Entrevista SPORT
Entrevista SPORT | Boris Becker Leyenda del tenis y embajador de los Laureus
Boris Becker, leyenda del tenis: "Tratar a Lamine y otros jóvenes como dioses es el principio de su fin”
El alemán, embajador de los Laureus, ganó Wimbledon con 17, por lo que conoce, mejor que nadie, el efecto rebote de la gloria precoz: "Tarde o temprano todos los talentos pasan por una crisis"

Boris Becker, embajador de los Premios Laureus, con la estatuilla que concede el jurado del que forma parte. / ÁNGEL MARTÍNEZ

Boris Becker (Leimen, Alemania, 1967) es el ejemplo perfecto de cómo las malas decisiones y los consejeros equivocados pueden convertir el éxito en una sensación efervescente, con un efecto boomerang incontrolable. Fue el tenista más joven en ganar Wimbledon, con apenas 17 años, un logro que todavía no ha sido igualado. La fama prematura dio un vuelco a una carrera cargada de éxitos y curvas que terminó abandonando con 32 años, en 1999.
Becker, ganador de 49 torneos individuales y 15 en dobles, fue condenado en abril de 2022 a dos años y medio de prisión en el Reino Unido por ocultar activos y préstamos valorados en casi tres millones de euros para evitar el pago de deudas tras su bancarrota. Tras cumplir ocho meses (231 días) en prisiones británicas, fue liberado en diciembre de 2022 y deportado a Alemania.
Lo cuenta todo en el libro Inside. Ganar. Perder. Empezar de nuevo (Libros Cúpula, 2025), aunque en los Premios Laureus, de los que es jurado y embajador, prefiere no entrar en ese terreno. “Vengo a hablar de deporte”. Sin embargo, lo vivido en las pistas le sirve para impartir doctrina a otros 'wonderkids' como Lamine Yamal, al que aconseja rodearse de un buen entorno; o Carlos Alcaraz, sobre el que pone el foco en la responsabilidad de su nuevo entrenador, Samuel López.

Boris Becker, exleyenda del tenis y embajador de los Premios Laureus. / Rodrigo Jimenez / EFE
Pregunta. Usted forma parte del jurado que decide los Premios Laureus, pero también participa activamente en las actividades que realiza una iniciativa que lleva el deporte a otra dimensión. ¿Hasta qué punto le ha marcado estar en contacto con estas historias?
Respuesta. Es un trabajo que hacemos por amor. Cuando empezamos esta idea hace 26 años, lo hicimos con la intención de devolverle algo al deporte. Yo estoy aquí gracias al tenis y no lo he olvidado. Creo que todos los miembros de la Academia compartimos esa misma mirada. A mí me dieron una oportunidad cuando era niño, en Alemania, y soy muy consciente de que muchos otros no la tienen. Por eso es tan importante que, a través de la fundación, entremos en barrios complicados y demos a esos chicos una oportunidad. El deporte, y en mi caso el tenis, puede ser una herramienta real de cambio social.
P. ¿Ese proceso también le ha servido para entenderse mejor a sí mismo?
R. Sin duda. Cuando tienes éxito y pasan los años, maduras. Es algo natural. Aprendes de tus experiencias, de los errores y también de lo que haces bien. En mi caso, además, soy padre, he criado hijos y sé lo complejo que es todo eso. Eso te da una perspectiva distinta. Entiendes que no todo el mundo tiene la misma suerte, que no todos reciben una oportunidad. Y cuando lo entiendes de verdad, cambia tu forma de ver el mundo.
Es fundamental poner las cosas en perspectiva. Un partido es importante, una final aún más, pero no es lo más importante de la vida. Solo lo entiendes cuando sabes que hay algo más fuera del deporte
P. Los tenistas viajan constantemente, pero muchas veces se dice que viven en una burbuja. ¿Le pasó a usted? ¿Cree que cada vez es más habitual?
R. A mí no. Yo nunca viví en una burbuja porque siempre tuve curiosidad por el mundo. Siempre quise mirar más allá del tenis. Cuando terminé mi carrera, sentía que ya conocía el mundo, que no me había perdido esa parte de la vida. Quizá eso me costó algún partido, puede ser, pero como persona lo necesitaba. Y hoy creo que es aún más evidente: muchos deportistas viven en una burbuja y es un error. No solo a nivel personal, también afecta al rendimiento. Es fundamental poner las cosas en perspectiva. Un partido es importante, una final aún más, pero no es lo más importante de la vida. Solo lo entiendes cuando sabes que hay algo más fuera del deporte.
P. Ganó usted Wimbledon con 17 años. ¿Cómo se gestiona un éxito todavía no igualado sin que eso suponga perder la noción de la realidad?
R. Lo primero es entender que no eres invencible. Yo nunca me sentí así. Tuve una educación muy sólida. Mis padres siempre me enseñaron lo que estaba bien y lo que estaba mal. Tengo una familia normal y nunca me trataron como a un dios. Y eso es clave. Veo a muchos jóvenes que ganan y son tratados como dioses desde el primer momento. Para mí, ese es el principio del fin. Porque no lo eres. Nadie lo es. Yo era bueno, trabajaba duro, ganaba partidos, pero no era una superestrella en mi casa ni en mi entorno. Eso me ayudó a mantener los pies en el suelo.

Boris Becker y Michael Stich, la pareja alemana que ganó el oro en los JJOO de Barcelona 1992. / EFE
P. ¿Cree Boris Becker que ahora se gestiona peor la gloria temprana?
R. Sí, claramente. Y creo que es un error grave. Es malo para el deportista porque, tarde o temprano, todos pasan por una crisis. Todos tienen problemas. Forma parte de la carrera y de la vida. Y tienes que saber resolverlos por ti mismo. Si siempre hay alguien que lo hace por ti, si siempre te protegen o te justifican, cuando llegue ese momento no vas a estar preparado. Y entonces es cuando muchos se caen.
Nadie es un dios. Ni él, ni yo, ni Lionel Messi, ni Cristiano Ronaldo. Todo depende del entorno. La familia, los representantes, el entrenador… Todos tienen la responsabilidad de guiarle, no solo como deportista, también como persona. Sin ese equilibrio, es muy difícil sostener una carrera
P. Acaba de recibir Lamine Yamal el Laureus al Mejor Deportista Joven del Año. ¿Qué le diría?
R. Que tenga cuidado con cómo le tratan. Ganó la Eurocopa con 17 años y eso le coloca en una posición muy especial. Pero es un ejemplo perfecto de lo que estamos hablando. Cuando a alguien tan joven se le empieza a tratar como a un dios, es peligroso. Dos años después, la pregunta es: ¿dónde está? Nadie es un dios. Ni él, ni yo, ni Lionel Messi, ni Cristiano Ronaldo. Todo depende del entorno: la familia, los representantes, el entrenador… Todos tienen la responsabilidad de guiarle, no solo como deportista, también como persona. Sin ese equilibrio, es muy difícil sostener una carrera.
P. ¿Siente que la gente sigue viéndole a usted como aquel prodigio de 17 años?
R. Creo que depende de la generación. Los que vivieron aquella época recuerdan lo que pasó hace 40 años. Los más jóvenes, en cambio, se preguntan por qué sigo siendo relevante. Entonces preguntan, investigan y, cuando descubren lo que hice, entienden que no era algo normal, que no se ha repetido.
P. Después de todo lo vivido, ¿qué significa para usted la palabra “libertad”?
R. Para mí siempre ha sido algo esencial, incluso cuando tenía 17 años. Siempre he sido un espíritu libre, alguien que necesita espacio, que no quiere sentirse encerrado en una caja. Es una parte fundamental de mi personalidad.
P. ¿Y qué le ha enseñado perderla durante un tiempo, después de estar 231 días en prisión en 2022?
R. Prefiero no hablar de eso. Quiero centrarme en el deporte.
P. Volvamos al tenis, entonces. ¿Cómo ve que haya más comunicación con el entrenador durante los partidos?
R. Me gusta, sinceramente. Creo que mejora la calidad del juego. En todos los deportes hay entrenadores y en el tenis siempre los ha habido, aunque antes no fuera tan visible. Estaban en la banda, ayudando, observando, dando indicaciones. La diferencia es que ahora se ve más. Pero hay algo que no cambia: el jugador sigue teniendo que resolver muchas situaciones por sí mismo en la pista. Puedes recibir consejos, pero al final eres tú el que tiene que ejecutar y tomar decisiones bajo presión.
Ahora la responsabilidad de Alcaraz es de su entrenador Samuel López. Antes conocíamos muy bien la estructura con Juan Carlos Ferrero, el entorno, la familia… ahora es una prueba para el nuevo equipo: conseguir que Carlos vuelva a su mejor nivel y mantenga la estabilidad
P. ¿Cómo ve la situación actual de Carlos Alcaraz, Premio Laureus al Mejor Deportista Internacional Masculino del Año, tras su cambio de entrenador?
R. Es una situación interesante porque ya ha demostrado que puede ganar en distintos contextos. Ha vencido en Melbourne con Samuel López, también en Doha, lo que confirma su nivel. Luego ha tenido torneos más irregulares como Indian Wells o Miami, aunque en Montecarlo llegó a la final. Es decir, no estamos hablando de una crisis profunda. Es una situación parecida a la del año pasado, cuando tuvo problemas físicos y no pudo jugar algunos torneos importantes como Madrid. Ahora la responsabilidad es del entrenador. Antes conocíamos muy bien la estructura con Juan Carlos Ferrero, el entorno, la familia… ahora es una prueba para el nuevo equipo: conseguir que Carlos vuelva a su mejor nivel y mantenga la estabilidad.

Boris Becker y Novak Djokovic, en Brisbane (Australia) en 2020. / Darren England/AAP/dpa
P. ¿Ya tiene respuesta para el eterno debate sobre quién es el mejor de la historia?
R. En el deporte, al final, todo se mide por números. Puedes hablar de estilos, de épocas, de sensaciones, pero los números son los números. Y el que más ha ganado es Novak Djokovic (fue su entrenador de 2014 a 2016). Así que, para mí, es el mejor de todos.
P. ¿Sigue disfrutando del tenis?
R. Sí, mucho. Me gusta ver cómo evoluciona el juego, cómo cambia la estrategia, cómo los jugadores se adaptan. El tenis sigue creciendo.
P. Estará contento con la victoria de 'su' Bayern... Ha dejado una buena resaca en Madrid.
R. (Ríe) ¡Por supuestísimo!
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