El Barça-City no es una guerra sino un maravilloso partido

OPINIÓN

Los dioses del fútbol, escondidos dentro de las siempre inquietantes bolas de la UEFA, son definitivamente caprichosos, jugones y morbosos con el Barça. Porque una vez más han decidido que Pep Guardiola se cruce en el camino del club azulgrana, como si ninguno de los dos pudiera escapar de su propio destino. Ya le tocó con el Bayern, en aquella eliminatoria que resolvió Messi como un extraterrestre en un cuarto de hora, y le vuelve a tocar ahora. No hay ninguna duda de que el Barça-City será el gran acontecimiento de la fase de grupos de la Champions, pero por muchas estrellas que tenga el renovado conjunto de Pep, el Barça puede y debe asumir tranquilamente su rol de favorito: le avala una plantilla superior, un estilo definido y es hoy un equipo mucho más maduro y contrastado, frente a un City todavía verde y en construcción, a quien este espectacular partido pilla demasiado temprano. Lo que sin duda tiene este encuentro es una enorme carga emocional puesto que el City, con Pep a la cabeza, Txiqui, Ferran Soriano y una delegación de ejecutivos catalanes, aspira a convertirse en algo así como el Barça en el exilio. Los que necesitan desesperadamente vender el City como el pérfido enemigo que quiere destruir al Barça correran ahora a vender este apasionante encuentro como la nueva guerra de los mundos, pero una vez más tendrán poco éxito. Porque en Manchester se está desarrollando el primer intento serio de construir un club de futbol híbrido inspirado en parte en los clubes de éxito de la Premier y en parte en el Barça, algo que no es nada más que un homenaje al famoso modelo azulgrana. La presencia de Bravo le añade unas gotas picantes al choque, pero quien quiera vender al meta chileno como un traidor también lo tendrá complicado porque él mismo fue ayer el primero en agradecer al club azulgrana todo lo que le ha dado estos años y en proclamar que “siempre llevará el Barça en el corazón”. Cuando empiece el partido, como debe ser, los dos equipos lucharán hasta la extenuación para lograr la victoria, y el barcelonismo pensará solamente en la victoria el Barça. Pero aprovechar este gran acontecimiento para ajustar cuentas pendientes es, además de ridículo, inútil. Porque el City-Barça no será ninguna contienda ideológica. Será un maravilloso partido que mirará el mundo entero.

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