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Lucía (27 años) vive sola en un pueblo de Galicia de 9 habitantes: “En lo que más gasto al mes es en mis animales, unos 150 euros”

La joven dejó atrás la vida urbana para vivir una vida autosuficiente, cada vez más común

Aunos 1.300 metros de altitud, en un lugar remoto de la Galicia profunda, se esconde uno de esos sitios que no te esperas encontrar en España.

Aunos 1.300 metros de altitud, en un lugar remoto de la Galicia profunda, se esconde uno de esos sitios que no te esperas encontrar en España. / Sport.es

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Xavi Espinosa

Xavi Espinosa

Vivir en grandes ciudades es una opción que, cada vez, menos gente contempla. La gran mayoría de ciudadanos, por precio o tranquilidad, prefiere irse a las afueras, para poder desarrollar su vida en pequeños pueblos, más familiares. No obstante, hay a quién le gusta convivir en el centro. Dispones de más ocio y gastronomía, por lo que no tienes que desplazarte con el coche.

¿Pero os imagináis no vivir ni en una ciudad ni en un pueblo? Vivir lejos, muy lejos. Con solo 27 años, Lucía decidió cambiar por completo su forma de vida. Dejó atrás Madrid para trasladarse a una aldea de Galicia en la que apenas viven nueve personas. Allí ha comenzado a reconstruir por sus propios medios una antigua vivienda y ha puesto en marcha un proyecto personal basado en el contacto con la naturaleza, el cultivo de alimentos y una mayor autonomía.

Uno de los aspectos que más ha cambiado con su traslado es su economía doméstica. Al disponer de un huerto y aprovechar los recursos que encuentra en el entorno, sus gastos en alimentación son muy inferiores a los que tenía en la ciudad. “La compra del mes ronda los 50 euros, porque entre el huerto y la recolección gasto muy poco”, explica.

Los animales son fundamentales para su día a día

Los animales también forman una parte fundamental de su nueva vida y, precisamente por ello, representan el principal gasto de su presupuesto. “En lo que más gasto al mes es en mis animales, unos 150 euros”, asegura. Para Lucía, la producción propia de alimentos y crianza de animales demuestra que vivir en un entorno rural puede permitir mantener unos costes cotidianos más bajos que los asociados a una gran ciudad.

La decisión de abandonar Madrid no fue improvisada. Quería alejarse del ritmo urbano y de problemas que, desde su punto de vista, habían terminado afectando a su día a día, como el estrés, el ruido o la sensación de inseguridad. En el entorno rural gallego encontró precisamente el escenario que buscaba para comenzar una nueva etapa.

Desde el primer momento sintió una conexión especial con el lugar. “Fue llegar aquí y sentir un pálpito, de decir: aquí me quedo, esta es mi casa”, recuerda. Más allá de construir un proyecto de vida propio, Lucía también quiere que su experiencia sirva para reivindicar las posibilidades que todavía existen en los pequeños núcleos rurales y contribuir, desde su posición, a frenar el progresivo abandono de estas localidades.

Entre sus objetivos está solicitar una ayuda destinada a la incorporación al sector ganadero, con la intención de comenzar un proyecto de cría de vacas en los terrenos de los que dispone.