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Clara Espar y Felipe Perrone, campeona y subcampeón del Europeo de waterpolo de Budapest, visitan la redacción de SPORT

No se conforman con menos que el oro en los próximos Juegos Olímpicos de Tokio

Felipe Perrone y Clara Espar visitan la redacción de SPORT | Marta Fernández

Se miraron y sonrieron. Sobraban las palabras. “Para eso entrenamos cada día, para vivir partidos como estos”. Felipe Perrone y Dani López-Pinedo llevan tantos años compartiendo vestuario y fatigas que se entienden solo con gestos. Ante 6.000 personas, con un clima tan hostil como motivador, disputaron la final de todo un Europeo en un recinto único (el Duna Arena) que respira waterpolo por los cuatro costados. El capitán de la selección nacional de waterpolo visitó la redacción de SPORT con una medalla de plata tan inconsolable en el momento de lograrla como meritoria por el trabajo que lleva detrás.

Junto con Felipe llegó una campeona de Europa que lleva una sonrisa permanente pintada en la cara tras vencer en la gran final a Rusia el pasado sábado. Clara Espar no se separa de su primer oro internacional (no estuvo en el Mundial de Barcelona, el único logrado hasta ahora por el combinado femenino). “Entrenamos muy duro para tener resultados. Aunque llevemos años estando arriba siempre se quiere seguir mejorando y estando en lo más alto”, asegura la menor de las hermanas Espar. Siete medallas en los últimos ocho años en grandes competiciones internacionales. Se dice rápido.

LA REVOLUCIÓN DAVID MARTÍN

“Creo que solo llegar a la final es un gran éxito. No me gusta hacer paralelismos, pero la generación de oro del waterpolo español también empezó así”, comenta Perrone. La llegada de David Martín ha supuesto una revolución en el combinado masculino. En apenas cuatro años ha levantado el ánimo y ha creado un proyecto cada vez más consolidado. “Confiaba mucho en David. Jugué ocho años con él en la selección y siempre ha sido un loco por el waterpolo y ha tenido ganas de ser entrenador y poner en práctica sus conocimientos. Es un gran amigo y estar compartiendo todo esto es muy especial”.

Las chicas de Miki Oca disputaron un duelo clave en semifinales ante la anfitriona (Hungría) y con miles de personas en las gradas en un ambiente hostil. “Es un partido difícil y a la vez bonito de jugar. Nunca había jugado un partido así con un ambiente de este nivel. Fue un partido duro, pero por suerte pudimos coger buena ventaja porque al final el público apretaba. Fue muy sufrido”.  Y llegó la final. Una locura de primera mitad (16 goles). “Rusia es muy imprevisible, con un juego alocado; si entras en su juego lo normal es que acabes perdiendo. Luego fuimos capaces de corregirlo y jugar con más orden. Maica nos dio esa fuerza y garra que necesitábamos, nos contagió”. Un gol de Clara en el último cuarto fue clave: “No sé cómo fue. Lo he visto en vídeo y no sería capaz de repetirlo. Fue acción-reacción, me hundieron y no vi ni cómo entraba”.

EN MONTENEGRO, RECIBIDOS COMO HÉROES

Montenegro hizo bronce y fue recibida por miles de personas en la calle. “Envidia sana. Pero es otra realidad, es un país pequeño, con pocos éxitos. El deporte está muy relacionado con la identidad. Se te pone la piel de gallina, pero somos conscientes de que esto aquí es imposible”, cuentan. Cabe recalcar que en el país balcánico se da una pensión de por vida de 600 euros a partir de los 35 años por lograr una medalla internacional.

LOS JUEGOS, LA 'MECA' DE CUALQUIER DEPORTISTA

Entramos en los Juegos de Tokio. Ambas selecciones tienen el pasaporte ya desde el pasado verano asegurado. Para Clara serán los segundos: “Tengo recuerdos un poco agridulces de Río. Participar en unos Juegos siempre ha sido mi sueño y lo pude hacer realidad en Río. Una experiencia única, pero con ese sabor amargo de no sacar un buen resultado”. Felipe es un ‘veterano’ olímpicamente hablando. A sus 33 años, pueden ser los últimos: “Cada cita olímpica ha tenido sus cosas. En 2016 fue especial jugar con Brasil en Río y lo que significó para el país. Pero creo que nunca había llegado a unos Juegos con este nivel de resultados y confianza. Pero está claro que la tendencia ha cambiado y los rivales ya nos tienen en cuenta entre los favoritos”.

Para concluir, les preguntamos sobre qué se ven haciendo en un futuro. “Soy ‘cortoplacista’. Este año voy a graduarme en turismo, pero no sé qué haré la próxima temporada ni la otra. Quiero aprovechar esto”, dice Clara. Por su lado, Felipe asegura que “es cierto que en nuestro deporte hay una idea muy clara de preparar el futuro. La mayoría estudia al mismo tiempo que juega, aunque eso suponga ir a tope. Sinceramente, no me gusta pensar en lo que vendrá después y menos en un año olímpico. Creo que no es una mentalidad sana”.

EL TEST:

¿Alguna superstición antes de los partidos?

Clara: Nada en especial.

Felipe: El tema de cómo sentarnos en el bus es casi enfermizo. Yo soy de los más 'pasotas'.

¿Un desayuno antes de jugar? O una comida si es por la tarde.

Clara: Para desayunar, una tostada con aguacate; para comer, lo que tenga.

Felipe: A mí me gusta desayunar poco y comer poco, para tener hambre en el partido.

La parte que más pereza te da del entrenamiento.

Clara: Nadar, sin duda.

Felipe: Nadar, cuando veo a los nadadores del club alucino.

El/la mejor waterpolista del momento para ti ahora mismo.

Clara: Ashleigh Johnson y Maica García.

Felipe: Dani López Pinedo y Denes Varga

¿Qué jugador/jugadora joven crees que marcará una época en el waterpolo?

Clara: Paula Leitón.

Felipe: Alberto Munárriz. Lo hace todo bien.

¿A que compañero/compañera de selección te llevarías a una isla desierta?

Clara: A mi hermana Clara.

Felipe: A Fran Fernández. Tiene muchas manías, pero conversación seguro que no me faltaría.

Sería feliz si volviera de los Juegos de Tokio con…

Clara: Con el oro, claro.

Felipe: Con el oro. Puestos a pedir...

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