Dembélé, la única nota positiva en el Wanda

El extremo francés fue el mejor jugador del conjunto de Ronald Koeman

El juego azulgrana se volcó en la banda derecha y puso en aprietos a la defensa colchonera

Dembélé, en el Wanda Metropolitano
Dembélé, en el Wanda Metropolitano | EFE

Si hay un jugador que sale fortalecido del césped del Wanda Metropolitano ese es Ousmane Dembélé. El extremo francés fue el mejor jugador del conjunto dirigido por Ronald Koeman.

Dembélé arrancó el partido en la banda derecha. Donde más le gusta. Donde tiene libertad de movimientos. Ahí, enganchadito a la línea de cal. Como le pide Koeman. Preparado para perforar la defensa rival a la mínima que intuya un poco de espacio. A veces, eso sí, con más acierto. Otras no tanto. Pero eso es Dembélé. Un caos organizado en sí mismo. Capaz de lo mejor pero también de lo peor. En el Wanda tuvo una de sus mejores actuaciones y puede dar fe Yannick Carrasco. El extremo belga fue el encargado de defender al francés en el sistema defensivo que organizó Simeone para detener el ataque azulgrana. Y no le salió mal. El único argumento ofensivo que encontraba el Barça era Dembélé. Ni Griezmann, ni Messi, ni Pedri. Todo pasaba por los pies del francés y las mejores ocasiones surgieron de sus pies, aunque nunca no hubo ninguna que fuera clarísima.

Otro de los aspectos en los que está trabajando mucho Dembélé es en el aspecto defensivo. Impensable a su llegada al conjunto azulgrana hace tres temporadas. Mérito de Koeman, que está educando a un jugador con unas capacidades espectaculares y que está aprendiendo a jugar al fútbol que se juega en el Barça. Aún le falta. Mucho. Pero va por el buen camino porque lo primero que tiene que tener es actitud. El no rendirse. El tener la ambicion de luchar por cada balón y eso lo tiene el francés. Tanto es así que casi le cuesta una lesión. En una jugada donde estaba en tareas defensivas, protegió el balón para que saliera por línea de fondo y le cayó encima Carrasco. Ya de primeras el francés se quedó en el césped y se veía que algo no estaba bien del todo. Era su brazo izquierdo. Parecía que no podía seguir y Trincao ya se preparaba. Nada. Falsa alarma. El francés terminaba la primera parte y salía tras el descanso sin molestias. En la segunda volvió a ser el más insistente aunque perdió protagonismo debido a las largas posesiones que realizaba el Atlético de Madrid. Debe seguir así. 

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