Xacobe Pato: "El fútbol es el deporte que se parece más a la vida"

Hablamos con este librero y escritor sobre porteros, ídolos, Djalminha y otras metáforas del fútbol

Publica su primer libro, 'Seré feliz mañana' (Espasa) tras el revuelo de sus diarios en Instagram

Xacobe Pato
El primer libro de Xacobe Pato se llama Seré feliz mañana | Ana E.M

“El librero que arrasa en Instagram”. A Xacobe Pato (1987, Ourense) lo presentan en las redes con eslóganes arrolladores sin ser él nada de eso. Es probable que estos titulares se hayan convertido en muletillas de su círculo, en bromas privadas que encaje con ironía y deportividad. Ahí está parte del éxito de sus diarios: si vas a reírte de los demás, ponte el primero en la línea de fuego. La gente siempre encuentra justicia poética en las miserias ajenas.

Decía Foster Wallace sobre la ironía: “No solo es un arma para quedar bien, sino que es una armadura para no decir la verdad”

Una vez leí que una persona que se ríe de sí misma en realidad no se ríe del todo de sí misma; siempre hay un punto de coquetería. Nunca te ríes de ti mismo cómo se podrían reír otros. Un insulto no te afectará tanto como un coro de risas tras una ironía. Reírse de uno mismo no deja de ser una armadura. De eso no me puedo defender [sonríe].

“En el fútbol como en la vida me gusta pasar desapercibido”, aseguras en tu libro. Pero en cambio escribes en primera persona...

Para esto sí que tengo defensa [sonríe]. Claro que hay algo de narcisismo cuando hablas en primera persona, pero siempre me ha parecido mucho más ambicioso un narrador que cuenta las cosas en tercera persona. Tiene muy mala fama la primera persona pero creo que es más humilde que ese narrador omnisciente que lo sabe todo de todo el mundo y que juega a ser Dios. 

Me gusta eso que dices en ‘Seré feliz mañana’ de que tu forma de ser en un campo refleja tu forma de ser en la vida…

Creo que hay las dos vertientes. El que juega cómo vive y el que sale al campo y se transforma totalmente. Yo me parecía mucho jugando a fútbol a cómo era en la vida, o sea poco trabajador. Mis jugadores favoritos siempre han sido gente que no corría demasiado. Djalminha. Este tipo. Lo que pasa es que ellos lo suplían con talento. Mi problema es que los imitaba pero me faltaba la parte importante.

¿Qué hacía tan especial a Djalminha?

Que no necesitaba ni una jugada para cambiar el ritmo de un partido. Le bastaba un gesto. Yo en esa época era socio del Depor y cuando iba al campo solo me fijaba en él. Y lo veías andar, andar y andar. No hacía otra cosa que andar. Y de repente cogía el balón, hacía una jugada de las suyas, y levantaba a 30.000 personas. Siempre me ha parecido muy gracioso que confesara que solo se ponía en serio cuando venía Canal Plus y lo veía toda España. Y se notaba muchísimo porque Igual le metía dos goles al Barça, otros dos al Madrid y traía loco al Celta. Como aficionado eso debería enfadarte pero a mí me gustaba esa actitud de lo hago cuando a mí me apetece. 

¿Por qué del Depor?

Mis amigos tenían esa cosa de pais a fillos, que tus padres te enseñan el deportivismo. Pero el mío es del Celta y lo que me enseñó fue a ver el fútbol sin dramatizar. Y yo odiaba eso. Yo veía a mi padre como una persona que no vivía el fútbol como tenía que vivirlo. Por eso digo que me he convertido un poco en mi padre en ese sentido y me da pena. Joder, me he convertido en una persona que el niño que fui diría: pero mira este idiota que no sigue todos los partidos del Depor.

"A los libreros nos pasa como a los porteros, solo te recuerdan por una cantada"

¿Compras lo del fútbol como metáfora de la vida?

Para mí sí. Es fútbol es un deporte en el que puede no pasar nada en noventa minutos y que de repente pase algo muy importante en un minuto. Como en una vida. Pero también pueden pasar noventa minutos y que luego en los otros minutos tampoco pase nada. Y te vas a casa y no ha pasado absolutamente nada. En ese sentido sí que me parece el deporte más parecido. 

¿Qué recuerdo tienes del penalti de Djukic?

Apenas lo recuerdo. Mi primer desengaño fue la temporada siguiente. Ese año nos mudamos a Madrid. Y recuerdo ver un partido que se jugaba en el Bernabéu. Si ganaba el Madrid se decidía prácticamente la Liga. El partido iba empatado y Amavisca le dio un pase increíble a Zamorano. Yo lo estaba viendo con mi madre y el comentarista se volvió loco: “¡Vamooos Zamorano!”, que yo decía: ¿pero cómo puede ser tan imparcial este tío? Era Telemadrid, iban a muerte. Pero yo era un gallego de siete años viviendo en Madrid y no entendía todo eso de “Vamos, Bam-bam Zamorano”. Metió un golazo increíble y empezaron a decir: “ahí está la Liga, ahí está la Liga”. Y yo llorando y sin entender nada. Lo que más me dolía era que el comentarista no fuera capaz de mantener la compostura. Sobre todo porque veníamos de lo de Djukic. 

Una jugada así marca de por vida y eso me recuerda la comparación que haces en tu libro entre porteros y libreros...

[Sonríe]. Sí, tú puedes hacer ocho paradones, tener una temporada increíble, una carrera muy buena o ser Zamora y, de repente, una cantada, un fallo, marca tu carrera para siempre. Siempre te lo van a recordar. Pues igual que recomendar libros: puedes acertar ocho veces que si el noveno no aciertas te van a decir: pero no me des uno como aquel que no me gustó nada.

También lo comparas con presentar a un amigo...

Esa es la otra. Cuando presentas a dos personas que ambos son amigos tuyos. Si se llevan bien llega un momento en el que dejas de ser necesario. Es como cuando recomiendas un libro que a la persona le gusta: se queda con el libro y se olvida de ti encantada de la vida. Pero si es al revés, si a los dos amigos a los que presentas se llevan mal, o uno piensa del otro que es un gilipollas, de repente tú apareces en escena. En plan: joder, ¿por qué me presentó a este idiota? Y es como que te están llamando idiota a ti también. Es como recomendar libros: tienes mucho que perder y poco que ganar. 

"Djalminha no hacía otra cosa que andar hasta que cogía el balón y levantaba a 30.000 personas"

Tus diarios también desprenden cierta simpatía por Cristiano...

Algo de eso hay [risas]. El otro día me hicieron una entrevista y me preguntaron por mi once titular de toda la historia, metí a Cristiano y me llamó mi hermana para echarme la bronca. No sé, supongo que me gustan los jugadores que tienen ese punto de no amilanarse nunca y que no te dejan indiferentes, aunque sean un rival y den tirria. Que puede ser Cristiano, Stoichkov o Mostovoi, que es una persona a la que he insultado mucho. 

¿El futbolista debe ser un ejemplo?

Está bien que haya futbolistas como Puyol o Mauro Silva que sean un ejemplo pero no debería ser una obligación. No les pagan para educar a una sociedad. Y en un campo, como en la vida, vemos personas ejemplares y otras que lo son menos, pero que aportan otras cosas como la garra o una actitud irónica. De eso también se aprende. No tienen que ser todos unos santos. Más que nada porque la educación se hace en otros sitios y no en un campo de fútbol. 

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