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José Aurelio Suárez, el estirón del niño que solo quería ser portero

Cuando se iban a pelotear al parque, su padre le insistía para que probase a tocar el balón con los pies y no tanto con las manos, pero desde muy pequeño, José Aurelio Suárez tuvo muy claro que su sitio estaba bajo los palos. “Yo le tiraba pelotazos fuertes, para ponerlo a prueba, para ver si cambiaba de idea, pero ya apuntaba maneras de portero, blocaba y sabía ir al suelo”, recuerda su padre, José Aurelio, exjugador de las categorías inferiores del Sporting. Fue él quien le pidió a su hijo, cuando este tenía ocho años, que se apuntase a alguna actividad deportiva extraescolar. 

Javi Giraldo

Eligió el fútbol en el colegio Montevil, muy cerca de su casa del barrio de Pumarín de Gijón, que por entonces mantenía un convenio con el TSK Roces, uno de los clubs bandera del fútbol base asturiano y cuna de futbolistas como Juanele o José Ángel. Víctor Holguera, coordinador del Roces, no tardó en fijarse en él. “Se tiraba a por todos los balones, era muy ágil y le ponía una afición tremenda”. 

Pero sus padres andaban algo preocupados, porque el chaval no acababa de tener fisonomía de portero. Seguía siendo más bien rechoncho, hasta que en un verano, ya con 14 años, su fisonomía se transformó radicalmente. “Nos despedimos de él en junio y lo volvimos a ver en agosto. Ni siquiera lo conocíamos”, explica Holguera. Había adelgazado diez kilos y crecido ocho centímetros. Cosas de la edad. “Se quejaba de dolores en la espalda y en las rodillas y fuimos a un especialista”, dice su padre, “pero nos dijo que simplemente, estaba pegando el estirón”. Y entonces, siendo cadete, explotó como portero. 

En pocos meses, José Aurelio (‘Josín’ para los amigos) se convirtió en el portero titular del Roces Juvenil y de la selección cadete asturiana. Holguera avisó a Emilio Gutiérrez, ojeador del Barça en Asturias, que a su vez dio parte a los especialistas de porteros en el club, Ricard Segarra y Rubén Martínez. 

El campeonato de España por autonomías, con el equipo del Principado campeón ante Baleares (2-1), fue decisivo para que el Barça le hiciese una oferta. Mientras su madre, Noelia, se sumergía en un mar de dudas, preocupada por separarse de su único hijo, Holguera avisaba al Sporting -destino de casi todas las perlas del Roces- de que el chaval estaba a punto de irse al Barça. No le hicieron demasiado caso y José Aurelio se convirtió en verano de 2011 en miembro de pleno derecho de la primera generación de jóvenes que estrenaron la nueva Masia. 

Desde entonces, su progresión ha sido imparable: del Juvenil B al A y ahora al filial, donde competirá por un puesto con Ondoa y Ortolà. Desde sus casi 190 centímetros, recién aprobada la Selectividad, seguirá motivándose con la música de AC/DC y manteniendo viva una de sus grandes ilusiones, la de que su abuelo Moisés, su seguidor número uno, ahora enfermo, le vea estrenarse en el fútbol profesional.

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