Con la duda de Ramos, el Rayo no sabe qué Madrid aparecerá

A. Alcázar

Con el debate Ramos sí, Ramos no, Vallecas no sabe qué Madrid se va a encontrar. Al complaciente que solo aprieta cuando el marcador agoniza en su contra, o al hambriento de la temporada pasada. Lo que sí sabe es que los blancos llegan con malos rollos internos provocados por las excentricidades de un entrenador que utiliza sus peones al antojo de un libreto disciplinario que unos deben cumplir y otros no. Con ese mar de fondo saben que no pueden dejarse más puntos en una Liga que ellos mismos han puesto cuesta arriba por culpa de un fútbol ramplón.

El Rayo, una vez más, aparece iluminado por la ilusión del equipo modesto que sale al campo a divertirse, porque demasiado tiene con sus limitaciones como para encima amargarse la vida por no llegar al nivel de millonarios rivales como el que le toca hoy recibir. Paco Jémez, un tipo optimista e innovador, inculca a sus jugadores descaro para afrontar partidos de una competición que encaran como una cuesta empinada cuyo premio final es la permanencia. En base a ese ímpetu de ilusión y lucha esperan hacer algo importante ante un rival cuyo eco se multiplica cuando le plantan cara. Ambos equipos han escondido sus cartas sin dar referencia al otro.

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