Los Juegos empiezan con medalla

Adriana Cerezo baña en plata sus sueños de taekwondista y se proclama campeona olímpica con tan solo 17 años

Adriana Cerezo posando con la medalla en Tokio 2020
Adriana Cerezo posando con la medalla en Tokio 2020 | EFE

Manoj Daswani (Tokio)

Madrugadora primer gran alegría para España, que se ahorra los agobios y la larga espera de los Juegos anteriores hasta estrenar su medallero y pisar por vez primera el podio. Anoche lo hizo Adriana Cerezo, una taekwondista de solo 17 años y que había empezado a competir a escala profesional muy poco antes de la pandemia.

Su precocidad y naturalidad abruman. La trayectoria de la 'niña maravilla' -que así la llaman- fue impecable hasta el cruce final y trajo consigo una exhibición, la que dio contra Wu, una de las más brillantes especialistas de este deporte en todos los tiempos. El tatami japonés se rindió a Cerezo, a la que su talento llevó en volandas hasta el duelo por el oro. Una vez en el cruce definitivo, la derrota dolió porque fue en el último suspiro. Sus lágrimas fueron de plata.

Adriana recoge el testigo de Mireia Belmonte, primera medallista en Londres y también en Río; de Samuel Sánchez, el primero en Pekín; y de María Quintanal y Nina Zhivanevskaya, que estrenaron el contador de podios en Atenas y Sidney, respectivamente.

Los pronosticadores ya incluían en casi todas las quinielas al taekwondo como una baza segura. Excepcional fábrica de talentos, este deporte presenta candidaturas al podio casi todos los días. Ayer fueron dos, pero Adrián Vicente se quedó por el camino y sin opción a la repesca. Hoy, quien oposita al oro es Javier Pérez Polo con un cuadro presuntamente favorable.

Casi todo lo demás fueron decepciones. Una pésima estrategia de equipo y quién sabe si la influencia del trasiego del día anterior (el masajista de la selección había dado positivo) lastró al ciclismo español y a su líder Valverde, que dio muestras de fragilidad desde muy pronto. Los resultados del quinteto nacional hablan por sí solos: ni un solo clasificado entre los 20 mejores. Bajo la sombra del imponente monte Fuji, Tokio coronó a Carapaz en una conquista histórica para su país; plata fue Van Aert y bronce Pogacar, que triunfa allí donde va.

El judo coleccionó decepciones inesperadas (Garrigós y Figueroa, que eran opciones serias de medalla) y en los deportes de equipo empezaron todos con buen pie. El equipo de hockey lo hizo con empate ante Argentina, vigente campeona olímpica, y el gol lo anotó Pau Quemada de penalti córner. En balonmano, victoria con agobios para comenzar; y en waterpolo, también triunfo en el día uno de competición. Las malas noticias llegaban a esa hora desde Sapporo, donde Luis de la Fuente descartaba a Mingueza y Ceballos para el duelo crucial de hoy contra Australia; y en baloncesto, porque finalmente no podrá competir Hernangómez.

En unos Juegos la distancia entre el éxito y el fracaso es a veces la misma que separa un día afortunado de uno aciago. Ayer no había palabras para consolar a Néstor Abad, a quien todo le salió mal en gimnasia y dijo adiós a sus aspiraciones el mismo día que debutó. Lo mismo le ocurrió al púgil José Quiles, que había prometido pelear por el oro y se marchó para casa a las primeras de cambio. Eso sí, augurando que dará guerra si vuelve en París. Hoy empieza la vela, frecuente semillero de éxitos. Y compiten Mireia y Maialen. Ambas ya conocen las mieles olímpicas.

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