Memphis, un león con mil caras

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Memphis, un león con mil caras

Koeman: Depay, Agüero y Eric Garcia son muy buenos fichajes | MEDIAPRO

Tiene una marca propia de ropa, Memphis Depay Clothing, y ha publicado varios álbumes de rap

Su fundación trabaja con niños ciegos y sordomudos en Ghana, el país en el que nació su padre

Es imposible explicar la personalidad de Memphis Depay sin viajar a su pueblo, Moordrecht, en los últimos años del siglo XX y los primeros del XXI. Allí, en un entorno complicado, creció el delantero del Barça.

Allí forjó su personalidad durante una infancia poco convencional y muy complicada: su padre ghanés abandonó el hogar cuando Memphis solo tenía tres años. Poco después, su madre, Cora Schensema, inició una relación con otro hombre, pero las cosas tampoco salieron bien: cuando a su padrastro le tocó la lotería, también desapareció. Su madre llegó a pasar unos meses ingresada en un centro de salud mental y Depay vivió con sus abuelos maternos.

“Memphis creció con la sensación de que no tenía nadie con quien hablar”, explica el periodista neerlandés Sjoerd Mossou, que conoce bien a Memphis y su entorno. “Nunca tuvo las cosas fáciles: Moordrecht es el típico pueblo mediocre holandés, y luego estaban los conflictos raciales, frecuentes en aquella época”. 

Memphis era un niño retraído y desconfiado. Las peleas constantes con sus hermanastros no le ayudaron a abrirse a los demás. “En el colegio también lo pasó mal. Era un niño diferente, y muy pronto le colgaron la etiqueta de chico malo. Los padres no querían que sus hijos jugasen con Memphis. Nunca le invitaron a una fiesta de cumpleaños”, recuerda su madre en un reportaje publicado en el diario ‘AD’. Esos años forjaron un Memphis duro, desconfiado, narcisista y rebelde, una personalidad que con el paso de los años se ha ido atemperando. Últimamente, la religión ocupa un papel fundamental en su vida (su madre ejerce de líder protestante en su comunidad, en la localidad de Wesepe, muy cerca de la granja en la que vive en el centro del país, que Memphis le regaló hace cinco años. 

“Es un chico especial, con una personalidad muy fuerte”, confirma Mossou. “Cuando llegó al United en 2015 solía decir que su objetivo era ser el número uno del mundo y que no se conformaba con ser uno más. Pero con el paso del tiempo ha ido moderando sus ambiciones, a medida que fue madurando. Se dio cuenta de que ponerse como objetivo ser el número uno del mundo solo suponía presionarse más a sí mismo”. 

Música y ropa

Pero su personalidad va mucho más allá: le interesa la moda y la música, pero no como simple espectador o consumidor. Tiene su propia marca de ropa, MDC (Memphis Depay Clothing) cuyo símbolo es una imagen inspirada en sus celebraciones, con las manos tras las orejas, desafiando al público y sobre todo a sus detractores. En el plano musical, Depay ha publicado varios trabajos como cantante de ‘rap’. 

Debutó en 2018 con el disco llamado ‘No love’ y en una de sus últimas canciones, ‘Big fish’, publicada en noviembre de 2020, envió un mensaje a los dueños del Manchester United. “Necesito dinero, como los Glazer”, rezaba la letra.  

Ese perfil ha construido una imagen en torno a Memphis que no siempre responde a la realidad. “Desde fuera, a veces parece un jugador de la NBA: coches caros, casas grandes, joyas, etc. A él le gusta ese estilo, es innegable”, añade Sjoerd Mossou, que también explica por qué los neerlandeses parecen tener una relación de amor-odio con Depay. “En Holanda tenemos un dicho que viene a decir, ‘compórtate con normalidad, eso ya es bastante locura’. La gente aquí prefiere comportamientos estándar, que no se salen de las líneas marcadas, así que imagínate cómo muchos holandeses ven a Memphis; como un bicho rar. Con Frenkie de Jong ocurre todo lo contrario”. 

Y eso que el símbolo del país, un león, ocupa toda la espalda del jugador en forma de tatuaje. Pero no todo lo que rodea a Depay es frívolo: En 2019 puso en marcha la fundación que lleva su nombre y que trabaja para ayudar a los niños sordomudos y ciegos de Ghana, el país en el que nació su padre. Su círculo de confianza es muy cerrado: apenas diez personas en las que confía ciegamente, entre ellos un ‘coach’ con el que trabaja desde su etapa en el PSV.

“Sordo y ciego ante el mundo. Eso significa mucho para mí: la gente siempre va a tener una opinión y yo siempre estoy abierto a la crítica, pero al final soy yo quien toma las decisiones de mi vida”, asegura.

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