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Las jugadores del Barcelona celebran su victoria al final de la semifinal de la UEFA Champions League Femenina, entre el Barcelona y el Bayern Munich en el Mini Estadi.

Barça, mucho más que guerreras

OPINIÓN

E. Pérez de Rozas

No es por darle la razón a nadie, ¡a nadie! No es por considerar que Ernesto Valverde dice la verdad cuando comenta (yo creo que ni protesta, está muy por encima de esas bajezas, en serio) que las dos Ligas que ha ganado el Barça (y todas las demás, por supuesto) no han tenido, a menudo, el eco de esfuerzo que han supuesto, el valor, el reconocimiento. Y no, no, no lo dice en comparación con otros, el ‘Txingurri’ no es de eso, ni mucho menos.

No es por darle la razón a Zinedine Zidane, que insiste un día sí y otro también, en que ganar la Liga se ha convertido en una obsesión para él (tengo la impresión de que le importa bien poco lo que piense el club, Florentino Pérez y el madridismo) y que tiene tanto, tanto, tantísimo valor ganarla que él la ha convertido en su objetivo prioritario en la futura ‘era Hazard’.

No es por darle la razón a Leo Messi, que, junto a los suyos, celebró, liderados por el más ruidoso de los Piqué (héroe junto a Ter Stegen ¿a que todos coincidimos que son los tres monstruos de esta temporada?, sí, claro), la conquista de su décima Liga en 15 años (8 de 11), pero deberíamos de otorgarle el valor que tiene a todo y no solo, ¡por favor!, a las conquistas.

Johan Cruyff, el gran Johan Cruyff, el que también enseñó a Pep Guardiola a defender en el córner los últimos cinco minutos del partido de ayer ante el Burnley (0-1) y aconsejar a David Silva que se quedase sobre el césped un buen rato doliéndose de la cadera (espero que mis amigos Dani y David vieran el partido y se diesen cuenta de que también Pep juega 70 minutos para marcar y 20 para perder tiempo y entretener el resultado), decía que el merito, la obligación, de un enorme equipo, llámese Barça, Real Madrid, PSG, Atlético, Manchester City o Juventus, era llegar al mes de mayo con la posibilidad de ganar uno, dos o tres títulos. O todos, los que sean.

Y eso es lo que ha hecho el Barça. Y eso es lo que ha hecho Ernesto Valverde. Y eso es lo que ha hecho ese vestuario unido a sangre por Messi, Piqué, Busquets, Rakitic y Ter Stegen. Por eso, la Liga tiene un enorme mérito, pues han perdido solo tres partidos en dos temporadas y uno de ellos se lo regalaron al Levante (el año pasado) tras haber ‘campeonado’. Ahora veremos qué ocurre con esa bestia que va de rojo llamada Liverpool. Y con el Valencia, que empieza a reservarse ¿o no? para la final de Copa.

Y no hablo solo del Barça. O de fútbol. Hablo del fútbol sala que fue eliminado, pero estuvo ahí. Y el rugby. Y el baloncesto, que con el agua al cuello, viajará a Turquía para hacer otra gesta. O las chicas que ya están en la Champions tras eliminar, ¡ojito!, al poderoso Bayern de Múnich. Eso, amigos, tiene un valor tremendo, único, y la injusticia es que a ninguno/a de los/as que trabajan en esa sección femenina del Barça, se le hubiese reconocido el trabajo que están haciendo, enorme, si no se hubieran metido en esa final. Y eso, hubiese sido muy injusto. Demasiado, porque no todo es ganar.

Y eso es lo injusto del deporte de élite. Como dice Rafa Nadal, que, de nuevo, tras caer en semifinales del Godó, repitió que lo importante es estar, agradar, entrenarse duro, caerse y levantarse, pelear hasta la última gota de sudor y, luego, ver si ganas o no. O es que no tiene mérito lo del Atlético, peleando en la Liga. O ese Girona, que, tras seis derrotas consecutivas, se levanta y gana (sí, cierto, a un horrible Sevilla), pero gana.

Estamos hablando de deporte de élite y ejemplo de profesionalidad, esfuerzo, dedicación y compostura. Por cierto, nada que ver con ese Mbappé pateando la tibia de un rival, en el minuto 119 de la final de Copa, que perdió el PSG, o ese Neymar golpeando a un aficionado que le grababa con el móvil.

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