La cara negra de la leyenda blanca

Polémica con las seis copas del Madrid
Polémica con las seis copas del Madrid | sport

Fernando Baquero

La grandeza del Madrid en la Copa de Europa hay que cogerla con alfileres. Sus cinco primeros entorchados cabe valorarlos en un clima de amiguismo en el que uno de los objetivos consistía en tratar de favorecer la imagen del club blanco creando un torneo a su medida en el que se agolparon algunas decisiones sospechosas.

El Real Madrid, encabezado entonces por dos adeptos al Régimen como Santiago Bernabéu y Raimundo Saporta, se apropia de la idea forjada en L’Equipe de crear un torneo de ámbito europeo que de inicio no encontró la aprobación de la recientemente creada UEFA. Fue tal la injerencia madridista en la creación de la Copa de Campeones Europeos que el propio Bernabéu se arrogó el cargo de vicepresidente. El objetivo no era otro que hacer del Real Madrid, un club de alto standing. Hasta entonces no tenía pedigrí en Europa y estaba a la sombra del FC Barcelona en España. 

Las buenas intenciones de L’Equipe se encontraron con la intromisión de los dirigentes del Real Madrid, quienes lograron imponer algunas condiciones en una reunión celebrada en París en la que se delimitaron las líneas maestras de la nueva competición. Un año después, echaba a andar el torneo que debía enfrentar a los campeones nacionales europeos pero que en su primera edición contó con 16 equipos ‘elegidos’ por Santiago Bernabéu, de los que sólo siete habían ganado su Liga. Se quedó fuera incluso el representante inglés, el Wolverhampton, autoproclamado entonces mejor equipo del mundo tras haberse impuesto en un amistoso al exponente del mejor fútbol de la época, el Honved de Puskas, Kocsis y Czibor.

Salvados los escollos de Partizan y Milan, el Real Madrid ganó (4-3) al Stade Reims en la primera final de la competición, disputada en París por deseo de L’Equipe, que veía una gran posibilidad de negocio al estilo del que le proporcionaba el Tour de Francia. El reinado madridista se cimentó en un nombre propio, el de Alfredo Di Stéfano, quien se había enfundado la camiseta blanca después de que la Federación Española de Fútbol, auspiciada por el Gobierno franquista, tomase partido en el duro litigio que mantuvieron el Barça, que había negociado su fichaje con River Plate, poseedor de sus derechos, y el Real Madrid, que trató con Millonarios, su club de origen.  

Los goles de Gento y Di Stéfano frente a la Fiorentina dieron el segundo tÍtulo consecutivo al Real Madrid, que no cayó eliminado antes porque Saporta supo maniobrar para  forzar un partido de desempate ante el Rapid de Viena en el Bernabéu a cambio de una parte de la taquilla.  

La tercera Copa de Europa del Real Madrid llega en una edición en la que ya toman parte 24 equipos, entre ellos el Sevilla. La final, a la que llegó tras una serie de emparejamientos benévolos, la jugó y la ganó (3-2) ante el Milan en un estadio de Heysel que recordó los mejores ambientes del Bernabéu ante la masiva presencia de emigrantes españoles en las gradas.

El Real Madrid, que en el terreno de juego se movía al ritmo que marcaban jugadores como Di Stéfano, Gento o Rial, se manejaba entonces muy bien en los despachos, como prueba la nacionalización exprés de su último fichaje, el húngaro Ferenc Puskas. En la edición 1958-59 se topa con Besiktas y Viena después de librarse de nuevo de la ronda previa. Tras eliminar el Atlético en un desempate en Zaragoza, el equipo blanco daba buena cuenta (2-0) del Stade Reims en la final. 

La quinta Copa de Europa evidenció las buenas artes del Madrid en los despachos. Puskas se echa al equipo a la espalda y si en su primera temporada blanca no pudo jugar  la final contra el Stade Reims en Stuttgart, en la segunda (1959-60) no sólo marcó 14 goles, sino que en la final disputada en Glasgow , que finalizó con  7-3 a favor de los españoles, anotó cuatro goles, convirtiéndose en el jugador que más goles ha marcado en una final europea.

Aquel año, el FC Barcelona, pese a haber sido el campeón de la Liga española, tuvo que afrontar una eliminatoria previa y el Madrid accedía de nuevo a octavos de final de forma directa. Mientras los blaugrana iban dejando por el camino a dos de los favoritos, el Milan y el Wolverhampton, el equipo merengue se deshacía de los amateur luxemburgueses del Jeunesse y luego del Niza. Tras eliminar al Barça, la victoria por 7-3  en la final sobre el Eintracht Francfort fue incontestable pero el periodista Xavier García Luque explica en un artículo en La Vanguardia que sobre el césped del Hampdem Park se pudo ver la curiosa imagen de Puskas pidiendo perdón a los jugadores alemanes tras marcar el cuarto gol al transformar el penalti más injusto y ridículo que se ha pitado nunca y que se puede ver en youtube.

Aquella quinta Copa de Europa puso punto final al origen de una leyenda intencionadamente desvirtuada en beneficio de un club de fútbol y de un régimen que necesitaba limpiar su imagen en el exterior. El Barça, en octavos, puso fin a la hegemonía blanca y el Madrid iniciaba una larga travesía en el desierto que se prolongó durante 30 años con la única excepción de la Copa de Europa conquistada en 1966 de la mano de una nueva generación, la de los ye-yés, encabezada por Zoco, Pirri, Grosso,  Amancio y Velázquez. Desde entonces tuvieron que pasar tres décadas para que el Real Madrid comenzara a ganar las copas de Europa en color. Y, cómo no, con polémica con el gol de Mijatovic en fuera de juego en la final contra la Juventus de Zidane.

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