Penurias de velocista de élite: ni 7.500 € al año

Penurias de velocista de élite: ni 7.500 € al año

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 Cuarto clasificado en el último Nacional, tres veces campeón de España sub-23, internacional en el Europeo de Amsterdam 2016, 20,93 en 200 metros…, Mauro Triana no desiste de intentarlo a los 22 años: “Hay algo más importante a mi edad que el dinero: no pensar en el dinero”, dice el atleta del Playas de Castellón. 

Las últimas zapatillas de competición que se compró, después de buscar y rebuscar, fueron por eBay por 150€. Era el modelo de la pasada temporada, pero en un escenario como el que se mueve Mauro Triana, a los 22 años, eso es lo de menos. Si no fuese por su padre, médico oncólogo de profesión, esta historia tendría la tristeza de una casa abandonada. Hasta ahora, en sus mejores temporadas, lo máximo que ha llegado a cobrar han sido 7.500€ al año, de los que 1.500 correspondían a la ayuda que le presta la Xunta a él, que ha sido el único velocista gallego de toda la historia que ha bajado de los 21 segundos en los 200 metros; a él, que ha sido tres veces campeón de España en categoría sub-23 y que, si viajamos al Europeo de Amsterdam 2016, fue el primer relevista en el 4×100 con Óscar Husillos en la reserva. Una biografía llena de voluntad y tal vez de motivo que, si no se ha partido en dos, ha sido gracias a su club, el Playas de Castellón, “que siempre paga al día” y a su padre, “que es mi mejor sponsor y que siempre me repite lo mismo: ‘si crees en tus posibilidades, hazlo, no le preguntes nadie que no seas tú, no permitas que nadie que no seas tú te desilusione”. 

Hay días en los que no es tan fácil, en los que las razones de uno mismo entran en conflicto como cuando llega el insípido momento de echar cuentas en el que Mauro ve que cualquier amigo suyo, “que trabaja en verano de camarero, por poner un ejemplo”, ya gana más que él.  Pero no sólo ese camarero temporal, sino también cuando abre el grupo de Whattssap de la carrera que ha estudiado él, Fisioterapia, “en el que no hacen más que colgarse ofertas de trabajo continuamente”. Sin embargo, Mauro es uno de esos tipos casados con un sueño, “como el de ser velocista o, como mínimo, el de intentarlo”, que sirven para respetarle a él, hijo único; a su padre, que mañana tal vez tenga guardia en el hospital, o a su madre, que murió el 24 de junio de este verano sin otra razón que “no fuese una enfermedad que se llevó a una mujer que apenas superaba los 50 años”. “No sabes por qué, pero tienes que asumirlo”, replica hoy Mauro con una madurez intachable que le lleva a recordar a él que “hay cosas en la vida que no te esperas, que no le cuadran a nadie, pero ¿qué vas a decir si ya no tienen solución? Tenía pocos años para morir” 

 Quizá es la misma regla por la que él, Mauro Triana, también tiene pocos años para dejar de intentarlo o para perder el tiempo diciendo, ‘esto es imposible’. Por eso este año, un mes después de la muerte de su madre, fue cuarto clasificado en los 200 metros en el campeonato de España de Getafe, a nada de clasificarse para el Europeo de Berlín, a nada de volver a demostrar que un problema no es una condena. “Cuando era chaval, un año mis padres me obligaron a hacer atletismo y, desde entonces, me enamoré de este deporte. Así que siempre veré la parte positiva por encima de la negativa”, explica él, el velocista del barrio Monte Alto de La Coruña, el único que ha dado el barrio, el mismo joven que cada vez que abre la ventana de su habitación ve la Torre de Hércules a la que no se sabe si alguna vez preguntó en voz alta: “¿Por qué no puedo llegar yo a unos JJOO?” Hoy, continúa en búsqueda de la respuesta. Y no importa que los demás no vean motivos mientras los vea él, que es el responsable de jugar este partido, el que mañana volverá a la cámara de llamadas, a sentir esa adrenalina que la literatura no siempre sabe explicar y que Mauro juzga como “la suerte de volver a intentarlo”, bastante más valiosa que el velocista que no llega ni de lejos al salario mínimo interprofesional (10.302,60 € en 14 pagas): vivir para ver. 


“La gente ha de saber en los niveles en los que nos movemos tantos atletas…Pero otra es que me haga mala sangre” 

 “Sí, lo sé, pero ¿por qué voy a quejarme ahora de eso? ¿Por qué no voy a celebrar que tengo la oportunidad de intentarlo gracias a mi padre? Si hubiese nacido en otra familia con menos recursos hubiese tenido que dejarlo”, insiste con un realismo infinito que ayuda a ponerle de ejemplo. “Lo importante es tener cabeza. Saber lo que uno puede hacer y lo que no. Hasta donde se puede llegar y hasta donde no. Mire, este año fui a un mitin a Barcelona en el que me pagaban el hotel. Pero el vuelo de 400 € tenía que pagarlo yo y mi padre no pudo venir conmigo porque gastarnos 800€ en un fin de semana, sólo en vuelos, hasta ese punto no llegamos… Por eso lo importante es saber donde estás e imaginar que puede llegar ese día en el que esto cambiará y podré viajar al extranjero. Por eso estoy luchando, entrenando cada día, soñando en cada entrenamiento, en cada sesión…, porque el tiempo que pase ahora no volverá”. 

“Nunca volveré a tener 22 años y creo que merezco intentarlo”, insiste. “Y si es un error el tiempo nos lo dirá, pero entonces yo seguiré escuchando a mi padre, ‘si crees en tus posibilidades, hazlo’, y creo que no me arrepentiré de nada”. Así que es un acto de ley escuchar a Mauro Triana, que hace dos años compartió en el avión viaje de vuelta del Europeo de Amsterdam en el asiento de al lado del avión. “Hay algo más importante que el dinero. No pensar en el dinero. Al menos, hoy que puedo hacerlo y que no tengo más gasto que la gasolina del coche porque, al margen de eso, más allá de alguna cena con mi novia, no sé que gastos tengo. No me compro apenas ropa, no salgo de fiesta y este año he conseguido un clínica que me presta una ayuda decisiva en la fisioterapia, el gimnasio y la nutrición”. 

De ahí que quiera cuidar este sueño en busca del arca perdida porque quizá algún día los semáforos se pongan en verde. “¿Se imagina?”, interpela él. “Una cosa es que ahora cuente mi situación porque la gente ha de saber en los niveles en los que nos movemos tantos atletas como yo que estamos ahí y no dejamos de intentarlo…. Pero otra es que me haga mala sangre, y eso no lo voy a hacer, porque no me lo merezco.  Ni yo ni mi padre ni mi madre, que ya no está y que vieron como fui capaz de superar una rotura del tendón de Aquiles porque entrenábamos en una pista como la de Elviña en La Coruña a la que ya no le quedaba ni tartán e impactar ahí con los clavos era peor que hacerlo en un parking… Pero ahora que la pista está reformada, ahora que he terminado mis estudios y ya voy a tener más libertad de horarios y ahora que, cuando vuelva a casa, seguramente mi padre volverá a decirme, ‘si crees en tus posibilidades’, ¿cómo voy a dejar de hacerlo? ¿cómo voy a dejar de intentarlo?” 

@AlfredoVaronaA 

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1 Comentario

  1. El tema este ya empieza a aburrir Alfredo. Ya se q disfrutas mostrando las miserias e injusticias del mundo del deporte… El sueldo de cada uno va en función de los ingresos que generas y guste o no, el atletismo tiene el interés que tiene.

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