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Rosalén: Tuvo el Mundo a sus pies

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Rosalén, antes de un partido disputado en Les Corts. La gomina y el fino bigote fueron una constante durante su época de jugador | Archivo

Manuel Rosalén Bellón (Barcelona, 15 de junio de 1911) fue un fiel exponente de esa estirpe de jugadores únicos, todo corazón y comprometidos cien por cien con las camisetas que defendió. Y lo hizo por convicción, en los difíciles años de la postguerra. Fue un mediocentro que nunca se dejó nada en la caseta. Generoso en el esfuerzo dentro y fuera de los terrenos de juego. Regular, disciplinado y sacrificado, Rosalén (y no Rosalench, como ha entrado en la historia por un error ortográfico) jugó en las filas del FC Barcelona entre 1939 y 1944, solía ser el encargado de marcar a la figura del equipo rival.

David Salinas

Nacido en Pueblo Seco de padres originarios de Navajas (Castellón), Manuel empezó a jugar en el América, un equipo infantil del barrio de Sant Martí. Tenía 15 años. A los 18 pasó al CD Júpiter y después de jugar solo seis partidos en los juveniles, dio el salto al primer equipo, donde permaneció hasta 1935.

Ese año, a finales del mes de junio, fue traspasado al Hércules por 15.000 pesetas. El Júpiter hacía muy poco que había jugado un amistoso en Alicante y el centrocampista convenció completamente a los técnicos locales, que no se lo pensaron dos veces a la hora de incorporar al jugador. Para él fue también un buen paso: firmaba un contrato por 3.000 pesetas anuales y 600 de sueldo mensual. En Alicante permaneció, siempre a un gran nivel, hasta el estallido de la guerra civil.

Cuando jugaba con el equipo alicantino le sucedió una anécdota que su hijo Manuel recuerda muy bien. Su padre la explicó en muchas ocasiones: “Antes de un Hércules-Valencia unos aficionados lo invitaron a una paella de escándalo, de aquellas que cuando las ves la boca se hace agua... Todo el mundo pensaba que con esta comilona después no jugaría bien, que le costaría hacer la digestión. Pero sucedió todo lo contrario. No dejó hacer nada a Mundo, entonces famoso delantero centro del Valencia. El Hércules ganó 4-0 y, al día siguiente, en la prensa pudo leerse que "Rosalén tuvo el Mundo a sus pies.

El conflicto bélico lo llevó al frente y después a San Sebastián, concretamente a un campo de concentración. Los tiempos felices caían en el saco del olvido. Sin embargo, su buena estrella no lo abandonó. Un directivo del FC Barcelona, el coronel José Espada, hizo las gestiones oportunas para llevarlo de regreso a la Ciudad Condal. Fue entonces, cuando ya estaba en Barcelona, cuando decidió no volver a Alicante. El Hércules entendió la situación de Rosalén y negoció con el Barça para ceder los derechos del jugador a la entidad catalana, por la que firmó en blanco, recibiendo 6.000 pesetas anuales y una mensualidad de 600.

Llegaba al Barça. Por fin. Lo consiguió en la segunda oportunidad. Su sueño se había hecho realidad. La primera ocasión le había llegado el 1 de enero de 1934, todavía como jugador del CD Júpiter, cuando se sometió a una prueba con el FC Barcelona en un amistoso contra el Slavia de Praga (2-3) en Les Corts. “No toqué pelota y en el descanso ya me dijeron que pasara por la ducha y me vistiera. Fue una experiencia tremenda”, confesó años más tarde. Pero el tren, por fortuna, volvió a pasar para Rosalén.

El 8 de octubre de 1939, en un Badalona-Barça (1-2) del Campeonato de Catalunya (jornada 3) llegó el momento más anhelado. Empezaba la etapa barcelonista de Rosalén, conocido popularmente entre la afición por el Chatarra. Pero nada que ver con lo que uno puede imaginarse: hierros viejos, retorcidos y oxidados. Este era el mote como se conocía a su familia de Navajas, que eran conocidos como los Chatos, apodo que en Barcelona derivó en Chatarra.

Con el FC Barcelona jugó un total de 89 partidos de Liga y marcó 2 goles. Debutó el 3 de diciembre de 1939 contra el RCD Espanyol (0-1) y jugó su último duelo el 9 de abril de 1944, también en Les Corts, contra el Real Madrid (1-2). Ganó la Copa de 1942 y jugó aquel partido, también en la competición del KO, del año 1943 en Chamartín, donde el Barça perdió 11-1.

El FC Barcelona lo cedió un año al Constancia de Inca (temporada 1944-45) para que regresara la temporada siguiente. Pero lo hizo con una lesión en el menisco que acabó retirándolo de los terrenos de juego, pese a que todavía llegó a jugar algunos partidos con el CF Badalona. Después de colgar definitivamente las botas fue entrenador del CD Jupiter y del CD Hospitalet.

Los veteranos del Barça le organizaron un homenaje conjunto con Gràcia y Betancourt el 10 de mayo de 1956 en Les Corts. Rosalén, después del fútbol, trabajó como cobrador en la Compañía Catalana de Gas y Electricidad. Murió en Barcelona poco antes de cumplir los 88 años, el 15 de mayo de 1989. Apellidos como el de Rosalén, por lo que se significó cuando defendió la camiseta del FC Barcelona, nunca deberían caer en el oscuro pozo del olvido. 

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