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Stark, un polémico juglar en el Parque de los Príncipes

Decían las malas lenguas que no tenía reparos en beneficiar al Barça. El argumento era única y exclusivamente la recordada expulsión de Pepe en las semifinales de la Champions de la campaña 2010/11, que aún parece escocer por la capital española. Sin embargo, Wolfgang Stark tardó pocos minutos en demostrar en París que la historia no es ni mucho menos cierta y que, incluso, puede pecar de 'casero'.

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El colegiado alemán fue poco menos que un 'juglar' en el Parque de los Príncipes, al 'animar' el partido para los locales en diferentes tramos del encuentro. Tardó apenas un cuarto de hora en mostrar amarilla a Piqué en una de las primeras faltas del central azulgrana y no se cansó de amonestar verbalmente a Busquets, mientras que los jugadores del PSG tenían total libertad en facetas defensivas.

Los problemas llegaron realmente para el Barça en el tramo final del partido, donde Stark cuajó una actuación para olvidar. En el '75 amonestó a Mascherano segundos después de no haber señalado una clamorosa falta sobre Alves por un doloroso planchazo sobre el brasileño, y tres minutos más tarde fue el triste protagonista en el gol del empate de Ibrahimovic, que se encontraba en una clamorosa situación de fuera de juego.

Por si fuera poco, la acción de 'Ibra' venía precedida de una intensa polémica, ya que en una acción anterior Jordi Alba y Mascherano impactaron entre ellos y fueron asistidos al quedar 'knockeados'. Stark sorprendió entonces al no dejar que los dos zagueros del Barça defendieran el saque de esquina posterior, manteniéndolos fuera del terreno de juego y dejando al Barça con nueve, incumpliendo así la normativa UEFA que obliga a que si se lesionan dos o más futbolistas de un mismo equipo, no se reemprenda el juego hasta que se incorporen al campo. 

Como guinda a su dudosa actuación, Stark tuvo los bemoles de amonestar con otra amarilla a Dani Alves tras las protestas enérgicas del brasileño, que no daba crédito a un nuevo error arbitral en los compases finales del encuentro. Sin duda, el alemán fue poco menos que un juglar en el Parque de los Príncipes para animar un partido que de por sí ya era más que entretenido.

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