Un Tren Bala llamado Ousmane Dembélé

Directo, vertical, valiente y atrevido, fue un incordio para la defensa de la Real Sociedad

Prácticamente monopolizó todo el juego ofensivo del Barça por ambas bandas gracias a su gran uno contra uno

La lucha de Dembélé
La lucha de Dembélé | VALENTÍ ENRICH

Tardó mucho el Barça en hacerse con el balón en el primer tiempo y en ese intervalo nada pasó. Con la pelota fue otra cosa. Ahí apareció Ousmane Dembélé, ese verso libre que prácticamente monopolizó el juego de ataque del Barça ante la Real Sociedad. Así fue en el primer acto de la semifinal. Salvo el gol de De Jong y un disparo de Braithwaite, todo lo hizo el francés, un quebradero de cabeza para Monreal, a quien superó por la derecha, por la izquierda y hasta con un sombrero.

Valiente en el uno contra uno, desafiante, siempre quiso la pelota para encarar y arriesgar. Atrajo a rivales, liberó a sus compañeros y fue sinónimo de peligro. Incombustible. Sus centros llevaban morfina, pero no siempre estuvo acertado en el control del esférico, seguramente su gran asignatura pendiente, cómo amortigua el balón.

El segundo tiempo fue un calco del primero. Con la Real dominando, solo las galopadas de Dembélé sacaban al Barça de su letargo. Vio cartulina amarilla por protestar. Hasta en eso vive más los partidos. A su vez provocó la cartulina de Le Normand por detenerle en un contragolpe, porque él iba a lo suyo, intentando provocar peligro en cada incursión.

Dinámico, hábil a veces, su mejor acción la protagonizó a los 62 minutos. Recorte por aquí, recorte por allá y su disparo sale lamiendo el poste de la portería de Remiro. Podríamos llamarle tren bala, el expreso de la medianoche, pero su velocidad fue de lo más destacado de un Barça que siempre buscó el gol. Directo y vertical.

Ya en la prórroga, Koeman consideró oportuno cambiarle de banda y hacerle jugar por la izquierda, para que Trincao pudiera hacerlo por la derecha. En ese primer tiempo del alargue disfrutó también de lo lindo con sus galopadas, donde quizá pecó un poco de individualista. A los nueve minutos pudo decantar la balanza hacia el Barça con un disparo dentro del área que fue demasiado centrado y pudo detener el meta de la Real. Acabó agotado y eso le provocó calambres, si bien aguantó hasta el final con la misma implicación. Para redondeaar su gran noche y demostrarnos a todos que ha crecido en personalidad, transformó el penalti que le tocó tirar.

Dembélé volvió a dejar claro que no es el mismo de temporadas anteriores. Y eso es una gran noticia.

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