Muhammad Ali

Supongamos que odias el deporte con todas tus fuerzas

OPINIÓN

Dídac Peyret

@didacpeyret

Odiar tiene muy mala reputación pero a todos nos encanta hacerlo. No me malinterpreten. No hablo de odio en plan querer matar a alguien. No, hablo más bien de la crítica ligera. Del tipo de palique que se da en cualquier corrillo. Hablo de conversaciones en la cocina, grupos de WhatsApp y opiniones en la retaguardia. 

A los periodistas, por ejemplo, se les da muy bien criticar a otros periodistas. Pero sospecho que a los abogados se les da igual de bien criticar a otros abogados. Y doy por hecho que los veganos rajan de otros veganos viendo la ira exaltada con la que juzgan tu merluza al pil-pil. 

Puede que los periodistas seamos lo peor pero no estamos solos. La izquierda lleva haciéndolo toda la vida con la izquierda y tiene mucha mejor prensa. Y luego hay grados e intenciones. 

La cultura del odio no solo es tóxica, también es aburridísima por su tremendismo y por su falta de sentido del humor. Puestos a criticar, hagamos reír a los demás, pero también que los demás se rían a gusto de nosotros

Lo tiene claro Fran Lebowitz, escritora, cómica, extaxista, newyorker de culto y “la persona más vaga del mundo” en sus propias palabras.

Lebowitz opina de todo sin filtro, así que acepta con deportividad que muchos no la puedan ni ver.

Como dice el periodista Marcel Bertran, es posible que nadie esté más cabreado que ella. Y es posible que sea la persona que mejor se queje del mundo.

Scorsese da rienda suelta al humor de la escritora Fran Lebowitz con diálogos vibrantes sobre temas universales como el deporte

Lo vemos en 'Supongamos que Nueva York es una ciudad', serie documental dirigida por Martin Scorsese, donde también reflexiona sobre el deporte en varios capítulos. Por supuesto Lebowitz lo odia con todas sus fuerzas y fuma como un carretero.

En el quinto capítulo aparece el director de cine, Spike Lee, en un partido de los Knicks, metido casi dentro de la pista desafiando a Reggie Miller en cada jugada. Las imágenes dan pie a una animada conversación sobre el papel de los aficionados. 

-¿Por qué odias los deportes?-

-Para mí es algo adecuado para un niño de siete años, ¿entiendes? Hay algo que siempre me sorprende. Ves a esa gente por la calle que grita: ‘¡ganamos!’ Y siempre pienso: ‘¿cómo que ganamos?’ Será: ‘¡ganaron!’ Tú estabas en el sofá bebiendo cerveza-.

 Pero aún más desternillante resulta cuando reconoce que estuvo en el primer combate entre Ali y Frazier

-¿Odias el deporte pero fuiste a uno de los mejores eventos de su historia con un buen asiento?- 

-Sí, fue un evento cultural y de moda maravilloso. Por desgracia, hubo una pelea-.

Sus opiniones nos resultan divertidas, también cuando no comulgamos con ella, porque se lo pasa en grande diciendo lo inconveniente

“Leo en la sección de viajes: ‘escale una montaña atado a otras personas’. La gente le llama vacaciones a cosas que solían hacer los prisioneros de guerra”.

Y sigue: “te dicen: ‘quiero ponerme a prueba’. Pero escalar una montaña es un reto falso. El reto es algo que tienes que hacer. No es algo que inventas”.  

Para Lebowitz, en realidad, el gran reto siempre fue convivir con los otros. “Vete a una tintorería e intenta no discutir o recuperar tu ropa. La vida real me parece ya suficientemente difícil. El Dalai Lama necesitaría un solo viaje en metro para convertirse en un lunático furioso”.

Marco Van Basten, Frágil, mi historia (Córner)

La biografía de Van Basten

| 'Frágil, mi historia' (Córner)

“No, nunca he tomado metanfetamina. Tampoco me he pasado años enganchado a la cocaína. Ni me metí en una piscina con mujeres desnudas en una Eurocopa o un Mundial. Y nunca he llevado peluquín. Siento decepcionarle”. 

Así empieza 'Frágil, mi historia', un relato en primera persona de Van Basten, en el que pasa cuentas consigo mismo con una crudeza y honestidad brutal.

El holandés se confiesa al lector con la honestidad que lo haría a un amigo

En eso recuerda a las memorias de Agassi. En cómo rompe con la imagen romántica del deporte y cuenta lo que ocurre cuando no están las cámaras.

Una biografía que se lee como una relación epistolar, porque el holandés se confiesa al lector como lo haría a un amigo

Una lesión en el tobillo truncó la carrera de Van Basten

| 'Frágil, mi historia' (Córner)

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