 minutos? Uno. “Para qué más”, debió pensar el ‘10’.

De la madurez que demuestre Vinicius, que tiene 20 años, dependerá el éxito de su carrera. Sigue en época de aprendizaje a pesar de disputar su tercer año en el primer equipo del Real Madrid. Tampoco nadie es capaz de saber lo que sucederá con Dembélé, que tiene 23 y se enfrenta a su cuarta temporada en el Barça. No tropieza con las baldosas ni juega de medio-estorbo pero, como el aficionado, corre el peligro de perder la confianza de sus compañeros

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