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David Rudisha: El guerrero Masai

El rey león. David Rudisha es uno de los atletas más grandes que ha dado Africa. Imperial, orgulloso, elegante como un guepardo, poderoso como un tigre¿ Por sus piernas corre el espíritu de los masai. Nació y creció en las montañas, abrigado por la tierra salvaje. Escenarios abiertos que se pierden en el infinito. Campos de agricultura y, sobre todo, de pastoreo. En una semana eléctrica en 2010 batió en dos ocasiones el récord del mundo de los 800 metros, lo que le elevó a lo más alto del pedestal del atletismo. Es un keniano con porte de rey y 1,90 metros de estatura. Su estilo de correr elegante y fluido le ha valido ser reconocido con el mismo apodo que utilizó la compañía de aviación nacional, Kenian Airways hace unos años: “El orgullo de Africa”. Responde plenamente a su escultural estampa.

Carlos Galindo

Hijo de Daniel Rudisha, medallista de plata en los Juegos Olímpicos de México 1968 en 4x400 metros, el joven David mamó en las fuentes de este deporte desde su más tierna infancia: “Cuando mi padre me mostró su medalla olímpica, sentí un orgullo íntimo indescriptible. Ese día me di cuenta de que yo también podía correr¿ Mi padre me ayudó en todo y me animó. Por eso, cuando regresé a casa con la medalla de oro que gané en el Campeonato del Mundo júnior disputado en Pekín en 2006, sentí un grado de emoción muy especial. Ese día empezaba mi sueño. Y aún sigue...”.

Rudisha comenzó a correr en serio en 2004 aunque su carrera tomó la dirección adecuada un año más tarde, cuando se topó con el veterano entrenador Colm O¿Connell, un hermano irlandés (que no sacerdote) responsable de Sant Patrick¿s School, en Item. Pudo avanzar en su educación secundaria y, aconsejado por el hermano Colm, abandonar el 400 y el decatlón y centrarse exclusivamente en los 800 metros, prueba que lo consagraría.

Sus batallas con el sudanés Abubaker Kaki, otro prodigio de la distancia, han concluido en carreras inolvidables, llenas de épica y de historia. Un error táctico le condenó en las semifinales del Mundial de Berlín 2009. “El tiene la capacidad de ganar pero dependerá de su cabeza. Se ha de sentir cómodo en la pista y aunque fisicamente está preparado para todo”, predijo el hermano Colm. Se equivocó. Lo encajonaron y no pasó a la final. El 22 de agosto de 2010, Rudisha acabó con la tiranía que impuso en esta prueba el danés de origen keniano Wilson Kipketer al correr en 1:41.09 trece años antes (1997). Una semana después, en Rieti, el larguirucho atleta de 21 años aún fue capaz de correr más rápido (1:41.01). El mundo se rindió definitivamente a este corredor de acero.

Rudisha se casó con su novia de toda la vida, Lizzy Naanyu, en una ceremonia de carácter privado a finales de 2010. El 31 de enero de ese mismo año fue padre de su hija, Charlene. Lizzy, su esposa, pudo acabar sus estudios en la universidad de Moi, en Eldoret y la pareja vive en las afueras de la ciudad, cuando no se encuentra en Item o dando vueltas por el mundo. “Mi familia lo es todo para mí. Mi hija me ha permitido serenarme y tener más claros mis objetivos cuando compito”, explica orgulloso.

En el Mundial de 2010, consiguió evitar el fatal destino de un amplio elenco de primeras figuras (Yelena Isinbayeva, Dayron Robles, Usain Bolt (eliminado por una salida falsa en la final de los 100 metros)...¿y se proclamó campeón con un aceptable (para él) crono de 1:43.91. “Fue más duro de lo previsto porque casi pierdo la zapatilla de clavos pero, gracias a Dios, pude seguir. Estaba muy tenso porque todo el mundo esperaba que yo ganase. Finalmente, lo conseguí”.

Admite que el atleta que más le ha influído es Billy Konchellah. Las similitudes entre ambos son sorprendentes. Ama el atletismo y quiere ganar la medalla de oro en los Juegos de Londres porque no pudo participar en los de Pekín por culpa de una lesión. “Sé que mi monento llegará algún día, porque aún soy joven. El deporte, a veces, conlleva decepciones y lo importante es saber encajarlas y recuperarse”, dice. En su opinión: “el atleta y el entrenador tienen que hablar el mismo idioma. Yo tuve la suerte de encontrarme con el hermano Colm que supo guiar mis pasos”.

Una de sus ilusiones “es correr los 400 y 800 metros en los Juegos de Río de Janeiro 2016. Es pronto para saber si podré hacerlo y asumo que comporta un riesgo”. Fuera de la competición, no le gusta viajar y menos, fuera de Kenia: “Me siento bien en mi país. Si acaso visitamos Bogoria Park y su lago. Mi hija aún es pequeña...”.

Se ha erigido en uno de los más firmes defensores de los leones: “la vida animal es muy importante para mi país, y los leones son un símbolo. No hay que matarlos. Es una responsabilidad de todos. Los masai viven en armonia con la naturaleza y hay que aprender de ellos”. Insiste en que “no hay que olvidar la tradición ni nuestra cultura. Miro como corren los guepardos y aprendo de ellos”. Los masai le conocen como `Joven Guerrero¿. Muchos jovenes vienen a visitarle a St. Patrick School: “Me gusta que lo hagan. Recuerdo que yo también fui niño”.

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