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“Estoy orgulloso de ser hijo de un albañil”

Natural de un pueblo de Salamanca, de 75 habitantes, Mario García Romo (el nuevo campeón de España de 1.500) realiza un resumen de la vida: “La diferencia no soy yo sino mis padres. Su humildad es la plataforma de lo que pueda lograr”.

 

Un joven humilde y con la vanidad totalmente bajo control. Es lo primero que llama la atención de Mario García Romo (Salamanca, 23 años). Valora el momento y el pasado. “Sin mi primer entrenador, Lucio Rodríguez,  que me acompañó tantas veces a El Helmántico, no estaría aquí”. Hoy, Mario es campeón de España de 1.500. Los últimos cuatro años de su vida los ha vivido en EEUU al lado de Memphis. Allí ha aprendido a ver la vida de otra manera. “Nos centramos en lo que se consigue en la pista pero no en las historias que hay detrás de los atletas. Las historias de cada uno dan más importancia a los logros”, explica

Por encima de todo, es un chico de pueblo. 
Sí, y muy orgulloso. He crecido en un pueblo de Salamanca, Villar de Gallimazo, de 75 habitantes. Vivir en un sitio así me permitía salir a la calle a cualquier hora. Le puedo decir que en clase, en el colegio, éramos cuatro niños. También le puedo decir que todo lo que aprendía en los libros en ciencias lo veía luego en el huerto de mis padres.

¿Eso le hizo diferente? 
La diferencia no soy yo, sino mis padres. Soy hijo de albañil y mi madre es limpiadora. Siempre he visto trabajar duro a mis padres. Eso me ha marcado. De hecho, mi padre ha sacado él solo una empresa adelante sin estudios y sin apenas conocimientos de contabilidad. Él decía que no fuese. Pero de pequeño a veces le acompañaba a la obra y, para mí, era un orgullo.

Y de un pueblo de Salamanca a toda una universidad de EEUU en Misissipi. 
De hecho, lo he pensado y mis amigos me lo han recordado. Pero fue una idea meditada en su momento y surgió intentando seguir los pasos de mi hermano, que tiene cuatro años más. Fue a hacer un Master allí y cuando me contaba como se vivía en EEUU el atletismo, pensé: “Yo también quiero ir algún dia”.

Y fue.
En verano estaba aburrido un día. Me puse a buscar las universidades, envié correos electrónicos y una de las que primero me contestó fue la de Missisipi a través del que ahora es mi entrenador. Aún tengo el mensaje guardado. A menudo, vuelvo a leerlo. Me emociona. Me dijo que era un placer y que quería tener una llamada conmigo. Y a partir de ahí empezó todo.

¿Qué le ha dicho tras ser campeón de España? 
Estaba muy contento. Se sentía orgulloso de mí. Soy el primer atleta suyo que se ha clasificado para un Mundial. Los dos coincidimos en que es el trabajo de cuatro años. Él me transmitió  confianza, “corre como sabes correr”, y yo creo que lo hice. A falta de 500 metros estaba encerrado. Pero supe medir mis fuerzas y atacar en el momento justo.

Tiene usted buena cabeza
La gente dice que sí pero yo solo intento ser buena persona. Mis valores son mi plataforma. Mi educación fue la humildad, trabajar duro y ser agradecido. Al final, si no haces eso, no llegas lejos. Para ser campeón del mundo o campeón olímpico necesitas ayuda de los demás. Tú solo no vas a ningún lado. Yo mismo no puedo organizar los viajes. Cuando me monto en el autobús o en el avión ya está todo organizado.

¿Qué le asusta?
Sobre todo, lesionarme. No poder demostrar mi trabajo. No quiero ser famoso ni rico. No estoy aquí para eso. Pero amo el atletismo. Cuando tenía tres o cuatro años en el pueblo jugaba a policías y ladrones de diez a doce de la noche los veranos. Estaba corriendo durante dos horas y los Juegos Escolares, que son tan importantes en Salamanca. El profesor de educación física nos animaba a participar y nos apasionó.

Y el ejemplo de su hermano. 
Mi hermano ha tenido muy mala suerte. Tiene el síndrome de haglund y no le permitía entrenar tanto como era necesario y decidió dejarlo. Ahora es consultor de marketing digital y está a gusto y lo importante es que disfrutó de los años que tuvo de atletismo. Y, para mí, fue básico. Por eso ahora no sólo son mis logros sino también los de mi hermano. Y él lo celebra como si hubiese sido suyo.

Por encima de todo, está la familia. 
Creo que sí. El día del campeonato de España corrí más por mi familia que por mí. Mis padres no me habían visto correr en estos cuatro años en EEUU. Quería que me viesen y demostrarles que estos cuatro años fuera de casa no los he desaprovechado. Mi fui a los 19 años. Fue muy pronto y fue para algo.

Y ha cambiado. 
He cambiado, sí. Me fui sin confianza en mí mismo. Pero ahora tengo un carácter más personal. Me siento yo mismo. He creado amistades. Tengo compañeros de Australia, de Nueva Zelanda, de todos los sitios del mundo. Me expuse a culturas diferentes y he aprendido a relacionarme con gente de todas las partes del mundo. Uno, que es de Christechurch en Nueva Zelanda, la ciudad más lejana en el mundo de Salamanca, es uno de mis mejores amigos.

¿Y volverá a vivir a España?
Creo que sí. Mi equipo está en EEUU. Mi vida, de momento, está ahí. Tuve la oportunidad de volver a España. Pero prefiero esperar. Estoy en un sitio que me llama la atención y disfruto. Ahora voy a vivir en Colorado en la altitud, en una de las mecas del atletismo. Quién sabe hasta dónde puedo llegar ahí.

De momento, es usted casi una estrella. 
Todavía no. El título de campeón de España es grande. Pero aún no estoy cerca de donde quiero estar. Acabo de cumplir 23 años. A esta edad aún puedo aguantarlo todo. Viajes, entrenos, vida social. Éxitos y decepciones. He perdido carreras que creía que debía ganar y eso sólo se supera gracias a los que están a tu lado.

Nos recuerda a Sebastián Coe.
Me lo dicen en el pueblo desde niño. Hay una persona que incluso me llama ‘mini Coe’. Tuve la suerte de conocerle en Tampere en el Mundial sub 20. Me saqué una fotografía con él. Pero quiero más. Aunque he leído todo lo que he podido de esa época,  me gustaría preguntarle, personalmente, como era, como lo hacía y como lo vivió.

¿Y machaca usted mucho?
Creo que no. Hay mucha gente que se sorprendería de lo que hice este año. Hacemos, sobre todo, mucha resistencia. El mejor 400 ha sido en 54 segundos entrenando. El 1.000 más rápido ha sido en 2’42. La velocidad se toca poco y se obtiene mucho beneficio de las carreras. Pero el año que viene cuando pueda entrar en altitud en Colorado supongo que obtendré aún más beneficio. Es lo que busco.

 


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