Partes de una zapatilla de correr

Partes de una zapatilla de correr

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Si habéis seguido nuestros test de zapatillas de correr, os habréis fijado en que la mayoría de veces las analizamos dividiéndolas en tres partes: Mediasuela, Suela y Upper o Corte Superior. Esto es así porque aunque la zapatilla busca ofrecer el máximo rendimiento en su conjunto, cada parte tiene también atributos específicos. Vamos a verlos.

mediasuela

Esta es sin duda la parte más importante de la zapatilla. No en vano la mayoría de test comienzan por aquí. Si se le pregunta a la mayoría de corredores, incluso los más noveles, qué es lo más importante (aunque no lo único) en una zapatilla de correr, responderá que la amortiguación. Bien, pues esa es sólo una de las funciones de esta zona comprendida entre la plantilla y la suela.

Cuando corremos, nuestro peso al impactar contra el suelo aumenta varias veces en cada zancada. Toda la fuerza y la vibración generada por el impacto contra el firme ha de ser amortiguada y absorbida por la mediasuela… O lo que es lo mismo: todo lo que no sea capaz de amortiguar o absorber tendrá que ser nuestro chasis el que lo digiera.

Estamos preparados para ello… ¿Lo estamos? El hombre, dicen, nació para correr desde el momento en que dejó de ir a cuatro patas y se puso de pie. Esto suena muy bien… pero hay un problema. El hombre actual no se mueve y corre por el campo descalzo detrás de sus presas. El hombre actual se pasa ocho horas durmiendo, desayuna sentado, viaja al trabajo habitualmente sentado en su coche o en su transporte público, se pasa 8 horas trabajando que sólo interrumpe para desayunar (sentado) y comer (sentado). Vuelve a casa igual que cuando se fue y pasa un rato indeterminado leyendo o viendo la tele antes de ir a dormir…

Vale. Le ha quedado algo de tiempo para salir a correr. Lo que pasa es que ya está demasiado lejos de sus antepasados y ahí es donde aparece la mediasuela para hacer el trabajo sucio. Al lograr reducir la fuerza de ese impacto, nos ayuda a proteger nuestras articulaciones, nuestros tendones y nuestra musculatura.

La mediasuela no sólo se encarga de la amortiguación, de absorber el impacto. La pisada, en la carrera a pie, es un movimiento que se desarrolla en tres fases: aterrizaje, transición y despegue. La primera de ellas, el aterrizaje, se produce cuando el pie contacta con el suelo. En la transición se da en el máximo apoyo del pie, cuando caemos con todo nuestro peso, a la vez que el tobillo rota transicionando la carga hacia delante. Y el despegue es la fase que corresponde al momento en que nos impulsamos para salir. En cada una de ellas la mediasuela también va a trabajar de diferente manera. Esto de las fases de la pisada lo ampliaremos en un artículo específico, porque también tiene su qué.

Hemos explicado las particularidades de la mediasuela, pero hemos dejado para el final la más importante: es por donde se rompen antes la mayoría de zapatillas. Y esto de romperse (quizás es mejor decir estropearse) no lo hace de manera visible o espectacular, no. Lo hace de manera silenciosa: por compactación. El material se compacta y pierde propiedades. En concreto pierde respuesta, que es la capacidad del material de recuperar su forma una vez que ya hemos impactado contra el suelo y lanzamos una nueva zancada. Lo de recuperar su forma ha de hacerlo rápido, pues apenas hay tiempo antes de que vuelva a impactar de nuevo. Si el material no es capaz de estar preparado a tiempo, antes de tocar de nuevo el suelo, no nos estará dando el 100% de amortiguación. Por otro lado está la memoria elástica, que es la capacidad del material de recuperarse al 100%. Tiene sentido pensar que una zapatilla me va a dar el 100% de amortiguación durante los primeros 10 kilómetros de uso, pero… ¿Y a los 10.000 kilómetros? Probablemente, si aún siguieran en pie, estarían tan compactadas que apenas me proporcionarían un porcentaje irrisorio de amortiguación respecto a cuando eran nuevas. En ese caso, aunque la frecuencia de mi zancada sea lenta, jamás volverá a estar preparada para amortiguar como sería conveniente.

suela

La suela, al estar en contacto permanente con el suelo, concentra los conceptos de tracción y durabilidad por encima de todos. Es decir, claro que es mejor que los materiales con los que se fabrican las suelas han de ser lo más ligeros posible (indico el concepto de ligereza como ejemplo)… Lo que sucede es que por encima de la ligereza está primero que los materiales sean durables, resistentes, para resistir la abrasión que produce el roce con el suelo y después, que esos materiales estén repartidos (diseñados) de tal manera que me proporcionen la tracción suficiente que requiere la carrera a pie. Seguro que los más veteranos recordarán un famoso anuncio de una marca de neumáticos que calzaban al velocista Carl “hijo del viento” Lewis, plusmarquista del momento en los 100m lisos, vestido de competición pero con zapatos de aguja y el lema: “La potencia sin control no sirve de nada”. En el mundo del running se conoce el diseño del taqueado de la suela como “Waffle” (gofre). Como anécdota explicaré que se atribuye a Bill Bowerman, entrenador de la universidad de Oregón y uno de los cofundadores de Nike, el invento de tal diseño. Lo realizó al fundir goma en una máquina de hacer gofres, encolarla después en la suela de unas zapatillas de correr y probarlas en una pista de atletismo, en una época en que la mayoría eran de ceniza (tierra) y no tartán.

upper

Esta parte de la zapatilla es la más versátil a la hora de concentrar conceptos aplicados al correr. En el corte superior se lucha para optimizar conceptos como la sujeción, la transpirabilidad, la ligereza, el confort o la estabilidad (diferente a la de la mediasuela, pero haciendo equipo con aquella).

Si las zapatillas tienen un material textil en forma de malla que las recubre es porque es un material ligero y transpirable a la vez. El problema es que al utilizar textil para lograr esa ligereza y transpirabilidad penalizamos otro concepto que es el ajuste. Aquí las diferentes marcas lo resuelven con diferentes materiales y tecnologías.

Normalmente, desde los cordones hasta la mediasuela, por todo el lateral tanto interior como exterior, se utilizan toda una suerte de materiales para dotar de una sujeción que la malla textil es incapaz de proporcionar. Algunas marcas tienen la suerte que su propio logo sirve para dar una solución sencilla a nivel de diseño (por ejemplo en el caso de Adidas utilizando las tres barras o NB, la letra “N”). En cambio otras como Nike o Saucony han de buscar soluciones independientemente de sus logos ya que no dan ese juego. El confort que ha de proporcionar esta parte también es importante, y cada vez más. De tal manera que hoy en día puedes comprar unas zapatillas y estrenarlas prácticamente en cualquier tipo de entrenamiento (muy lejos queda aquello de tener que utilizar una zapatilla nueva sólo para vestir durante una semana antes de pasar ya a utilizarlas para correr). Y aunque no lo parezca, el upper también trabaja a favor de la estabilidad. De entrada con los contrafuertes en la zona del talón, para estabilizar esa zona del pie cuando impactamos contra el suelo. Y en modelos orientados a corredores con una sobre pronación severa, con refuerzos en la zona que más rodea al tobillo.

Conclusión

Una zapatilla de correr debe aunar todos los diferentes conceptos que hemos tratado (amortiguación, estabilidad, ligereza, sujeción, tracción, etc…). Pero aunque la podamos ver como un objeto compacto, en realidad está separada en tres partes claramente diferenciadas: mediasuela, suela y corte superior o upper. Y aunque cada una de estas partes tiene encomendadas funciones específicas y objetivos diferentes, todas ellas trabajan en equipo para dar como resultado una herramienta eficiente en su conjunto.

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