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Busquets celebra con Sergi Roberto y Arturo Vidal el 1-0 ante el Getafe

Gracias Busquets, muchas gracias

OPINIÓN

E. Pérez de Rozas

Fue lo que tenía ser: un segundo entierro. Fue lo que todo el mundo presagiaba: pasar el duelo como fuese. Fue lo que se merecía la desgracia, el susto, la derrota, la eliminación, la caída: indiferencia total por parte de la ‘gent blaugrana’ que, con solo 57.000 espectadores, reflejaron su cabreo con la tercera peor entrada de la temporada. Fue, en fin, una manera de cerrar la temporada, en casa, de forma lamentable cuando, en realidad, puede volver a haber doblete, Liga y Copa, que no está al alcance de muchos (de pocos, de ninguno) y no pienso, no, aunque sí, en el Real Madrid, el reciente tricampeón de Champions, que ayer perdió, de nuevo, y suma ya su derrota nº 11 de la Liga, lo que resulta, no solo ridículo, sino vergonzoso en todo un campeón.

Lo del Camp Nou puede, debe, retratarse en el papel, en el protagonismo, en el comportamiento, no de un Leo Messi totalmente desentendido de la realidad, como ido, como ausente, que ni siquiera celebró su gol (bueno, tal vez porque intuyó que no lo había metido él), sino de Sergio Busquets, que, por vez primera en muchos años, tras ser una de las tres columnas, la columna, tal vez, del centro del campo azulgrana (y sus éxitos), recibió una lluvia de pitos mientras perdía una docena de balones, cosa inédita en él.

Pero Busquets, que conoce como pocos lo que es el Barça, lo que significa vestir esa camiseta, que sabe lo que es volver a ser eliminado en pleno sprint de la Champions. Porque no olvidemos que ‘Busi’ fue el único que dio la cara, el pasado año, en Roma, que fue el único, junto a Ter Stegen, que agradeció a los culés que estuvieron en Anfield su presencia. Y el único que pidió perdón nada más concluir el partido.

Y ayer, sí, ayer también dio la cara, mientras Messi hacia ya mucho, muchísimo rato que estaba en la ducha pues fue el primero en desaparecer del césped. Y ‘Busi’ dijo cosas muy tremendas que hay que agradecerle. “Parece que no estemos en este mundo, pero sí, estamos, sabemos lo que ha ocurrido, nos duele tanto o más que a nuestros socios y seguidores, y, sí, sí, estamos jodidos y no es fácil jugar después de perder como perdimos el partido de Liverpool. Sería bueno, necesario, que estemos todos juntos pues aún nos queda la final de Copa y un doblete, otro, es muy importante”.

Fue lo que tenía que ser: división de opiniones. Es tremendo lo mucho que dudó ayer el Camp Nou. Bueno, dudaron pocos, unos cuantos, pues la mayoría decidió quedarse en casa como respuesta, como castigo, al dolor de Anfield. Y, durante el encuentro, hubo una acústica muy curiosa, extraña, incierta, que empezó pitando a Coutinho, acabó aplaudiéndole y siempre, siempre, pitando ligeramente a Busquets, un jugador santo y seña de La Masia, del Barça, de la cantera, del tiki-taka.

Y, vaya, menudo dolor en esta penúltima jornada, cuando, en una tarde tremendamente radiofónica, apasionada y apasionante, el Girona puso pie y medio en Segunda División después de un inicio de temporada maravilloso, soñador, que ha terminado con la promesa de que alguien debería hacer un milagro, en la jornada final, que casi nunca se suelen producir para salvar la categoría.

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