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José Iborra, la 'fiera' indomable

Guardameta del FC Barcelona entre 1936 y 1937, destacó por su acusada personalidad en el marco

Fue uno de los componentes de la salvadora gira por México en 1937 y no regresó a Catalunya

Pepe el Nene Iborra, en una imagen de su etapa barcelonista
Pepe el Nene Iborra, en una imagen de su etapa barcelonista | Archivo

El FC Barcelona apenas disfrutó dos años de José Iborra, un guardameta que estaba llamado a escribir páginas históricas en la portería azulgrana por su talento, valentía y acusada personalidad. Aterrizó en Les Corts en su mejor momento, con 27 años, pero el curso de la historia lo llevó por caminos que nunca hubiera imaginado. Integrante de la salvadora gira por México en 1937, fue uno de los jugadores que no regresaron a Catalunya.

José Iborra Blanco nació en Barcelona el 12 de junio de 1912. Vio la luz en el número 89 de la calle Roger de Flor, en el 4º-4ª, y fue el tercer y último varón del matrimonio formado por Máximo (alicantino) y Águeda (murciana). La infancia de José, desde pequeño Pepe, transcurrió en el barrio, junto a sus padres y hermanos, Andrés y Francisco.

Primeros pasos en el CD Europa

Sus primeros pasos los dio en el equipo infantil de la Peña Alcoriza, bajo la tutela del CD Europa. No destacaba por su altura, pero sí por su arrojo, unos reflejos felinos y un carácter indomable. Lo demostró, por ejemplo, el 16 de agosto de 1929, con 21 años, en un amistoso entre la UE Girona y la Peña Alcoriza disputado en Banyoles.

¡Se fue de la portería!

Pese a la derrota por 4-0, Iborra fue uno de los destacados por salvar goles cantados. Sin embargo, el verdadero protagonismo lo cobró cuando el árbitro pitó penalti tras unas manos involuntarias de un compañero suyo dentro del área. Así contó El Mundo Deportivo lo que sucedió a continuación: “El público abucheó la decisión, retirándose Iborra del marco y Viñas ejecutó el penalti echando el balón a out”. La presencia del ídolo Bordoy así como los que aspiraban a sucederle, Florenza y Altés, cerraron las puertas del primer equipo escapulado al joven Iborra, que tuvo que emigrar para seguir evolucionando en el fútbol, su gran pasión.

Peregrinación

Empezó entonces una peregrinación por distintos equipos. La temporada 1929-30 defendió el marco del FC Lleida, que valoró su excelente condición física, que le permitía reaccionar de forma muy rápida para la época. Representantes del equipo de la Terra Ferma lo vieron jugar en Barcelona y no dudaron en hacerle una oferta, que Iborra aceptó para seguir creciendo. Fue invitado a llevar a cabo una prueba y convenció.

El curso 1930-31 lo jugó con el CD Patria de Zaragoza para regresar otra vez al equipo leridano la campaña 1931-32. Después, durante unos meses de 1932, integró la plantilla del CD Logroño, donde fue suplente de Urreaga. Iborra se curtió en estas aventuras lejos de casa y empezó a labrarse un nombre.

Ficha por el Sants

Regresó a Catalunya la temporada 1932-33 de la mano de la UE Sants, donde jugó al lado de otros jugadores que, en el futuro, también cruzarían sus carreras con el FC Barcelona, caso de Josep Escolà o Joan Villacampa. El equipo verdiblanco acabó el Campeonato de Catalunya en sexta posición, superando al Martinenc FC y al FC Badalona. En la Liga, de Tercera División, el conjunto del popular barrio barcelonés fue cuarto.

La buena campaña de Iborra en la UE Sants propició que fuera requerido por el RCD Espanyol para reforzar al campeón de Catalunya en una tournée por las Islas Canarias en el verano de 1933. De todas formas, el excelente estado de forma del titular blanquiazul, Lázaro Florenza, dejó a Iborra sin la oportunidad de demostrar sus cualidades.

Salto al Girona

El Girona FC, uno de los equipos fundadores de la Tercera División, pujó entonces fuerte por él y se hizo con sus servicios en agosto de 1933, anticipándose al Oviedo, que también se había interesado por el portero catalán. El presidente gerundense, Lluís Ribas, como contó el propio Iborra en una entrevista al Diari de Girona en junio de 1988, cuando le tributaron un homenaje, recordó que “me vio jugar y llegamos a un acuerdo. Cobraba 300 pesetas al mes, era una cifra muy pequeña, pero en aquel tiempo, con esa cantidad podían hacerse bastantes cosas. Recuerdo que venía a comer a la Fonda Casa Marieta”.

Defendió el marco gerundense dos campañas, la 1933-34 y la 1934-35. Iborra brilló con luz propia. En el primer curso jugó el Campeonato de Catalunya (el Girona FC fue quinto) y la Liga de Tercera División, proclamándose campeón, aunque no accedió a la liguilla final tras caer en la fase intermedia. Eliminó al Alicante FC (1-1 y 2-1) pero dobló la rodilla ante el Recreativo de Granada (2-2 y 2-0). El Girona FC no pudo contar con Iborra en los partidos finales.

En marzo de 1934 partió hacia Ceuta para cumplir con sus obligaciones militares. En realidad hubiera tenido que irse en febrero, pero una lesión en el pie derecho demoró su incorporación a filas. “És llàstima que la seva marxa al servei militar ens privi de copsar les seves actuacions”, pudo leerse en el Diari de Girona del 21 de marzo de 1934.

La segunda temporada en el Girona FC (1934-35) fue la de su consagración. En el Campeonato Regional de Catalunya, pese a la penúltima posición en la tabla, fue uno de los jugadores más destacados del equipo. Y en la Liga, tras la reestructuración, actuó en Segunda División. El Girona FC acabó cuarto del grupo segundo, superado por el CA Osasuna, CD Sabadell y Zaragoza CF. Pero las ‘novias’ seguían saliéndole a Iborra.

El 1 de abril de 1935, el Diari de Girona desveló que el Racing de Santander se había dirigido oficialmente al Girona FC para proponerle el traspaso del guardameta por la cantidad de 15.000 pesetas, pero la directiva no dio la baja al portero por tener la promoción muy cerca, aunque finalmente no la alcanzara. Uno de sus últimos partidos con el equipo gerundense llevó a Iborra otra vez a Les Corts, para jugar contra el equipo reserva del FC Barcelona. Fue el 20 de mayo de 1935 y el Girona FC dio una auténtica exhibición (0-5). Destacó especialmente la línea defensiva del cuadro visitante, integrada por Iborra en el marco y Farró Torredeflot en la zaga. Los tres, según la crónica de L’Instant, “van constituir un bon mur de contenció”.

Se resistió a firmar por el Barça...

A principios de agosto de 1935 la prensa se hizo eco del traspaso de Josep Iborra y Domènec Balmanya al FC Barcelona. Se deslizaron las cifras de la operación: 15.000 pesetas para el Girona FC y 4.000 y 6.000 de ficha respectivamente para los dos jugadores. El equipo azulgrana, además, cedió al portero Josep Francàs y al centrocampista canario Juan Trujillo al club gerundense.

El Barça lo fichó como relevo de Pepe Nogués, aunque Iborra siempre recordó que el traspaso, al principio, no lo ilusionó. “Creo que he sido uno de los pocos jugadores que me he resistido a firmar por el club azulgrana… Allí estaba Nogués, que era un porterazo. Y yo podía pasarme mucho tiempo en el banquillo. Prefería jugar en el Girona y así se lo dije al presidente Ribas cuando vino llorando a intentar convencerme de que fichara por los barcelonistas”.

Y es que, como apuntó también en 1988 en el Diari de Girona, “el club necesitaba el dinero del traspaso y la operación era muy favorable para los rojiblancos… Al final, para complacer al presidente, me fui al Barcelona”. En la entidad azulgrana dobló el sueldo y pasó de las 300 a las 600 pesetas. Y también cobró una ficha de 10.000 pesetas (en la prensa se habló de 6.000), además de embolsarse 250 pesetas por partido ganado.

En el FC Barcelona

Iborra fue el titular del FC Barcelona en el Campeonato de Catalunya 1935-36, proclamándose campeón el 20 de octubre de 1935 después de golear al CD Jupiter (11-0) en Les Corts. Su amigo Escolà, con el que coincidió en la UE Sants, firmó siete de esos goles. Igualmente, Iborra empezó siendo el guardián del portal azulgrana en la Liga. Debutó el 10 de noviembre con derrota en Sarrià ante el RCD Espanyol (1-0). En el segundo partido, en Les Corts el 17 de noviembre, saboreó la primera victoria (y goleada) contra el Athletic Club (5-1).

Expulsado en Mestalla

Y en el tercer duelo, en Mestalla el 24 de noviembre, fue expulsado a los 10 minutos de juego. Iborra fue a por un balón aéreo que también buscó Manuel Guijarro. El jugador local, que saltó más, acabó arrollando al guardameta, que recibió un codazo en la boca. El futbolista  del FC Barcelona, considerando que había sido atropellado, fue a por Guijarro y lo mordió en un brazo. Guijarro, entonces, le soltó un bofetón en el rostro. En cuestión de segundos se pasó del fútbol al boxeo… Iglesias, el árbitro, expulsó a ambos.

El húngaro Emil Berkessy, un centrocampista de gran envergadura, pasó a ocupar el marco. La salida de Iborra del campo fue muy comentada. El guardameta se sacó el jersey para cedérselo a su compañero, quedándose a pecho descubierto y enfilando el camino de los vestuarios luciendo solo el pantalón corto… “exponiéndose a un catarro”, comentó As. El duelo finalizó con victoria para el FC Barcelona (1-2). Berkessy, pese a encajar un gol, el 1-1 en el minuto 46, obra de Amadeo, firmó un partidazo.

Días después la FEF castigó con dos semanas de suspensión a Iborra por agresión y una a Guijarro por contestarla. El marco azulgrana pasó a manos de Pepe Nogués ante el Sevilla FC (4-1) en Les Corts y de Ramon Llorens contra el Racing Club (4-0) en El Sardinero. Iborra recuperó la confianza de Patrick O’Connell tras la sanción y jugó los siguientes 13 partidos. El primero, contra el Oviedo en Les Corts, y no lo pudo empezar peor… Al minuto y medio fue a por un balón aéreo lanzado por Herrerita. Lo fue a detener sin problema alguno, pero resbaló, colándose el esférico en su marco. Y con empate a dos, un disparo a bocajarro de Antón se estrelló en las costillas del guardameta, que quedó KO algunos minutos. Felizmente, se recuperó y aguantó en su sitio hasta el final. El FC Barcelona reaccionó y acabó imponiéndose por un rotundo 5-2.

Partidazo en el Metropolitano

El 9 de febrero de 1936, en el Metropolitano de Madrid, contra el Atlético, firmó, seguramente, uno de sus mejores partidos como azulgrana. Fue clave en la victoria 0-3, con hat-trick de Escolà, pese a saltar al terreno de juego con fiebre. As, en la crónica del duelo, disputado bajo una pertinaz lluvia que dejó el campo impracticable por el barro, dijo del guardameta: “Su labor fue excepcional: perfecta su colocación, que le permitió detener remates que parecían tantos hechos, y su manera de blocar, maestra”.

En otro medio, La Época, pudo leerse que Iborra hizo “inverosímiles paradas” y que “(…) se mostrase tan infranqueable como un Zamora de los tiempos gloriosos”. El Heraldo de Madrid tampoco escatimó elogios para el guardameta: “Pero el pequeño Iborra lo detenía todo: balones claros, balones difíciles, y cuando llegó al máximo de su acierto fue al detener un remate de cabeza de Elícegui hecho a dos metros de la portería, pues el balón venía servido del extremo izquierda Lazcano; después detuvo un tiro fulminante y sobre la marcha de Elícegui con la cara, y así fue como este jugador deshizo por completo las posibilidades del Atlético”.

Oda a la fiera

Y en La Nación le dedicaron incluso una oda:

¿Quién es ese Iborra? // ¿Quién es esa fiera de jersey y gorra y que no hay manera de meterle un gol? // ¿Es quizá español? // ¡Señores, qué saques! // Y con qué dominio sufre los ataques // ¿No será abisinio?

El redactor de Ahora también se rindió a la labor de Iborra: “Se comprende que un pequeño portero como él pueda rápidamente zambullirse a los tiros rasos. Se comprende menos que salte con tan prodigiosa agilidad a los balones altos. No se comprende de ninguna manera que sujetara, sobre todo un par de balones rebotados con la fuerza de una bala en la cabeza de Elícegui y que salieran proyectados desde dos metros, hacia la portería cubierta siempre por aquel diablo. No puede ser…”.

Iborra perdió la titularidad en favor de Pepe Nogués en los últimos cuatro partidos de Liga, después de la derrota azulgrana en Chamartín (3-0) contra el Real Madrid el 22 de marzo de 1936. El FC Barcelona acabó la Liga en quinta posición. Fue superado por el Athletic Club (campeón), Madrid CF, Oviedo FC y Racing Club.

La temporada siguió con la disputa de la Copa. El torneo lo inició Pepe Nogués. El FC Barcelona apeó al Sporting (de Segunda) y RCD Espanyol (cuartos). En semifinales se las vio con el CA Osasuna, perdiendo en San Juan 4-2. En la vuelta, O’Connell devolvió la titularidad a Iborra. El equipo azulgrana levantó la eliminatoria en Les Corts y barrió al equipo navarro (7-1) tras una excelente actuación de Escolà (cinco goles) y Munlloch (cuatro asistencias).

También se alineó en la final del 21 de junio de 1936, en Mestalla contra el Real Madrid (2-1). E Iborra volvió a poner de manifiesto su personalidad sobre el campo cuando, al inicio del segundo tiempo, ya con desventaja azulgrana en el marcador, fue a por Sañudo después de que el jugador blanco lo cargara cuando fue a por un balón aéreo. Ostalé, el árbitro, amonestó a ambos y allí no pasó nada. Al final, un disparo de Escolà, que pudo ser el empate a dos, lo sacó Zamora con una parada que ha pasado a los anales de la historia…  

31 partidos con el Barça

Con el FC Barcelona, además del Campeonato de Catalunya 1935-36, también fue campeón de la Liga Mediterránea (1936-37). Defendió el marco azulgrana en 31 partidos oficiales (16 de Liga, siete del Campeonato de Catalunya, seis de la Liga Mediterránea y dos de Copa). Además, disputó 23 duelos de carácter amistoso. Y con la selección de Catalunya disputó dos encuentros.

Sin embargo, la situación, con la guerra ya causando estragos, empezó a ser insostenible y el FC Barcelona acabó aceptando la invitación para realizar una gira por México a cambio de 15.000 dólares libres de impuestos. La expedición azulgrana puso rumbo hacia su salvación económica e Iborra fue uno de los que emprendió la aventura. En su mente, sin embargo, estaba el regresar. “Siempre dije que me fui allí para cuatro semanas y han pasado 65 años”, recordó poco antes de su muerte.

Un mexicano más

En México, como a todos los jugadores del FC Barcelona, lo trataron exquisitamente. Tanto, que optó por quedarse para seguir jugando al fútbol. Y, como él mismo reconoció en multitud de ocasiones, “me recibieron de forma espléndida”. Defendió el marco del RC España, un equipo representativo de la comunidad española en el país, entre 1938 y 1943. Con este equipo consiguió la Liga Mayor las temporadas 1939-40 y 1941-42. Integrado completamente en la nueva comunidad, contrajo matrimonio con María de los Ángeles Álvarez, mexicana hija de españoles, con quien solo tuvo una hija, María Teresa Iborra, que falleció solo con 37 años víctima de una cisticercosis cerebral. Le dio dos nietos: Francisco y María Teresa Barranco Iborra. El enlace lo llevó hasta Puebla, ciudad en la que residía la familia de su esposa y en la que su suegro era un reconocido hombre de negocios.

Se enrola en el Puebla

Allí siguió jugando y se enroló en las filas del Puebla FC, siendo el primer guardameta del equipo de La Franja en disputar partidos en la era profesional del fútbol mexicano. Don de liderazgo y reflejos felinos lo convirtieron en uno de los ídolos inmediatos de la afición poblana, que lo conoció siempre como el Nene. Su nieto, Francisco Barranco, desvela el origen del apodo: “Él llamaba Nene a todo el mundo. Era muy malo para recordar el nombre de la gente, así que cuando se dirigía a alguien siempre empezaba con Nene. Y también se le quedó a él…”.

Otra vez expulsado...

Fue el primer jugador del Puebla FC en ser expulsado. El incidente tuvo lugar el 3 de diciembre de 1944 en el Parque El Mirador, durante el transcurso de un partido contra Moctezuma (0-2). Así lo contó la prensa de la época: “El delantero del Moctezuma Álvarez agredió al portero Iborra, el cual respondió la agresión, saliendo expulsados ambos”. Lo cierto es que fue un partido muy accidentado: “Hubo invasión de campo, arrojo de todo tipo de proyectiles… incluso el público amenazó en quemar el Parque, valiéndose de algunas fogatas que fueron apagadas de inmediato”. En cualquier caso, Iborra fue suspendido por dos partidos y multado con 40 pesos. La personalidad del meta dentro del campo seguía siendo una de las inequívocas señas de identidad de la fiera.

Su equipo se proclamó campeón de la Copa México en 1945. En la primera fase el Puebla FC disputó una liguilla (de una sola vuelta) contra Moctezuma, Veracruz y ADO, clasificándose para los cuartos de final, ronda en la que superó al Atlas. En semifinales, a partido único, se deshizo del Oro y, en la final, disputada el 24 de junio de 1945, superó al América CF por un espectacular 6-4. El equipo ganador lo integraron el Nene Iborra; Zendejas, Pito Pérez; Gato Sánchez, Rodolfi, Chivo Guerrero; Dumbo López, Vascheto, Chávez, Alarcón y Lupe Velázquez. En el América CF, el equipo crema, se alinearon dos jugadores que años después (1948) recalarían en Les Corts: los argentinos Florencio Caffaratti y Mateo Nicolau. El Puebla FC optó a la Supercopa de México, que dirimió contra el RC España, campeón de la Liga Mayor, el 1 de julio de 1945, pero sucumbió por un claro 3-0.

Retirada... y regreso

Iborra dejó muy buenas sensaciones en marco del cuadro camotero en su primera temporada, pero no llegó a un acuerdo para renovar el contrato para los siguientes torneos. La prensa aseguró que “mientras el jugador pide aumento de salarios, los directivos se niegan y el asunto está estancado”. No hubo acercamiento y el Nene se alejó del marco poblano para concentrarse en sus actividades profesionales. Reapareció el 23 de noviembre de 1947 tras más de dos años de inactividad. “Tuvieron que echar mano de él en virtud de que tienen a su arquero titular lesionado”, comentó la prensa. El regreso, como local ante el RC España, tuvo lugar en la 10ª jornada. Encajó tres goles, finalizando el duelo en tablas (3-3).

En el siguiente partido, el 30 de noviembre de 1947, un Puebla-Oro, sufrió “un accidente en una costilla que le fue hundida por Pablotas cuando entró al remate y tuvo que salir de la cancha el guardián de los poblanos. Cubero II ocupó su lugar”, dijo la prensa. Corría en el minuto 83. En esa Liga el Puebla FC acabó en quinta posición con 12 puntos, a cinco del líder Oro y por detrás de Atlas, León y Guadalajara.

Cónsul honorario de España en Puebla

Iborra alcanzó gran popularidad en el marco del Puebla FC. Tanto fue así que, como contó él en una visita a Barcelona “un día se me presentó el señor González, uno de los representantes de Pepe Meliá en México y me preguntó si tenía ganas de trabajar en asuntos de viajes. Y así empezó todo”. Un trabajo que le permitió ser todavía más conocido y ser nombrado cónsul honorario de España en Puebla, cargo que ocupó a lo largo de 54 años, hasta el 2000, cuanto tuvo que dejarlo por motivos de salud.

Comió con Mercader, el asesino de Trotsky

Uno de los episodios más destacados que vivió Iborra en México, por la trascendencia histórica del mismo, tuvo lugar el 20 de agosto de 1940, en Coyoacán. Ese día estuvo comiendo con Ramón Mercader, estalinista y agente español del Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos (NKVD) soviético, quien poco después asesinaría a León Trotsky, político y revolucionario ruso exiliado. Obviamente, Iborra y el resto de comensales eran desconocedores de la acción que iba a perpetrar Mercader, con el que coincidieron por su condición de catalán y español.

Homenaje en Girona

El 21 de junio de 1988 sus amigos del Girona FC le rindieron un cálido y emotivo homenaje en la Fonda Casa Marieta, donde solía comer en sus tiempos como jugador del equipo rojiblanco. El ágape constó de espárragos con jamón, filete de rape y calamares a la romana, paletilla de cordero con guarnición, helado contessa, agua mineral, vino, champán y café. Iborra siempre tuvo un sentimiento especial hacia el Girona FC. Pese a su corta estancia, dejó muchos amigos tal y como se demostró ese día, en el que volvió a coincidir con Gauchia, Farró, Curta, Balmanya, Espada, Fàbrega…

Iborra, hasta que pudo, realizó un par de viajes anuales a Barcelona por negocios y sentimentalismo. Sin olvidar a Girona. Mayo y septiembre eran los meses elegidos para regresar a su tierra. Lo acompañó, desde los once años, su nieto Francisco, que recuerda “la ilusión y el orgullo que tuvo mi abuelo cuando desfiló por el Camp Nou el día del Centenario, en 1989. Y eso que hacía poco había sufrido una embolia en una pierna y le costaba caminar. Aun así, saltó al césped con sus compañeros. En esos momentos era el ex jugador más veterano del FC Barcelona”.

En los viajes a Barcelona siempre visitaba a los amigos, entre los que se encontraban Pepe Samitier, Ricardo Zamora, Nicolau Casaus, Ladislao Kubala… También cultivó una gran amistad con Joan Manuel Serrat, Josep Lluís Núñez y Joaquim Rifé entre muchos otros. El golf fue otra de sus grandes pasiones.

Pepe, el Nene, la fiera indomable bajo los arcos, falleció en el Hospital Beneficencia Española de Puebla a la edad de 90 años el 17 de septiembre de 2002. Fue incinerado. Sus restos reposan en una de las iglesias de la ciudad mexicana que en su día lo acogió con los brazos abiertos.

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