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Ernesto Valverde, en una imagen de archivo

Valverde se ha 'guardiolizado'

OPINIÓN

Lluís Mascaró

@LluisMascaro

Valverde no es Guardiola. Ni pretende serlo. Pero en su tercera temporada al frente del Barça ha apostado por ‘guardiolizar’ alguna de sus decisiones. Salvando todas las distancias (que existen y muchas), Valverde ha emprendido el camino intervencionista que empleó Pep (siguiendo las lecciones de su maestro Johan Cruyff) en su etapa en el banquillo blaugrana. Y no hablo, por supuesto, del estilo de juego, sino de los movimientos que ha realizado en el equipo. Valverde ha abandonado la comodidad de las jerarquías para adentrarse en el peligroso (pero necesario) terreno de la meritocracia. A partir de ahora, en el Barça juega solo el que se lo merece, no el que tiene más galones o es más veterano. Ya no hay intocables entre las ‘vacas sagradas’ del vestuario, más allá de Messi y Luis Suárez. Y futbolistas en otro momento imprescindibles ya no lo son. Los casos más paradigmáticos son los de Sergio Busquets y Rakitic.

Este nuevo Valverde ‘guardiolizado’ ya no se casa con nadie. Porque sabe que esta puede ser su última oportunidad de ganar la Champions como técnico blaugrana. Estuvo a punto de ser destituido tras las debacles en Anfield y la final de Copa, pero ha resurgido con la intención de morir con sus ideas. Apostando por la cantera (Ansu Fati, Carles Pérez y Araujo son los tres últimos ejemplos), cambiando el sistema (ya van dos partidos con el 4-2-3-1), dando protagonismo a los que están más en forma y sentando en el banquillo a los que no están a la altura de las circunstancias. Aunque este Valverde más intervencionista corre el serio peligro de ganarse enemigos en un vestuario que siempre le ha apoyado. Sería el precio a pagar por su valentía.  

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