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Federico (94 años), aislado con sus animales en una aldea de Asturias: "No hay trabajo, no hay industria y cerraron todas las minas"

El anciano recuerda cómo el cierre de las minas y la falta de oportunidades laborales provocaron el progresivo abandono de su pueblo

Federico tiene 94 años y vive en Asturias con sus animales.

Federico tiene 94 años y vive en Asturias con sus animales. / YT/Hilux Aventura

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La despoblación rural ha transformado por completo numerosos pueblos de Asturias, algunos de los cuales han pasado de albergar pequeñas comunidades a quedar prácticamente vacíos. En una de estas aldeas, alejada de las grandes poblaciones y marcada por el paso del tiempo, vive Federico, de 94 años, que continúa vinculado a un entorno que durante décadas fue el hogar de numerosas familias.

Su historia aparece recogida en un vídeo de YouTube que muestra el día a día del anciano y su particular relación con la naturaleza. Federico vive prácticamente aislado, acompañado principalmente por sus animales, que se han convertido en una parte fundamental de su rutina y en sus compañeros en una aldea donde cada vez quedan menos vecinos.

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El recorrido por el pueblo permite observar las huellas de un pasado muy diferente. Las antiguas viviendas, ahora prácticamente abandonadas, fueron durante generaciones el escenario de la vida cotidiana de sus habitantes. Entre sus paredes permanecen recuerdos de una época en la que había niños, familias y actividad, mientras que actualmente el paisaje está cada vez más dominado por la vegetación.

Federico también conserva recuerdos de cómo era la vida cuando él era joven. Durante la visita explica algunas de las formas de entretenimiento que tenían los niños de otras generaciones y muestra un conocimiento del lugar que difícilmente podría encontrarse fuera de quienes han vivido allí durante décadas.

Sin embargo, detrás de esta aparente tranquilidad existe una realidad mucho más dura. Cuando le preguntan qué ha ocurrido en Asturias para que tantos pueblos hayan terminado abandonados, Federico ofrece una respuesta sencilla que resume buena parte de los problemas que han provocado la despoblación rural.

“No hay trabajo. No hay trabajo”, explica el anciano. A continuación, señala directamente a la falta de actividad económica como una de las principales razones por las que los habitantes fueron marchándose progresivamente. “No hay industria, nada, no hay nada”, lamenta durante la conversación.

Federico también recuerda el papel que tuvieron durante décadas las explotaciones mineras en la economía y en la vida de muchas zonas asturianas. “Las mines cerraron todas”, afirma, relacionando el cierre de estas actividades con la pérdida de población que ha experimentado el entorno. A ello añade la falta de alternativas económicas y la transformación del territorio: “La agricultura aquí, nada. Aquí nada de nada, un bosque”.

A sus 94 años, Federico representa así la memoria viva de una Asturias rural que ha ido desapareciendo con el paso del tiempo. Su aislamiento no solo muestra las consecuencias de la despoblación, sino también la resistencia de quienes todavía permanecen en estos lugares. Rodeado de animales y naturaleza, continúa viviendo en el mismo entorno que conoció durante su juventud, mientras las antiguas casas y caminos recuerdan un pasado en el que la aldea estaba llena de vida.