La historia de superación de Juanjo Méndez, el conseguidor de sueños

Con Bernat Moreno y su equipo se han convertido en un referente único en Europa

Antonio Gassó, director de GAES, se ha quedado impresionado con su labor en Génesis

Juanjo Méndez, con Antonio Gassó delante de la sede de Gaes
Juanjo Méndez, con Antonio Gassó delante de la sede de Gaes | sport.es

La historia de Juanjo Méndez puede ser lineal o poliédrica. Comienza cuando le dieron por muerto en un accidente de moto coincidiendo con los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. O cuando después de perder un brazo y una pierna se miró al espejo y todo su entorno estaba mal. O cuando con cien kilos de peso volvió  a subirse a una bicicleta en el Velòdrom y con la única pierna que le quedaba dio su primera pedalada. Y se emociona. Comienza ahora, después de haber sido doble campeón del mundo y triple medallista paralímpico, cuando en la Marcha de Ibiza, en la que coincide con Miguel Indurain y Claudio Chiappucci, pasa como un bólido a Antonio Gassó, director general de GAES y aficionado de nivel.

Y es entonces cuando este pregunta, se interesa, y ‘flipa’ con Juanjo y su filosofía de la vida.  Le propone que sea el embajador de las becas ‘Persigue Tus Sueños’ de GAES. Y Juanjo le muestra su equipo, su trabajo con los niños, algunos enfermos de cáncer, otros amputados por algún accidente, incluso autistas. Él y su grupo de trabajo se han convertido en un referente en Europa.          

El mejor equipo del mundo

Con Bernat Moreno, un preparador físico muy especial, fundó Génesis, el inicio: “Nuestro trabajo es devolver a la gente a la normalidad. A veces, muchas, buscamos problemas donde no los hay. Este es mi sueño, Génesis. Mi motivo para levantarme de la cama. Cada día me pongo de ejemplo. Con los niños siempre hay que comenzar por uno mismo y siempre les repito ‘que nadie os diga lo que puedes o no puedes hacer. ¿Por qué no puedo montar a caballo?. Yo lo hago. ¿Por qué no puedo montar en bicicleta?. Tuvimos a Juval, que en el colegio le decían que no podía hacer gimnasia. Le dije que ya hablaría yo con el profesor. Comenzó con nosotros haciendo ciclismo y ahora se ha pasado a la natación. Se ha convertido en un ‘super atleta’ Y Pablo, que le faltaba una pierna. Había que verle la cara, como disfrutaba en el velódromo. En nuestro club no hay barreras. Las hemos roto. Yo lo demuestro a diario, cinco días a la semana” .

En el Velòdrom d’Horta a Juanjo le consideran un ‘crack’. También en la Federación. Y en la Fundación Johan Cruyff... y en la Generalitat. No porque  entrene 100 km. diarios por carretera, ni porque tres días a la semana haga pista o, con 53 años, se someta a durísimas sesiones de pesas en el gimnasio. Es un ‘crack’ por su capacidad de liderazgo, por conseguir que Génesis sea un equipo de verdad, con un médico, una dietista, un ‘coach’, un masajista, monitores: “Todos son amigos nuestros. ¿Sabes?. Nosotros sumamos. Cuando la gente viene a este club luego devuelven lo que les hemos dado con sus colaboraciones. Esa es nuestra grandeza. Incluso funcionamos como un centro de tecnificación de proximidad. Somos el único club que cuenta con representación olímpica, con Helena Casas, la velocista estrella de la selección española que lleva nuestro maillot, y también paralímpica”.

El Perico de los Paraolímpicos

Antes del accidente que cambió su vida Juanjo, en Cesaden, era gregario de Melcior Mauri, el ganador de la Vuelta a España. Toda su vida se ha sacrificado por los demás. Como ciclista paralímpico lo ha logrado casi todo. Campeón del mundo en pista (2012) y en contrarreloj. Medalla de plata y bronce en los Juegos de Pekín, además de otra plata en Atenas.

¿Y la medalla de oro? Juanjo frunce el ceño y cuenta una historia que es un calco de lo que le ocurrió a Pedro Delgado en la salida de Luxemburgo, en el Tour de 1999. Méndez era el gran favorito para la contrarreloj de Atenas pero el auxiliar que controlaba el orden de salida no le avisó. Se dio cuenta de que algo no iba bien cuando vio pasar a su rival que iba detrás de él: “Bajé del rodillo y me fui a toda prisa hacia la salida. La jueza, plantada ante mí, levantó su mano y me enseñó tres deditos... Eran los minutos perdidos”. A pesar de todo acabó cuarto. Su preparador, Moreno, y sus colaboradores tuvieron un detalle con él: “Nunca lo olvidaré. Me regalaron una camiseta que ponía ‘El tiempo es oro’. ¡Cabrones!”.  

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